Salud por México…. Crónica de un desastre anunciado
Bebed porque sois felices, pero nunca porque seáis desgraciados.
Chesterton
El estado de Guerrero y puntualmente nuestro querido Acapulco, han sufrido hace muy pocos días, uno de los peores desastres causados por la naturaleza. De nombre Manuel, una respingona tormenta con aspiraciones de huracán, arrasó todo lo que encontró al paso en sus costas. Y si bien no toda la culpa recayó en la madre naturaleza, sí que permitió que autoridades pasadas y presentes y sin distingo de partido, la señalaran como la culpable total, cubriendo con una gran nube de humo no sólo su propia ineficiencia, sino su falta de probidad, visión y planeación, al otorgar en los tiempos pasado, presente y futuro, permisos de vivienda que nunca deberían haberse concedido.
Algunos kilómetros al norte, encontraremos el Valle de Guadalupe, en Baja California. Esta zona es conocida por producir los mejores vinos mexicanos, donde su clima idóneo, dentro de la franja vitivinícola que alberga a los caldos del Mediterráneo, favorece la creación de añadas con personalidad y matices únicos.
Y si bien, el uso de suelo de todo el Valle de Guadalupe, es agrícola desde hace muchos años e ideal para la vitivinicultura; los miembros del “Honorable” Cabildo de Ensenada y el presidente municipal que los encabeza, a poco más de un mes de abandonar el cargo, están realizando el cambio de uso de suelo por uno que presumen como de ”última generación” y que permitirá tornar en cemento el 48% de la región vinícola. ¿La razón? Un complejo con campo de golf, spa, hotel y centro comercial, en el cual, parece están implicados funcionarios municipales.
Al respecto, Don Adrián García, vinicultor de la bodega “Retorno”, opinó lo siguiente: “es una buena forma de empezar a destruir la industria del vino mexicano". Y no es el único pesimista/realista, más de 60 productores de la zona se han organizado en torno a “Por un Valle de Verdad”, donde se denuncia la situación a través de las redes sociales.
Las consecuencias serán devastadoras si se construye dicho complejo, dado que la producción de 1,2 millones de cajas de vino al año que elaboran en el Valle de Guadalupe, disminuirán, afectando de forma dramática la industria vinícola del país. Recordemos que México cuenta con 3,600 hectáreas cultivadas de uva para vino, 110 productores registrados y alrededor de 400 distintas etiquetas en el mercado. El 90% se concentra en Baja California, mientras el 10% restante se diluye en los estados de Coahuila, Querétaro, Zacatecas, Guanajuato y Aguascalientes.
En México, el 30% de los vinos consumidos son mexicanos y de la producción total de los mismos, se exporta sólo el 10%. Además, México ha duplicado su consumo en la última década a 55 millones de litros por año. Lo cual se traduce 0.65 litros per cápita, consumo que si bien sigue siendo pequeño junto a otros países (Francia e Italia 45 litros per cápita, España 23, Argentina 25 y Brasil 2), se estima que en el 2020 el consumo llegue a 180 millones de litros anuales (3 litros per cápita); de los cuales, la mitad se espera sean vinos mexicanos. Con ello, la industria vitivinícola mexicana crecería en su participación del mercado de un 30 a un 50%.
Todo lo anterior nos remite otra vez al desastre que se anuncia en el Valle de Guadalupe. Ya hay un desabasto de agua, el cual se agravará con complejos de cemento. La cobertura de agua potable en los tres poblados del valle apenas es del 66% y a eso se deberá sumar el agua usada para el campo de golf (consumen cantidades ingentes de tan vital líquido).
En Ensenada, su aún “honorable” alcalde se lava las manos y declara que el Cabildo aprobó la modificación del uso de suelo en febrero de 2012 y que el solo respeta y acata la decisión del mismo. Se le “olvida” que él también es parte del Cabildo. La prensa acusa que el cambio de suelo es por intereses particulares de miembros del ayuntamiento y el director del proyecto lo defiende aduciendo que: “es sustentable, utiliza con eficiencia el agua, además de dotar de infraestructura requerida al Valle de Guadalupe”. El señor confunde “infraestructura requerida” (drenaje, alcantarillado, luz, etc.) con “desarrollos de lujo”. Y seguro también confunde “apoyo del ayuntamiento” con “ser socio del subsecretario del gobierno del mismo”.
Finalmente, los vecinos que habitan el Valle de Guadalupe son los únicos quienes pueden detener este ecocidio (¿vinocidio?), ya que para consumar el cambio de suelo debe ratificarse antes en una consulta pública. A la fecha, se han realizado algunas, a las cuales los empresarios involucrados las dan por malas, previéndose se realice una última, donde se espera voten quienes en realidad y a la par pueden hacerlo y quieren defender las vides y vinos de su tierra.
Ojalá lo sucedido en Acapulco sirva como aviso y ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se otorgan permisos que olvidan cuidar el ecosistema, y que paralelamente privilegian la economía de pocos sobre muchos. Hoy, sobre el México vitivinícola, se cierne un oscuro horizonte, eclipsado por el abuso y enriquecimiento de ventajosos abusadores. Hugo d’Acosta, reputado enólogo resume lo que sabemos todos: “Es irresponsable, el Valle de Guadalupe se convierte en un botín para los oportunistas”.
Y así, mientras la velada avanza a un nada dulce desenlace, brindaremos con un buen vino mexicano por evitar la “crónica de una muerte anunciada” de nuestros viñedos…. donde el sonar de las copas nos permita cuando despertemos, saber que todavía, nuestros vinos, cual el dinosaurio, aún están ahí.
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