Los miserables, no saben de amores
- Román Sánchez Zamora
Ahora si me preguntas que si vale la pena esos actuares legales e ilegales, te diré que sí; sin embargo, no siempre es lo correcto.
Cuando se te va lo que en verdad amas, pasan muchos días en donde no le encuentras sentido a la vida, y observas que, si es un castigo y te preguntas dentro de la limitación de la religión el por qué ellos, sí ellos, nada tenían que ver y es allí donde ya no hay otras alternativas de explicación, como si el plan sólo fuera para ti y como si ellos no hubieran vivido o fueran ajenos a la realidad.
No puede uno pasar la vida echando culpas a la gente, ni a seres que son el resultado de las divergencias de las propias religiones.
Cuando volví a salir de casa, el camino ya me lo sabía. Varias familias dependían de mi trabajo y no se puede dejar eso así, o fundar solo otra familia; uno debe pensar en la edad de uno e imaginar el qué pasaría con los niños de acuerdo a sus etapas de ellos y la de uno mismo.
El camino de las letras, de los dineros, de la vida misma, siempre limitará aspiraciones, acciones, vivencias y uno quisiera escapar y hasta se lo dicen a uno, que uno debe disfrutar, pero es su idea de disfrutar, yo amo mi trabajo y lo disfruto, hasta el ver cómo van creciendo los hijos de los amigos, mis ayudantes, eso me hace feliz.
No imagino a un Miguel Ángel viendo su obra y no siendo feliz o a Vivaldi escuchar su propia creación y no sentirse pleno, así mismo Cyrano de Bergerac, salido de la imaginación, pero sin la pasión de Edmond Rostand, así disfruto de mi vida.
Emanciparse a la costumbre misma.
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