• Sociedad

Poblanos son llevados por su fe hasta la Villa de Guadalupe

  • Mayra Guarneros
La mayor cantidad de peregrinos se encuentra en el Parque Nacional Izta-Popo a las faldas del Popocatépetl
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Año con año miles de peregrinos de todo el país salen de sus lugares de origen rumbo a La Villa, o el cerro del Tepeyac, templo donde se adora a una de las vírgenes con más feligreses en México: La Virgen de Guadalupe.

En Puebla la peregrinación avanza por distintos caminos de la entidad y la mayor cantidad de peregrinos se encuentra en el Parque Nacional Izta-Popo a las faldas del Popocatépetl. Ahí aprovechan para tomar un descanso y comer, muchas familias regalan comida como parte de sus mandas y promesas a la Virgen.

Pero ¿por qué peregrinan? Son muchas las razones: Algunos en pago de una promesa o manda, otros para pedir favores y milagros, y los más entusiastas se encaminan únicamente para ir a agradecer a la madre de Jesús por los favores recibidos durante el año que termina.

El camino rumbo a la Ciudad de México es complicado; tienen que soportar las inclemencias del tiempo, porque el frío en Puebla es duro, y en su peregrinar por las carreteras se topan con automovilistas que, en el mejor de los casos, logran esquivarlos. Pero así son las mandas y el cumplimiento de las promesas, porque si fuera sencillo cualquiera lo haría.

Su andar termina el 12 de diciembre, donde miles, quizá millones de creyentes se reúnen en el templo de La Villa, donde según cuentan la Virgen hizo su aparición.

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