Fábrica de ninis: educación y sociedad en el mundo al revés.
“Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo...
…Es el tiempo del miedo…
…Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que
fue y a lo que puede ser, miedo de morir y miedo de vivir.”
Eduardo Galeano. “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”. P. 82.
La semana pasada se publicaron los resultados de un estudio realizado por la OCDE. Lo que muestran de nuestro país no causa sorpresa y sin embargo debería ser alarmante porque deja ver la terrible realidad producida por el fracaso de la relación sociedad-educación, fruto de varias décadas de distorsión.
Según los datos de esta investigación realizada entre los 34 países pertenecientes a la Organización para la cooperación y el desarrollo económico, México ocupa el tercer lugar en porcentaje de jóvenes que ni estudian, ni trabajan, conocidos popularmente como ninis, solamente por debajo de Turquía e Israel.
Según reportó el diario El Economista: “El informe “Panorama de la educación 2013”…revela que 24.7% de los jóvenes de 15 a 29 años en 2011 se ubicó como “ninis”, fenómeno que prácticamente ha mantenido ese nivel en una década, lo que para el organismo indica que “existe una falla estructural”.
En efecto, esta situación que mantiene a uno de cada cuatro jóvenes en situación de desocupación y en alta vulnerabilidad frente a factores de riesgo como las drogas, la delincuencia común y el crimen organizado, no es un asunto coyuntural debido a una crisis económica o social pasajera sino una “falla estructural”, una muestra de la inadecuada y distorsionada organización social y educativa que prevalece sin modificaciones de fondo desde hace muchos años.
Si como afirmo en mi libro Educación humanista, a partir del paradigma de complejidad: “toda educación produce la sociedad que la produce”, en México la sociedad está produciendo una educación ineficaz y no pertinente para solucionar las necesidades de trabajo de las futuras generaciones y la educación está a su vez produciendo una sociedad excluyente y también profundamente ineficaz para construir los espacios que incorporen a los jóvenes a una actividad dignamente remunerada y propicia para el desarrollo personal.
Se establece así un terrible círculo vicioso en el que la educación de mala calidad no proporciona a los educandos las herramientas necesarias para encontrar un empleo y la sociedad no está creando los espacios de trabajo suficientes en cantidad y calidad para establecer los incentivos necesarios para que valga la pena el esfuerzo que se invierte en ir a la escuela y la universidad.
Al interior del sistema educativo, los docentes se quejan a menudo de la falta de interés y motivación de los niños y jóvenes en su proceso de aprendizaje: los estudiantes hoy en día no manifiestan un genuino deseo de aprender y superarse. ¿Podemos culparlos de este desinterés? ¿Acaso no es explicable la indiferencia frente al trabajo escolar en esta sociedad en la que se ha roto la relación entre desempeño escolar y futuro laboral? ¿Cómo decirle a un estudiante hoy la frase clásica: “Si te esfuerzas en la escuela y aprendes mucho, vas a tener un buen empleo y un mejor futuro personal y familiar” sabiendo que esto ya no es cierto en el México actual?
En el ámbito de la sociedad podemos observar como contraparte que muchas personas excelentemente capacitadas, con trayectorias escolares impecables, altos promedios e incluso con posgrados en el país o en el extranjero tienen enormes dificultades para encontrar un empleo precario mientras muchas otras personas que nunca se esforzaron en la escuela y fueron siempre estudiantes mediocres se colocan en posiciones de privilegio con altísimos sueldos y acceso al manejo de recursos públicos –muchas veces ilegal y corrupto- gracias a influencias, “palancas” y complicidades. ¿Qué mensaje envía esta realidad para los niños y jóvenes a los que día a día obligamos a ir a la escuela?
La sociedad actual premia además con altísimos ingresos actividades que no requieren un alto grado de escolaridad como las deportivas, las del espectáculo e incluso las de carácter ilegal o delictivo que tienen un atractivo rendimiento en costo-beneficio considerando el altísimo porcentaje de impunidad existente.
El hecho es que la pirámide demográfica hace que exista un muy alto número de personas en edad de trabajar y que el sistema económico y la gestión política han sido históricamente incapaces de generar los empleos necesarios para cubrir la demanda social. Nuestro sistema educativo ha sido también históricamente ineficiente para formar con la calidad y la pertinencia académica y humana que se requieren para ocupar eficazmente y generar creativamente los puestos de trabajo que fomenten un auténtico y equitativo progreso. Aquí se encuentra la clave de este lamentable tercer lugar mundial en número de ninis.
Vivimos en el mundo al revés, en el mundo en el que la sociedad produce una educación ineficiente, no significativa e inequitativa, en el mundo en el que la educación produce una sociedad improductiva, injusta y excluyente. Por eso estamos en el mundo del miedo: del miedo a perder el trabajo y del miedo a no encontrar nunca trabajo.
Opinion para Interiores:
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