Retos y ambiciones de los priistas, abandonar cultura de la sumisión
Sin la figura gubernamental poblana, como eje de articulación y árbitro de la pugnas entre grupos, los priistas poblanos, que han hecho fortuna y ostentado el poder al amparo de su partido, nuevamente se enfrentan en una feroz lucha por lograr espacios políticos de elección popular en la próxima contienda electoral. La verdad es que la voracidad de los vividores de la política, no tiene límites.
Los de siempre han alzado la mano. Los de siempre quieren su cuota de poder,- como si se la merecieran o fuera una obligación-. Los de siempre amenazan con abandonar las filas priistas en caso de no ser tomados en cuenta. Los de siempre increpan a sus dirigentes con violentar o pedir la invalidación de los procesos de elección y los de siempre, ahora presidentes municipales, emanados del PRI, piden democracia y pluralidad en la elección de sus dirigentes. ¿Quién los mandaría…?
La nueva dirigencia del PRI estatal, presuntamente ahora bajo la batuta de la novel e improvisada Ana Isabel Allende Cano y en la municipal, del inexperto José Chedraui, heredarán un partido maltrecho y debilitado al máximo en sus estructuras, como consecuencia de las reyertas entre las corrientes que privilegian más el interés personal. Encontrarán un partidazo que no se ha democratizado ni renovado por el trabajo gris e infumable de Pablo Fernández del Campo.
Las ambiciones políticas de los dinosaurios Jesús Morales Flores, José Luis Márquez, Blanca Alcalá Ruiz, Javier López Zavala, Enrique Doger Guerrero, no tiene límites. Todos ellos ya alzaron la mano para la gubernatura de un año ocho meses y la de seis años. Son y serán los culpables para que el priismo poblano salga limpio y cohesionado en el próximo proceso electoral. Y si a eso agregamos la mano negra, que sin duda se desplazará de manera soterrada desde Casa Puebla, el problema se complicará.
No vemos en los nuevos dirigentes priistas, -si es que se consuman las versiones periodísticas de que Allende Cano y José Chedraui sean los ungidos-, tener los tamaños para enfrentar y resolver los grandes problemas. Los retos más importantes son: El primero es interno y se trata de la capacidad que deben demostrar para restablecer la gobernabilidad interna y el proceso de cicatrización que deberán emprender entre la militancia.
El otro reto es externo y consiste en tener la capacidad para convencer a la ciudadanía de que el PRI se ha regenerado o renovado, lo cual vemos difícil, debido a su pasado y presente, lleno de corrupción, indolencia y sumisión al inquilino de Casa Puebla. Además no vemos caras nuevas para contender en el próximo proceso electoral. Son los mismos rostros, curtidos por los años, y con el signo de pesos grabado en la frente. Hay muchos priistas de todos los niveles, que se sienten abandonados y traicionados y que solo esperan la oportunidad para cobrar facturas. De allí que el proceso de cicatrización se torna harto difícil. SALUCITA DE LA BUENA.
