El Estado de México, como Puebla en el 2010 y 2019
- Ociel Mora
¿En qué se parecen las elecciones de gobernador de hace doce y cuatro años en Puebla con la del Estado de México en curso a partir de la semana pasada? Se encuentran similitudes y diferencias. Pero me temo que son mayoría las primeras.
Podemos adelantar desde ya, que al igual que aquí, más temprano que tarde la euforia (en caso de haberla y animarla) se traducirá en frustración y desencanto con el cambio de partido y gobierno. Esto lo digo en el hipotético caso de que el Presidente se imponga con su candidata.
Todos sabemos que en el caso de la profesora Delfina Gómez no es una decisión de quienes militan o simpatizan con Morena ni de la cúpula de ese partido, ni es el mejor cuadro en términos políticos y técnicos, ni quien tiene el mejor diagnóstico y las mejores políticas de mejora.
Sencillamente se trata de la voluntad del presidente López Obrador. Y ante el presidencialismo lopezobradorista no queda más remedio que cabrestear en la dirección que se les mande.
Importa poco que la profesora y ahora candidata haya sido declarada “delincuente” por los órganos jurisdiccionales, por robarle dinero a los empleados del municipio de Texcoco, cuando en mala hora lo gobernó, como dice la académica Denise Dresser en su comentario del lunes en Reforma.
El Edomex, como ocurrió aquí con Moreno Valle en el 2010 y con Miguel Barbosa en el 2019, entidad que se encuentra entre las cinco con mayor pobreza y pobreza extrema, de ganar Morena y Gómez, entonces habrá perdido hasta la esperanza de un mundo menos indolente, por la vía pacífica de las elecciones.
Lo digo porque al final del día queda claro que los gobernantes surgidos del partido Morena no sólo son de una incompetencia escandalosa en sus encargos, sino conservadores en sus acciones de gobierno, y muy intolerantes con la oposición política, las minorías, la prensa crítica y los defensores de los derechos humanos.
Para no referir su desprecio por la legalidad constitucional y los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, sobre los que en más de una vez se ha hecho gala pública, y hasta se ha desarrollado un lenguaje altanero e impune.
Para asumir el cargo, los gobernantes protestan (juran) respetar y hacer respetar la Constitución y sus leyes derivadas. Un principio de legalidad suprema que últimamente ha sido sometido a un proceso de precarización por los mismos gobernantes.
Como se observa todos los días, y en todos los rincones donde priva la mano y el mando de Morena, no se avanza socialmente; se retrocede. En su ver y entender: el futuro no se encuentra adelante; se halla atrás. Son prueba manifiesta el magro desempeño tanto en la capital como en la entidad poblana para reseñar casos próximos y conocidos.
El gobierno y el Estado tradicionalmente fueron el principal agente de cambio mediante la puesta en marcha de políticas de modernización y progreso. Con Morena, el Estado mexicano y sus gobiernos se han traducido en agentes del retroceso.
Esta definición no es mía, es del lúcido antropólogo Roger Bartra, en uno de sus libros más recientes: Volver a la jaula.
La transición democrática que, en un periodo de un par de décadas, permitió la alternancia en la máxima magistratura nacional de hasta tres opciones ideológicas opuestas (derecha, izquierda y centro), incluyendo a Morena, es sometida a una campaña feroz de deslegitimación.
El propósito soterrado, pero revelado por los especialistas de la ciencia y la filosofía política, es retornar a un modelo de gobierno de partido único, como privó durante la mayor parte del siglo XX, con los resultados conocidos y padecidos por seis generaciones de mexicanos.
La política social, elevada a la categoría de derechos, con un modelo y una infraestructura (CONEVAL) y un marco legal (Ley General de Desarrollo Social), hoy ejemplo para el mundo (de acuerdo con los estudiosos), es objeto de desmantelamiento.
Uno de los proyectos emblemáticos de combate a la pobreza, Progresa-Oportunidades- Próspera (POP), y referencia en los organismos internacionales, consensado y diseñado entre la comunidad científica y política (de manera declarada la presencia de Julio Boltvinik), fue extinguido a principio del sexenio y sustituido por un programa que discrimina a los más pobres.
El resultado es que ahora el número de pobres es mayor que en 2018, y menor el número de personas atendidas con programas y apoyo directos, respecto del pasado inmediato con Peña Nieto de presidente.
Apenas protestó el cargo de presidente, López Obrador obró para destituir de la presidencia de CONEVAL a Gonzalo Hernández Licona, uno de los especialistas más experimentados en el diseño e implementación de políticas contra la pobreza que hay en el país.
Como en Puebla, en el 2010 y luego en el 2018 y 2019, lo que en el Edomex está en juego es la alternancia de partido; esto es, el desplazamiento del PRI, que lleva gobernando desde su fundación hace más de noventa años, por el eventual arribo del partido Morena.
No podemos dejar de reconocer que si por algo se ha caracterizado aquella entidad es por la presencia de un núcleo muy poderoso del Revolucionario Institucional. Ese núcleo conocido como Grupo Atlacomulco, no solo es corresponsable de buena parte de las miserias nacionales, por su influencia política y económica, sino muy particularmente del rezago en el que sobrevive el Estado de México.
Alejandra del Moral, la candidata de la coalición opositora integrada por los partidos PRI, PAN y PRD, no proviene de esa genealogía. Sin embargo, puesta frente a Delfina Gómez, resulta muy bien dotada en cuestiones de gobierno.
Fue presidenta municipal de uno de los municipios más importantes conurbados de la Ciudad de México; diputada federal y local; responsable de las carteras estatales de Educación, Economía, Desarrollo Social, y prácticamente ha recorrido todos los puestos dirigentes en el PRI. Tiene menos de cuarenta años y grados académicos de instituciones privadas de prestigio en temas de gobernanza.
Ciertamente haber recorrido todo el escalafón de la administración pública y del partido, y contar con las mejores calificaciones escolares, no es suficiente para garantizar un buen gobierno. Pero sin lugar a dudas son habilidades imprescindibles para hacerlo.
En sus primeros pronunciamientos ya como aspirante ha recurrido de manera reiterada a la valentía como concepto de batalla. Reivindica el papel de las mujeres y de los jóvenes, promete hacer el primer gobierno de coalición y transformar la política en acciones de servicio. Me pareces una mujer fresca, empática, que inspira confianza y seguridad.
Sin embargo, la referencia a la valentía puede implicar un mensaje cifrado sobre uno de los males más dolorosos en aquella entidad. Del que nadie habla, porque el temor lo ha hecho un problema tabú.
Delfina Gómez abrió su campaña con un galimatías calca de López Obrador:
“Han sido 100 años de una oscura noche, pero pronto el pueblo mexiquense hará que amanezca. Este año, recibirán una inolvidable lección de dignidad quienes están unidos por seguirse repartiendo privilegios y robar. Porque si algo tenemos los mexiquenses es dignidad y nadie la va a comprar. Y que los mexiquenses “han resistido 100 años que sólo han pensado en sus privilegios, usando el poder para su beneficio y gobernando con profundo desprecio por la gente” (El Economista)
La entidad reproduce las miserias sociales y económicas del país, divididas en norte y sur, y en regiones, y grupos sociales. El bienestar material y económico, con el índice mayor de desarrollo humano, se encuentra concentrado o en los polos que rodean a la ciudad de México o en la capital de la entidad.
Fuera de ellos, todo es un páramo de pobreza y violencia. De acuerdo con informes enviados a los organismos internacionales, esa violencia ha penetrado las estructuras de gobierno, sin que hasta ahora se tomen medidas en esa dirección.
En el Edomex, de acuerdo con los reportes de CONEVAL e INEGI, con información previa a la crisis por el COVID 19, uno de cada dos habitantes se encuentra en pobreza; y uno de cada diez, en pobreza extrema. Aún destinando todos sus ingresos no cubre la canasta básica para comer y llenarse tres veces al día, y no meterse a la cama con dolor de panza.
Pero no sólo se trata del cambio por el cambio; de que llegue un nuevo partido al poder y nuevas burocracias, y el alimento de nuevas clientelas. El problema de fondo es quién de los aspirantes, con sus respectivos partidos, tiene la capacidad técnica y la voluntad política de generar cambios que redunden en mejoras materiales de vida y un rango mayor de libertades.
Me parece que aquí radica la quinta esencia de un verdadero cambio político, y de la política como paradigma generador de bienes públicos y de su redistribución bajo parámetros de justicia social.
La elección del Estado de México está reducida a dos opciones: la alianza del partido oficial, encabezada por Morena y sus partidos sanguijuela; y la alianza encabezada por Va por el Estado de México integrada por el PRI, PAN, PRD y MC.
Morena encabeza al Partido del Trabajo y al partido Verde, ambos con fama sobrada de pillos.
La pluralidad política sofocada por los intereses de las burocracias partidistas, pero también porque desde el púlpito presidencial se le persigue. Porque se le ve como ente que conspira para el restablecimiento del modelo de gobierno de partido único.
Al final del día, en Puebla como en el Edomex aparecerán las fauces del desencanto y la frustración.
Opinion para Interiores:
Anteriores
Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.
