Saudade
- Atilio Peralta Merino
Tuve el placer de acompañar en la celebración de su onomástico a Fausto Alzati Araiza, la gentileza de la que me hiciera destinatario al invitarme a dicho festejo me brindó la oportunidad de recorrer nuevamente las calles de la Ciudad de México, produciendo en mi ánimo una sensación ambigua de emociones encontradas que en la lengua lusitana, hoy tan de moda con motivo del campeonato mundial de futbol, suele denominársele “saudade”.
Recordar los lugares y a las personas que han sido significativas en siempre una sensación grata, aun cuando, en ocasiones, tales encuentros nos hagan invocar las palabras que el poeta Ramón López Velarde escribiera en relación a la contundencia con la que una relidad desdibuja nuestros recuerdos y nuestras ilusiones de otros tiempos: “ es mejor no volver nunca”.
Resultó demoledor constatar que el monumento a Álvaro Obregón ha sido removido del parque en el que en otros tiempos habría tenido su ubicación el Restaurante “La Bombilla”, escenario del atentado que culminaría con la vida del presidente electo, del “manco de Celaya”, el guerrero victorioso de innumerables campañas militares.
Pasar por las calles de Génova y Hamburgo en la “zona rosa”, convocó asimismo los fantasmas de la “saudade”, al recordar al ya desaparecido escritor de origen argentino Luis Guillermo Piazza con quién solía sostener charlas vespertinas acompañadas del café humeante de la pastelería “Konditori”.
Guardo de aquellos tiempos la dedicatoria del autor en un formidable ensayo llamado “El país más viejo del mundo” que versa sobre la literatura, la historia y la vida de los Estados Unidos, fruto de las reflexiones hechas por Piazza durante su estancia en Washington, cuando se desempeñaba como asesor jurídica de la Organización de Estados Americanos.
La “saudade” es, sin embargo, es una sensación que se encuentra muy lejos de ser desgarradora o dolorosa, muy por el contario, es, sobre todas las cosas, profundamente gozosa como lo fue el celebrar en su onomástico a un amigo tan digno de aprecio y estimación.
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Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.
