El Aniversario del Primer Sufragio de la Ciudadana Mexicana
Hoy viernes 3 de julio se cumplen sesenta años de que las ciudadanas mexicanas concurrieron a votar por primera vez en la historia moderna. Sin duda es una fecha que debemos conmemorar por las ramificaciones y consecuencias que ha tenido hasta el presente.
Las elecciones que se sostuvieron en 1955 fueron para elegir diputados federales de la XLIII Legislatura y representan el comienzo de un rol distinto para la mujer mexicana que dejó de ser un objeto útil para la familia así como el Estado y se convirtió en ciudadana.
Podemos pensar en 1955 como un parte aguas en la historia de las mexicanas y sus descendientes pero, si consideramos esta fecha como el comienzo de algo nuevo para las mujeres ¿qué había antes? Y en ese pasado anterior al 50 ¿cómo vivían y pensaban las mujeres y qué consecuencias tiene para nuestro presente?
Cuando les hago esa pregunta a mis alumnas inmediatamente asumen que las cosas eran peores para la mujer y no se equivocan.
Los historiadores están de acuerdo en afirmar que la mujer mexicana y su identidad estuvieron íntimamente conectadas con la concepción agustiniana de la mujer. En el esquema de San Agustín de Hipona la mujer podía ser o muy buena —como la Virgen María el dechado de virtudes cristianas— o mala.
La mujer que buscaba como modelo de vida a la Virgen María era buena y sumisa; acataba las órdenes de su marido, permanecía en casa y sólo salía para atender la misa, hacer obras de caridad y participar dentro de las escuelas de sus hijos o sobrinos.
Cuidaba a una pléyade de familiares: marido, niños, a sus padres, suegros y aquellos parientes políticos a los que acaecía una mala racha económica o de salud. Todo esto lo hacía la mujer con la satisfacción de saber que su conducta sería recompensada en esta tierra si a su padre o marido le iban bien en los negocios y sino en esta, sería en la próxima vida ya que eso prometía la Iglesia Católica, religión a la que se suscribía la mayoría de la población en 1950.
En la visión Católica había una mujer que era lo opuesto a la Virgen María; esta era María Magdalena que desde el pontificado de Gregorio Magno (590-604 d. C) fue considerada la prostituta del Nuevo Testamento.
Esta visión de la mujer infame servía de ejemplo para lo que no debían hacer las mujeres. No debían ejercer control sobre su sexualidad, esto lo supervisarían los hombres de su vida. Una mujer asociada con la sexualidad la marcaba como una criatura diferente (aunque hubiera muchas mujeres como ella).
Una mujer que se dejaba cegar por la lujuria era un peligro para la sociedad. No eran reconocidas como damas confiables, sus hijos eran problemáticos ya que no se sabía quién era el padre biológico y además los hombres casados o solteros las buscaban para usarlas, lo que los alejaba de las mujeres decentes que por su bondad eran las compañeras idóneas de estos hombres.
Estos dos tipos de mujer participaban dentro de la dinámica del “complejo de la prostituta o de la virgen.” Pocas opciones de independencia tenía la mujer en ese esquema.
Los historiadores de países anglosajones siempre hacen una comparación entro Inglaterra y sus colonias y los países católicos. En los países católicos la mujer podía retener su apellido, podía heredar, si no quería casarse podía ingresar al convento y a partir del siglo XVIII eso le garantizaba acceso a profesiones como maestra, enfermera o podía permanecer en el claustro. Ningunas de estas ventajas tuvieron las mujeres de los países que siguieron el cristianismo protestante.
Pero lo que se omite en esta explicación es que la mujer en la Nueva España (1521-1821) y en el México independiente seguía sujeta al control paterno o el de su marido. Si entraba al cenobio obedecía las directivas del clero masculino. Si estaba soltera y sola la mujer se la metía a los recogimientos donde eran supervisadas por hombres que asegurarían el pundonor de las mujeres recogidas.
La independencia mexicana que liberaba a los criollos novohispanos del yugo español no le dio libertad a la mujer.
El rol patriótico que se le asignó a la mujer mexicana por parte de los liberales y conservadores fue cuidar a sus familias y educarlos en los “valores” que estuvieran de moda en tal o cual momento. Si la mujer no hacía las cosas de manera correcta era juzgada por sus pares sociales que veían en sus acciones problemas futuros para su sociedad. La mujer era vista como un objeto que servía como escaparate de la riqueza del marido o como el ente virtuoso y asexuado de la casa que aguantaba un piano para que todos fueran felices.
La internacionalista Soledad Loaeza escribe que el voto para la mujer se consiguió precisamente por la idea que se tenía de la mujer como garante de la estabilidad del hogar y como un freno político para la expansión comunista que se temía en todas las casas de clase media mexicana. Serían las mujeres apoyadas por la Iglesia Católica y finalmente el Estado liderado por Ruíz Cortines (1952-58) quienes otorgarían finalmente el voto a la mujer dándoles una voz audible dentro de la nación mexicana. A ellas les agradecemos los esfuerzos por darle a la mujer un rol reconocido dentro del Estado mexicano.
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