El emperador embozado
- Víctor Reynoso
Es conocida la historia del emperador persa Cosroes I, que se disfrazaba de mendigo para escuchar a sus súbditos y conocer la situación real de su imperio. La razón: desconfiaba de sus asesores y cortesanos. Sabía que podían engañarlo y manipularlo.
Más que una historia, es una metáfora que todo gobernante (o responsable de una institución) debe tener en cuenta. Es un riesgo que enfrentan continuamente: ser secuestrados por su propio equipo. Aunque sea solamente en algún tema específico, este “secuestro” puede dañar seriamente los intereses del gobernante. Y de quienes gobierna.
Esta habilidad es uno de los rasgos de lo que podríamos llamar inteligencia política. Un político inteligente tiene presente este riesgo, y es capaz de evitarlo. Se sabe rodear de gente confiable, por un lado, pero se mantiene informado por diversos medios que trascienden a sus colaboradores.
Generalmente esta cuestión está ligada al ego: un gobernante con un ego inflado y sin control (“tu ego no es tu amigo”) va a ser más fácil de engañar.
No es fácil para un observador externo darse cuenta de qué tan cerca está de ser secuestrado un determinado político. Sólo tenemos indicios externos.
Podemos pensar como ejemplo un caso doloroso y reciente, el de dos políticos hoy encarcelados, Mario Marín y quien fue su mano derecha, Javier López Zavala. Aunque Marín tenía un equipo relativamente amplio, parece ser que su trato con López Zavala era mucho más cercano que con cualquier otro colaborador. No parece haber sido una buena dupla. No parece que el colaborador le haya ayudado al gobernador a ver la realidad que gobernaba de manera más clara y más lúcida.
Hay otros casos en los que es difícil pensar que el gobernador estaba manipulado o de plano secuestrado por su equipo. Manuel Bartlett por ejemplo. Llegó a Puebla después de haber sido Secretario de Gobernación federal por seis años: si alguien sabía de la importancia de contar con diversas fuentes de información fidedigna, era él.
Con perfil y trayectoria muy distinta, Melquiades Morales tampoco parece haber estado cerca de ser secuestrado por su equipo. Su sencillez, su estrategia de tener siempre “una bolsa de hielo” en la cabeza, la amplitud de sus vínculos, seguramente le dio una diversidad de información que le permitió tener los pies en tierra.
No se estudia para político práctico. La Ciencia Política algo puede ayudar, pero no garantiza cualidades como la del emperador persa, la capacidad de ver y oír más allá de su entorno cercano, la capacidad de no ser engañado y manipulado por ese entorno. Puede haber algo de inteligencia innata en estas capacidades. Pero también se puede aprender, como todo lo que tiene que ver con la inteligencia política, con la capacidad de generar bienes
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Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.
