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Las supervisiones de Escuelas Normales en Puebla

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En México la formación permanente de maestros y maestras es una de las prioridades de los gobiernos de todos los niveles: federal, estatal y municipal. De ahí que, en los últimos 30 años, se hayan elaborado una serie de reformas que pretenden mejorar las condiciones de los docentes para que estén a la altura de las exigencias internacionales, y den un servicio de calidad de acuerdo a la gran diversidad cultural y lingüística que existe en nuestro país.

La Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB) y la Reforma Curricular a las Escuelas Normales (2012), vigentes aún y como era de esperarse, contemplan dentro de sus estrategias más importantes la formación continua de los profesores y profesoras y reconocen el papel que juega en el mejoramiento de las prácticas docentes. Es decir, en cada una de las reformas que ha realizado México, y en las recomendaciones de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (2010), se argumenta la trayectoria profesional docente “como la reforma en política pública más importante de México”.

Más aún, en el reciente diagnóstico que realiza la OCDE para Puebla (2013) se resalta como una de las 4 áreas fundamentales que necesitan ser atendidas y, sobre todo transformadas, la mejora de la calidad de los maestros y directores de escuela, lo que implica atender el asunto de la calidad en las Escuelas Normales.

En lo que se refiere a las supervisiones -el mismo documento- establece los siguientes problemas que es interesante conocer: “superar la falta de visión que tienen quienes son líderes en todos los niveles del sistema educativo, incluidos los supervisores, y que requieren de una transformación radical en sus desempeños” Estas aseveraciones se refieren básicamente a los supervisores de educación básica cuyas “estrategias de apoyo a las escuelas tienden a ser fragmentadas, de una calidad muy variada y débilmente coordinadas e integradas, con algunas excepciones.”

Los supervisores tienen una sobrecarga de labores administrativas, en algunos casos relacionadas con sus funciones en el SNTE. También muchos de ellos han estado en servicio más de 40 o 50 años y tal vez prefieran concentrarse en labores administrativas puesto que no tienen los conocimientos, experiencias o capacidades para apoyar las mejoras de las escuelas.

En el caso de las supervisiones de Escuelas Normales hay algunos problemas similares, aunque se haya iniciado, muy recientemente, un camino hacia la mejora del desempeño para fortalecer los procesos de aprendizaje que suceden en las instituciones formadoras de docentes de la entidad.

En el estado de Puebla existen 31 Normales de las cuales once son públicas y veinte son privadas. Están divididas en cuatro zonas escolares. Actualmente hay cuatro supervisores y siete apoyos técnico- pedagógicos. A lo largo de tres años, tal vez antes, algunos miembros de este equipo comenzaron a plantearse algunas preguntas respecto a la manera en que estaban desempeñando sus funciones: ¿Por qué el trabajo que se realiza no produce los resultados que se esperan?¿Cómo hacer para dar sugerencias académicas pertinentes para transformar las prácticas de los docentes y que los estudiantes tengan una educación de calidad? ¿Los aprendizajes que logran los estudiantes los hacen egresar con un perfil de acuerdo a las exigencias sociales y del contexto? ¿Mi perfil profesional y las actividades que realizo desde la supervisión son las más adecuadas e integrales para dar respuesta a lo que necesitan las Escuelas Normales de mi zona?

Estos y otros cuestionamientos se compartieron en algunas de las reuniones y significó un gran avance porque antes cada supervisor de manera aislada se formulaba preguntas y se las respondía él mismo de manera complaciente. La inquietud y las reflexiones individuales fueron tomando fuerza al interior del grupo y en febrero de 2013 quedó establecido el Colegiado de Supervisiones de Formación Docente  del estado de Puebla. La decisión fue tomada al interior del grupo. Fue la necesidad –unos más y otros menos- de llevar a la práctica un trabajo conjunto que enriqueciera y abriera posibilidades de mejorar los desempeños para apoyar a las escuelas. No era posible seguir con un trabajo aislado, sin consenso y sin reflexión conjunta entre pares. Se pudo percibir la dificultad, de seguir con esas prácticas, de alcanzar una supervisión capaz de dar apoyos eficaces que promovieran el cambio de las condiciones para la gestión y el desarrollo académico en las instituciones formadoras de docentes.

Para quienes están en el Colegiado ha sido una época de contradicciones, pero también de consensos. Las contradicciones derivan del doloroso proceso de abandonar prácticas y costumbres con las que han trabajado durante la mayor parte de su experiencia en el magisterio. Los consensos surgen de la idea de que para transformar hay que comenzar desde adentro, desde abajo.

Por otra parte, se puede afirmar que la figura de los supervisores escolares relacionada, fundamentalmente, con las labores administrativas y de vigilancia, es una acepción obsoleta. Asimismo, varias investigaciones presentan los límites del marco legal que rigen las funciones de los supervisores en México y algo que salta a la vista, en las diversas publicaciones disponibles en la actualidad, es la necesidad de transformar las funciones y el desempeño de las supervisiones y encaminarla hacia el apoyo sustantivo y de acompañamiento a las escuelas.

Los supervisores tienen un papel esencial en el logro de la calidad de los aprendizajes, y de la enseñanza, que se generan en las escuelas de cualquier nivel educativo. Los supervisores encarnan toda la experiencia vital del proceso educativo, conocen el aula, las relaciones entre agentes educativos y, con esa riqueza, pueden convertir cada escuela en una comunidad de aprendizaje. Las funciones principales de los supervisores y supervisoras son el seguimiento, el acompañamiento y la regulación de los procesos administrativos, académicos y de gestión de esas instituciones.

Sin duda alguna, mucho de lo que he planteado hasta aquí todavía queda en el discurso porque es muy compleja la realidad en la que funcionan las Normales del estado de Puebla.

En este escenario,  hay un proceso poco difundido e inédito que comenzó hace casi dos años y fue el trabajo de investigación –desde el Colegiado de Supervisores- organizado a partir de indicadores de cuatro programas estratégicos: habilitación y profesionalización docente, desarrollo educativo, sistema de gestión competente  e investigación educativa, que dieron como resultado la existencia de una información  confiable que sirve de base para la regulación y priorización de las problemáticas que existen en las Escuelas Normales de la entidad.

El trabajo de investigación y sistematización surgido en el seno del Colegiado atrajo también miradas de incredulidad y censura por la falta de resultados inmediatos que cambiaran los indicadores escolares y ofrecieran cuentas alegres. Como si romper -en una pequeñísima parte- las inercias personales y laborales dentro del magisterio no fueran un enorme trabajo y como si los procesos educativos no fueran de largo aliento.

Ahora las supervisiones tienen la capacidad de conocer y documentar la vida académica y administrativa en las que se relacionan los docentes y los estudiantes, a través de los programas educativos. Pueden identificar posibilidades de mejora a partir de la distribución y carga horaria; actividades de gestión que incluyen procesos de acreditación; y las tareas de investigación y difusión –incipientes- que se dan en la vida cotidiana de las instituciones formadoras de docentes para acompañar y dar un seguimiento dentro de lo que llama Fernando Reimers “un diálogo informado”.

Hará falta mantener una férrea voluntad y un trabajo constante para que esos  visos de cambio no naufraguen en el inmenso mar de la grandilocuente burocracia, que habita apabullante en el sistema educativo mexicano.                    


OCDE (2010). Mejorar las escuelas. Estrategias para la acción en México. México, p. 68.

OCDE y Secretaría de Educación Pública de Puebla (2013). Mejorar la educación en México. Una perspectiva estatal desde Puebla, SEP, Puebla, México. p. 97.

Opinion para Interiores: