México: alivio quincenal y fatiga estructural

  • Javier Cobos Fernández
Banxico compra tiempo; el T-MEC ya no promete libre comercio puro

México al cierre de la primera quincena de abril de 2026, pertenece a una segunda categoría: no está en crisis, pero tampoco está creciendo con la fuerza que necesita. El dato no admite demasiada poesía. El PIB creció apenas 0.8% en 2025. El cuarto trimestre ayudó a mejorar la fotografía, con un avance de 0.9% trimestral y 1.8% anual; pero la película completa sigue siendo pobre.

Una economía del tamaño de México no puede vivir cómodamente con tasas cercanas a 1% sin que tarde o temprano aparezcan las facturas: menos recaudación, menos inversión, menos productividad y menos margen fiscal (INEGI, 2026a).

El arranque de 2026 tampoco resuelve el problema. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica estimó para marzo un crecimiento anual de apenas 0.5% del IGAE y una variación mensual de 0.0%. Peor aún: las actividades secundarias —la parte más vinculada con industria, manufactura y producción material— muestran una caída anual estimada de 0.5%, mientras los servicios apenas sostienen la actividad con un crecimiento anual de 1.1% (INEGI, 2026b). Dicho en corto: México no se desploma, pero tampoco acelera.

El verdadero dato incómodo sigue estando en la inversión. En enero de 2026, la formación bruta de capital fijo cayó 2.2% anual con cifras desestacionalizadas. Dentro de ella, maquinaria y equipo retrocedió 8.0% anual. En cifras originales, maquinaria y equipo cayó 9.8%. Ese no es un detalle técnico: es el corazón del crecimiento futuro.

Una economía puede sostenerse un tiempo con consumo, servicios y gasto corriente; lo que no puede hacer es elevar la productividad sin inversión productiva (INEGI, 2026c).

Por eso el debate no debe concentrarse únicamente en si México está o no está en recesión. La pregunta más importante es otra: ¿está invirtiendo lo suficiente para crecer mañana? Y la respuesta, por ahora, es incómoda.

En este contexto, Banxico decidió recortar la tasa de referencia en 25 puntos base, de 7.00% a 6.75%, el 26 de marzo de 2026. El movimiento fue relevante no solo por el número, sino por el mensaje. La Junta de Gobierno reconoció que la actividad económica muestra debilidad y que la restricción monetaria acumulada ya pesa sobre el ciclo. Pero el recorte llegó en un momento delicado: la inflación seguía por arriba del objetivo y el entorno externo venía cargado de presiones geopolíticas, energéticas y comerciales (Banco de México, 2026).

La pregunta era inevitable: ¿Banxico estaba ayudando a la economía o estaba abriendo espacio para nuevas presiones inflacionarias?

El dato de la primera quincena de abril permite una lectura más equilibrada. La inflación general anual se ubicó en 4.53%, ligeramente por debajo del dato de marzo, y el avance quincenal fue de 0.11%. La inflación subyacente fue 4.27%, con avance quincenal de 0.18%. La no subyacente se ubicó en 5.41%, pero cayó 0.13% quincenal, ayudada por ajustes en tarifas eléctricas en 18 ciudades durante la temporada cálida (INEGI, 2026d).

Esto no significa que la inflación esté derrotada. No lo está. Sigue por encima del objetivo de Banxico. La canasta de consumo mínimo subió 4.73% anual; alimentos y bebidas no alcohólicas crecieron 6.68% anual; y frutas y verduras subieron 4.29% solo en la quincena. Pero sí significa que el dato de abril estabilizó, al menos temporalmente, la preocupación inmediata de que el recorte de tasa se tradujera en una aceleración inflacionaria automática (INEGI, 2026d).

La palabra correcta no es victoria, es respiro.

Y ese respiro importa porque la política monetaria enfrenta una tensión clásica, pero incómoda: si mantiene tasas demasiado altas, asfixia más una economía que ya crece poco; si las baja demasiado rápido, puede alimentar inflación o presionar expectativas. Banxico eligió comprar tiempo. El problema es que el tiempo, por sí solo, no genera inversión.

A esto se suma el frente comercial. La revisión del T-MEC ya no ocurre bajo la fantasía de un libre comercio limpio, automático y sin fricciones. Marcelo Ebrard reconoció que es poco probable que desaparezcan los aranceles sobre automóviles, acero y aluminio, y que la estrategia mexicana será reducirlos “lo más posible”, no eliminarlos por completo. También señaló que el nuevo sistema combinará aranceles y reglas de origen, y que el mundo comercial anterior, basado en libre comercio pleno, difícilmente regresará (El Financiero, 2026)

La Jornada reportó además que la conversación central será definir qué producirá cada país dentro de Norteamérica para sustituir importaciones de terceras naciones, aunque persisten divergencias por los aranceles derivados de la sección 232 y por la filosofía comercial del gobierno estadounidense (La Jornada, 2026). (La Jornada)

Ese punto es decisivo. Para México, el T-MEC no es una nota diplomática: es la arquitectura de su modelo exportador. Si la nueva negociación incorpora aranceles permanentes, reglas de origen más estrictas y una lógica de sustitución regional administrada, entonces el país no solo enfrentará incertidumbre comercial; enfrentará una redefinición del modelo de integración productiva norteamericana.

La OCDE ya incorpora ese riesgo en sus proyecciones: prevé crecimiento de apenas 1.2% para México en 2026 y advierte que las exportaciones se verán afectadas por mayores aranceles e incertidumbre, mientras la inversión se recuperará lentamente por la persistencia de dudas domésticas e internacionales (OCDE, 2026).

El FMI es algo menos pesimista, con una estimación de 1.6%, y el Banco Mundial proyecta 1.3%. Ninguno de los tres ve una economía mexicana despegando. Todos ven una economía avanzando con freno de mano (OCDE, 2026; FMI, 2026; Banco Mundial, 2026).

El problema mexicano, entonces, no es de colapso. Es de insuficiencia.

Crecemos poco. Invertimos poco. La inflación se estabiliza, pero sigue alta. Banxico recorta, pero con cuidado. El T-MEC sigue vivo, pero ya no promete el mismo mundo. Y los aranceles, según el propio secretario de Economía, llegaron para quedarse en alguna forma.

México no está roto. Pero está entrando a una etapa en la que cada punto decimal importa. Cada décima de crecimiento, cada punto de inflación, cada punto base de tasa, cada regla de origen y cada arancel empiezan a pesar más porque el margen se volvió más estrecho.

La economía mexicana todavía tiene estabilidad. Pero la estabilidad ya no basta. Ahora necesita potencia, y la potencia no se decreta. Se invierte.

Referencias
Banco de México. (2026). Anuncio de política monetaria, 26 de marzo de 2026.
Banco Mundial. (2026). Mexico Macro Poverty Outlook, April 2026.
El Financiero. (2026). Ebrard confirma que aranceles de Trump a México se quedan: “No hay tiempo para nostalgia”.
Fondo Monetario Internacional. (2026). World Economic Outlook, April 2026.
INEGI. (2026a). Producto Interno Bruto Trimestral. Boletín 93/26.
INEGI. (2026b). Indicador Oportuno de la Actividad Económica. Boletín 223/26.
INEGI. (2026c). Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo. Boletín 207/26.
INEGI. (2026d). Índice Nacional de Precios al Consumidor. Primera quincena de abril de 2026. Boletín 229/26.
La Jornada. (2026). Será una negociación difícil del T-MEC pero ya tenemos equipo negociador completo: Ebrard.
OCDE. (2026). Mexico Economic Snapshot.

 

 

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Javier Cobos Fernández

Economista por la UDLAP, M.A.P. por la Universidad de Columbia de Nueva York, con estudios de Maestría en Derecho en el ITAM, Máster en Private Equity, y doctorante en Derecho por el Centro de Estudios Carbonell. Exdirector Asociado en S&P, y exconsultor en IADB.