Crónica de un matricidio anunciado

  • Antonio Madrid
Un joven asesinó a su madre a hachazos. Curiosamente nadie fuera de Pahuatlán se sorprendió

El pueblo de Xilepa está conmocionado. Mudo. Desencajado. Devastado. Y es que el pasado 16 de junio, hace unos apenas unos días, ocurrió un hecho que no había sucedido en el municipio al menos en los últimos cien años. Si no es que nunca había ocurrido. Nadie recuerda, ni los más viejos un caso similar. Lo que sucedió es que Pablo, de apenas 23 años, obnubilado por el consumo de drogas, asesinó, destazó a su madre con un hacha y luego la escondió bajo la cama. Se trata de un matricidio. La gente de esta junta auxiliar perteneciente a Pahuatlán, ubicado en la Sierra Norte de Puebla, de unos 185 habitantes, algunos de ellos indígenas, no sabe de estos tecnicismos (matricidio) para ellos es simplemente el peor crimen que se ha cometido bajo el cielo de su aldea. Un hijo ha matado -¡y con qué saña!- a su propia madre.

Y hay más. Luego del monstruoso asesinato, un tío, hermano de la víctima, se entera y acude para encontrarse que el asesino lo encara. También lo mata. Y hiere a una vecina más, quien se reporta grave. Dicen que el matricida se paseaba con el hacha ensangrentada causando pavor a todos. Luego, en un momento de lucidez, el joven asesino se da cuenta de su barbarie e intenta suicidarse.

Ya se sabía...

Pero el hecho no fue espontáneo. Muchos recuerdan a la mamá, que no es ninguna viejecita como se pudiera pensar (tendría unos 45 años, de nombre Cristina) yendo a la policía municipal de Pahuatlán, donde gobierna el edil independiente Eduardo Romero para solicitar ayuda. Incluso se lo contaba a sus conocidos. “Anda diciendo mi hijo que me va a matar. Tengo miedo”. Nadie le hizo caso. O si iba la policía, pero al ver que solamente se trataba de una amenaza, se regresaban con las manos vacías. Quizá lo que le faltó a la mujer fue interponer una denuncia formal. No lo hizo por no saber cómo hacerlo. Y nadie se tomó la molestia ni el DIF, ni el Ayuntamiento ni ninguna autoridad, incluyendo al alcalde, cuyo ayuntamiento tiene el slogan de “Transformando con Dignidad y Esmero”, ni se dignó ni se esmeró para apoyarla. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Como si no hubiera tenido remedio, como si esa familia hubiera estado destinada a acabar así, siendo protagonistas del más monstruoso asesinato de que se tiene memoria en el pequeño poblado. Y recuerda de todo Pahuatlán y muchos pueblos a la redonda.

¿Y se podía haber prevenido? Creemos que sí. O al menos es lo deseable, ¿Quién quiere que en su municipio haya matricidios o cualquier otro asesinato?

Eso es una apreciación personal, pero sí se sabía que el muchacho de apenas 24 años, era un drogadicto consumado, sumamente agresivo, que había amenazado a la mamá muchas veces, lo menos que podía hacer el Estado, es decir, el gobierno, era haber tratado de proteger a la potencial víctima. Pero ya sabemos. Vivimos en México, un país en donde confiamos en que no va a pasar nada y las autoridades simplemente esbozaron precisamente un “no pasa nada”. Y pasó.

El drama dicen que duró algunas horas. El sujeto era temido por la gente. Entonces cuando se supo del hecho, todos corrieron a esconderse. Pero cuando la carnicería aumentó, fue la misma gente la que se encargó de detenerlo para después -ya se sabe- entregarlo a las autoridades, quienes se colgaron la consabida medallita. La policía para variar llegó tarde. Eso sí, llegaron por montones para cercar el sitio de los hechos, no fuera ser que se les escaparan los cadáveres. Cuando pudieron haber ido para prevenir el hecho, nunca lo hicieron o lo hicieron tímidamente. Incluso, un periodista narró desde “el lugar de los hechos” que la policía y el ayuntamiento estaban ahí puntualmente acudiendo para atender este lamentable hecho. Sonó como a una mentada de madre para los lugareños, quienes reprocharon por qué no se atendió antes este matricidio anunciado.

Y el colmo. Se ha llegado a decir que la responsabilidad fue enteramente de la madre, por no haber educado bien a su hijo. Esta connotación tiene sus asegunes desde luego. Es cierto que la madre fue permisiva con su muchacho. Se dice que no fueron pocas veces las que lo fue a sacar de la cárcel cuando lo detenían por pleitos callejeros. Pero también es cierto que el entorno familiar y social dejan mucho que desear. El muchacho se había ido con su padre a los Estados Unidos, como muchos pobladores de Pahuatlán. Allá, no solamente pierden sus raíces, sino que deforman los pocos o muchos principios morales o cívicos que les hayan podido haber inculcado en casa. Regresó con un severo problema de drogadicción. El padre ya no regresó.

Pero... como suele decirse en estos lares cuando pasan cosas así: “Ya pasó, ya ni modo...” y vuelven a la pasividad que dejan el intenso calor de estas tierras y la pobreza que latiguea a muchos habitantes.

Pero alguien tiene que hacer algo. Campañas de prevención contra las drogas, mano dura contra quien delinque, orientación para las víctimas, pláticas para promover la unión familiar y condenar la violencia física o verbal. De no hacerse esto, otros casos podrían repetirse, lo cual sería deplorable.

¿Cómo es Xilepa?

Xilepa es un pueblo de 185 habitantes. Sonará muy curioso para los habitantes de las grandes ciudades o la capital del Estado, pero sí, es solamente un caserío. La población no ha cambiado gran cosa si atendemos a los datos proporcionados por el portal “Pueblos de América”. Sí en 2005 eran 183 habitantes, en 2010 eran 185. Para 2020 seguía igual la cifra. Nadie parece querer llegar a vivir a Xilepa. Y hoy menos. Hoy que hay tres habitantes menos. Dos muertos, uno en la cárcel y una más que es probable que no regrese viva del hospital.

Ojalá las autoridades estatales volteen a ver a la Sierra. Urge. La vida de un perrito es importante, como todo ser vivo, (lo decimos por el caso de la estudiante que masacró un can y que hizo voltear los ojos del Estado y casi del país hacia esta zona), pero en este caso no ha habido, hasta donde sé, pronunciamiento alguno de parte del Estado. Urge, repito.
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Ardelio Vargas Fosado, “El Jefe” como le llaman muchos ha regresado por sus fueros a la Secretaría de Gobernación como subsecretario de Desarrollo Político. Pero eso no es lo importante, sino que se prevé que suba a la Secretaria como titular, una vez que Julito Huerta deje la dependencia para irse de lleno como coordinador de la Sheinbaum en la entidad y como corcholata estatal.

Pero... ¿dónde quedan las aspiraciones de Ardelio para ser nuevamente presidente municipal de Xicotepec? ¿Crecen o disminuyen? Hay alguien que debe estar muy preocupado por esta decisión. No se trata de decir nombres, pero ni modo de no decir que es Carlos Barragán. Es decir, se ve más cerca a Ardelio del gobierno estatal y de una fracción del morenismo, pero el cargo lo aleja también, a menos que como su jefe Julito, comience a dar giras aprovechando su cargo. Vemos y diremos.
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Vaya desde aquí una felicitación para Leonel Quiroga, Audberto Trinidad Solís, Daniel Islas y todos quienes conforman el Taller Literario de Xicotepec. Cumplen 22 años de trabajo, sin duda todo un récord. Yo no soy muy afecto a las multitudes, me gusta más escribir y revisar en solitario, pero sin duda se obtiene mucha mejoría para quienes nos gusta deslizar el lápiz en historias reales o ficticias o una mezcla de ambas. Felicitaciones pues ¡y que vengan más antologías!
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Viene por cierto un aniversario más de la Fiesta de la Xochipila, ese sitio prehispánico ubicado en pleno centro de Xicotepec y que se niega a morir pese a la mancha urbana. El 24 de junio es la fecha. Por allá nos vemos para ser testigos, si así Dios lo permite de esta fiesta de identidad.

 

 

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Antonio Madrid

Comunicador y periodista. Reportero, corresponsal y columnista (La Pasarela) en diversos medios poblanos. Ha ejercido su labor reporteril en radio, televisión y prensa escrita en medios de Huauchinango y Xicotepec.