Manifiesto Científico del Anáhuac
- Lorenzo Diaz Cruz
Los mexicanos habitamos un territorio que ha sido la casa de diversas culturas desde hace varios milenios. Por donde quiera que caminamos hay vestigios, ruinas de esas antiguas civilizaciones, y en algunos pueblos actuales sobreviven costumbres que los acercan más a ese pasado que a la tradición colonialista.
A la fecha en nuestra dieta abundan esos alimentos que lograron domesticar los antiguos mexicanos, incluso para beneficio del mundo entero. No me quiero ni imaginar lo que sería la pizza sin jitomate.
En aproximadamente unos 300 años de Colonia, más otros 200 de vida independiente, se trató de crear un país justo, de leyes, pero los defectos se han sobrepuesto a las virtudes. Con todo lo ganado, con avances y retrocesos, aún no hemos logrado establecer una sociedad más justa y próspera, que nos distinga en el mundo, y en ese déficit interfieren negativamente elementos de ambas tradiciones. Tal vez sería necesario replantear nuestro modelo de sociedad.
Aunque admiramos las obras monumentales creadas por esa cultura prehispánica que aportó grandes logros al mundo, a pesar de todo eso, todavía en la mente del mexicano se asocian más elementos civilizatorios a la cultura europea que a la autóctona.
En realidad conocemos muy poco de nuestra historia. No sabemos los detalles de cómo se desarrolló la cultura olmeca, ni cómo pasaron sus elementos a la cultura tolteca, o por qué decayó Teotihuacán. La narrativa la domina lo que se conoce más del periodo azteca, reforzando un centralismo que olvida muchos otros pueblos que habitaban en el altiplano y regiones vecinas.
De igual manera desconocemos en buena medida cómo se consideraba el conocimiento de la naturaleza en ese mundo del pasado remoto. Lo que sabemos viene de los registros de los frailes en la Colonia, pero visto desde una óptica europea. Es posible que ese acercamiento contenga elementos cercanos a la realidad, pero el hecho mismo de que tantos nombres de poblaciones hayan sido cambiados o pasado por un filtro fonético, nos debería motivar para mirar y buscar con otros ojos lo que hubo antes.
De esas culturas prehispánicas tenemos registro de las observaciones del cielo, del paso del tiempo, construcciones majestuosas, acueductos, medicina y herbolaria, entre otros, pero nos resistimos a considerar ese cúmulo de conocimientos como logros científicos, mayormente por no encajar en nuestros esquemas culturales, sin considerar su poder para organizar las sociedades de ese tiempo. Es claro que dicho conocimiento se fundó con otra cosmogonía, y tal vez ni siquiera se acerque al rigor del método científico occidental, pero ciertamente les resolvía la problemática de su tiempo y lugar.
Ahora bien, existen elementos de esas culturas que podrían agregarse de una manera seria y respetuosa para seguir una filosofía del conocimiento y la persona, acorde con nuestros pueblos actuales. Por ejemplo, bien podríamos agregar elementos prehispánicos en la orientación vocacional de los jóvenes.
Esto incluye reconocer y agradecer a la naturaleza por los dones y habilidades que nos distinguen, ese fuego que nos permite aprender para llegar a ser buenos guerreros en la vida y el conocimiento, y eso es justamente lo que antiguamente llamaban el “tonali”. ¿Es esto serio? Bueno, si vemos que mucha gente opta por practicar yoga u otras disciplinas orientales, bien podemos acercarnos a un conocimiento que es todavía más nuestro.
Cuando se miran los logros de esas culturas, no puede uno evitar plantear una especulación: ¿Qué hubiera pasado con ese conocimiento si en lugar de una invasión-guerra civil, hubiera habido un intercambio pacífico entre Europa y las culturas prehispánicas?
Cabe aclarar que estas líneas no buscan culpar a nadie de nuestro destino, somos lo que somos por lo que hemos hecho o dejado de hacer, pero podemos elegir nuestro futuro de una manera más consciente. Lo que no se puede permitir es que domine un solo modelo cultural, que obligue a tantos pueblos originarios que subsisten, a abrazar una ideología que no los toma en cuenta.
Vendrá un tiempo en que tal vez sea posible redefinir este país con un enfoque multicultural, multiracial, en el que cada pueblo pueda elegir su destino para defender sus valores, adaptar y adoptar lo que sea necesario de otras culturas del mundo para conocer y florecer. Por ejemplo, gracias a su intercambio con Occidente, Japón es una potencia científica y tecnológica, pero ese intercambio no significó que se borrara su cultura ni su idioma.
Como parte de esa aspiración por alcanzar un renacimiento y fusión de culturas, se debe incluir la creación de conocimiento y tecnología, algo que si bien no es parte de la herencia prehispánica, vale decir que tampoco es parte de la tradición hispanista colonial. Y de hecho la Física, Química y Matemáticas no es algo que haya nacido en España o Portugal, aunque ese conocimiento científico que se busca sería más cercano al que la misma España cultiva ahora.
Y también como parte de ese proceso de revalidación del pasado, con miras al futuro, sería interesante encontrar elementos de la cultura antigua, que bien podrían haber evolucionado para incorporarse a una cultura científica rigurosa y propia. Me viene a la mente el concepto de “Teotl”, que comúnmente es traducido como dios, pero que en realidad se refiere a la cualidad esencial de los fenómenos de la naturaleza, como la energía. También se tenía un dominio de algo parecido a la hidráulica, que les permitió diseñar los acueductos de sus ciudades, aunque no sabemos qué principios usaban o si todo lo hacían de forma empírica.
Es posible que a partir de esos conceptos desarrollados en el Anáhuac, se hubiera llegado a una forma de conocimiento más cercana a los principios y leyes de la Física. De hecho, se tienen ejemplos que vienen de los albores de alguna rama de la ciencia, cuando algunos conceptos que no eran correctos estrictamente, pero funcionaban para ciertos propósitos. Aquí pudiéramos incluir el concepto de “calórico” que se usaba en el estudio de la transferencia de calor, algo que permitió la creación de las máquinas de vapor, que luego evolucionó para ser parte de la Termodinámica.
Por supuesto no se trata de renegar del pasado colonial, para nada. Más bien se trata de mirar con una perspectiva más amplia el proceso histórico, y considerar esos 300 años del México virreinal como parte de un proceso que abarca miles de años. E incluso en este sentido España es un ejemplo a seguir, pues habiendo sido dominada por los árabes por casi ocho siglos, con toda la influencia que dejó en la cultura española, ellos decidieron que querían ser algo diferente, sin mencionar los esfuerzos actuales de catalanes y vascos por tener una identidad propia, llegando algunos incluso a pugnar por una independencia total.
Enriquecer nuestra cultura con una mirada más profunda al pasado, a lo que fue, nos permitirá elegir mejor quién o qué es lo que queremos ser, con una identidad que admita la diferencia y la fusión de culturas. Y para terminar, insisto: los indios también tenemos derecho a estudiar y contribuir a la Física Cuántica.
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Doctor en Física (Universidad de Michigan). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009); ganador de la Medalla de la DPyC-SMF en 2023 por su trayectoria en Física de Altas Energías. Miembro del SNI, Nivel lll. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016).
