Otro enfoque de la masculinidad mexicana

  • Alfonso Gómez Rossi
El filósofo Samuel Ramos aplicó técnicas del psicoanálisis para entender al mexicano y el machismo

En la última columna analizábamos lo que pensaba Octavio Paz sobre la masculinidad mexicana, y el rol del macho en el imaginario de nuestro país. El pensamiento de Paz se inclinaba a concluir que el macho mexicano basa su identidad en el miedo a ser descubierto por otros hombres como un homosexual.

Su teoría, bastante controvertida entonces y ahora, no es la única que trata de explicar las características de la masculinidad mexicana.

En 1934, Samuel Ramos aplicó las técnicas del psicoanálisis para entender al mexicano, y explicar las características de lo que él denominó “el pelado”: un hombre que esconde sus defectos a partir de una actitud de superioridad fingida (Ramos, 1951, pág. 57). 1

Para los que no sepan, el pelado de la década del treinta era en su connotación, similar a lo que conocemos como “naco” en la actualidad.

En una sociedad consciente de las diferencias económicas y sociales como lo era México, el pelado era un fenómeno urbano asociado con aquellas clases sociales que carecían de dinero, educación o modales y que regían sobre sus hogares de manera incoherente y desordenada (Machillot, 2017, pág. 148).

Para Ramos el pelado era problemático, ya que ese tipo de mexicano no hacía que nuestro país progresase y se desarrollara: al contrario desde la visión de Ramos “el pelado” estaba destruyendo al país (Machillot, 2017, págs. 163-4).

En la lógica de Ramos el avance se asociaba con los movimientos económicos, educativos y técnicos de Norte América o Europa Occidental. “El pelado” era lo más alejado culturalmente de estas regiones.

Ramos era parte de la burguesía mexicana que entendía que la masculinidad incorrecta era aprendida en casa: los defectos del carácter nacional eran los defectos de la familia mexicana.  

Las conductas del hombre mexicano sólo podrían ser modificadas, y para Ramos mejoradas a partir de la educación de las nuevas generaciones.

Un problema que llamó la atención de Ramos sobre la estirpe de nuestros abuelos y bisabuelos, fue el complejo de inferioridad que parecía embargar a todos los hombres, sin importar la clase social a la que se perteneciese. Ramos pensaba que el varón mexicano participa en una práctica de auto-denigración, porque en el fondo no le gusta ser quien es.

Al rechazarse a sí mismo, el mexicano busca los modelos extranjeros de conducta que lo ayudarían, en teoría, a dejar atrás la cultura de nuestro país.

Esta mimesis de los modelos extranjeros no funciona, ya que por debajo de este acto de imitación, se encuentra en el subconsciente la creencia permanente de que se es inferior  (Ramos, 1951, pág. 21).

Para Ramos la cultura de auto-denigración del mexicano comenzó en algún momento del siglo XVIII o principios del siglo XIX. Esta reacción negativa a ser mexicano no es exclusiva de nuestro país: Ramos cita a Carlos Pereyra que exponía que esta condición de repudio había sido construida por los habitantes de otras naciones latinoamericanas (Ramos, 1951, pág. 21).

La masculinidad mexicana para Ramos, no estaba determinada entonces, por el temor que induce a ser descubierto como un homosexual, como sí lo era en el caso de Octavio Paz, sino que la hombría mexicana se caracterizaba por un rechazo profundo a haber nacido en el seno de una familia mexicana que no sabía cómo proveer la información correcta para no odiarse a sí mismo.

Había dos maneras en las que los mexicanos reaccionaban ante su complejo de inferioridad: un grupo copiaba los modelos del exterior, ello sin reflexionar sí esto era bueno o malo. El segundo grupo rechazaba todo lo que venía del exterior, y sólo ensalzaban el ser mexicano, acusando a los que no pensaban como ellos de ser poco nacionalistas.

La lectura de Paz y Ramos nos obliga a plantear sí consideramos que ¿el hombre mexicano aún tiene problemas en el manejo privado de su masculinidad? Sí la respuesta es afirmativa, tendríamos que cuestionar si se puede cambiar este tipo de masculinidad y qué tipo de virilidad  se debe promocionar.

Le propongo que en la siguiente columna hagamos un análisis de masculinidad poblana y veamos sí coincide completamente con las ideas de Paz y Ramos.

 

*

 

1 El pelado se entiende como aquel individuo que está rapado. Guido Gómez de Silva define al pelado como “Pobre, desprovisto, de pelar, dejar sin dinero, de pelar, dejar sin pelo… Mal educado, grosero, vulgar, persona de las capas sociales inferiores.” El término pelado se comenzó a emplear a partir de la década del 1880 en la prensa nacional. No he encontrado cuál es el origen de esta palabra, aunque propongo tres posibilidades de su origen: en un periódico de 1874 menciona que había un baile “que el vulgo” bautizó como “el pelado” (Editorial, 1874, pág. 1). En 1847-48 se castigó a las prostitutas que hubieran dormido con soldados estadounidenses rapándolas, y dejándolas “peladas” (La prostitución, 2021). Finalmente escuché de mi abuelo que había campañas para rapar a los habitantes de las vecindades para evitar que se propagaran ciertas enfermedades de la piel, o animales como chinches y piojos, y este sería el origen de hablar de los rapados como la categoría social de pelados.

 

Trabajos citados

Editorial. (25 de Julio de 1874). La Voz de México, pág. 1.

Gómez de Silva, G. (2017). Pelado. Obtenido de Academia Mexicana de la Lengua: https://www.academia.org.mx/obras/obras-de-consulta-en-linea/diccionario-breve-de-mexicanismos-de-guido-gomez-de-silva

La prostitución: recuento de un viejo oficio. (2021). Obtenido de WikiMéxico: http://www.wikimexico.com/articulo/la-prostitucion-recuento-de-un-viejo-oficio

Machillot, D. (2017). Machos y machistas: Historia de los estereotipos mexicanos. Ciudad de México: Ariel México.

Ramos, S. (1951). El perfil del hombre y la cultura en México. Madrid: Espasa Calpe.

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Alfonso Gómez Rossi

Licenciado en Historia por la Universidad de Arizona, Doctor en Creación y Teorías de la Cultura en la UDLAP. Subdirector del Instituto Universitario Boulanger.