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Razones maduras para invocar a la locura

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  1. Apellidarse “Maduro” y ser la antítesis del mismo.
  2. Proponer una red social paralela a “Twitter” sólo para venezolanos
  3. Lograr una inflación del 54% en menos de siete meses.
  4. Adelantar la Navidad por decreto presidencial, ahora empezará el 8 de noviembre.
  5. Crear el Honorable Vice-Ministerio de la “Suprema Felicidad”, cuya misión es la coordinación de todas las acciones de contenido social que se ejecutan a través de las "misiones" inspiradas en su antecesor, santo, guía y protector.
  6. Un discurso místico, donde los pajaritos se paran en su hombro y le instruyen, pues en su interior habita Chávez.
  7. Proclamar –con mirada abyecta- su dormir encima de la tumba del prócer Chávez y así comunicarse con él.
  8. Mandar a grabar las facciones de Camarada Chávez, en las paredes de los subterráneos de Caracas, para anunciarlos como portentosos milagrosos inexplicables, donde Chávez se hace presente día con día.
  9. Fijar precios para todo producto o servicio bajo decreto presidencial, y congraciarse con el pueblo al permitir el saqueo de tiendas de electrodomésticos de “voltaje” distinto al gobierno.
  10. Presumir la defensa de la soberanía venezolana, con la “inhabilitación” (eufemismo para achicharramiento) de aviones privados que se aventuran por sus cielos, sin preocuparse y ocuparse de mostrar a la prensa y a los involucrados, las pruebas que justifiquen los derribos.

Pobre Hugo Chávez, se volvería a morir, si viera la incapacidad para gobernar de su cuestionado sucesor. No, no es que Chávez fuese el mejor presidente al que Venezuela pudo haber aspirado, basta citar la crisis económica en la que la sumió; pero, no era cliente del ridículo continuo. Sus comentarios eran jocosos, burlones, y muchas veces sagaces, como el famoso y memorable: “Aquí huele a azufre”, cuando participó en la Asamblea General de la ONU, refiriéndose a su íntimo enemigo Bush, quien acababa de estar en la misma.

En cambio, Maduro no abandona el ridículo, y lo que es peor, tanto la comunidad internacional como los venezolanos hoy se preguntan si no habrá perdido la conexión de los cables, si es que alguna vez la tuvo.

Pero Maduro no sólo peca por la boca. En el plano internacional, entre muchas omisiones, ha incumplido la exigencia que le realizó UNASUR de llevar a cabo una auditoría del proceso electoral con el cual llegó al poder; alejando también sin más a Venezuela del Pacto de San José de Costa Rica, al abandonar públicamente la defensa de los derechos humanos.

En el plano económico, la inflación de la proclamada República Bolivariana se lleva el récord de la región, superando Maduro a su homóloga del alma y del tango; las reservas del Banco Central son ya insuficientes y acarrean graves problemas; mientras que el tipo de cambio oficial es inoperante y caprichoso, generando un tercer mercado cambiario; y donde tanto artículos de primera necesidad como las inversiones escasean.

Con ello, los especialistas tienen argumentos de sobra para diagnosticarle a Maduro algún tipo de paranoia o de locura, trastornos a los que nadie es ajeno, sin embargo, el problema radica en la investidura que comparte con su actuar. Maduro lleva a cabo una pésima gestión, da tumbos continuos en sus decisiones y crea escenarios de mística chocarrera en la que el difunto Chávez transmutado en pajarito parece que ya no le aconseja.

Todo un espectáculo que espanta inversiones y provoca las burlas dentro y fuera de Venezuela, para vergüenza de sus compatriotas y sorpresa de los extranjeros. Sin embargo, algunos analistas políticos consideran que Maduro no está demente, sino que con toda cordura utiliza esos subterfugios de locura para crear cortinas de humo que intentan ocultar lo inocultable, una economía catastrófica y un estado donde la democracia sólo existe en el diccionario, y donde muchos ante interminables actos inmaduros y paranoicos añoran a Chávez.

Mientras tanto, a cualquiera que quiera ser líder de alguna nación, antes de iniciar funciones, deberíamos saber si esta cuerdo, de otra manera, presidentes como Maduro, Bush y Fox, seguirán pululando como nuestros gobernantes.

Aunque tal vez, si son ciertos los rumores que corren sobre el “mal juzgado” e “inocente” Caro Quintero, como uno de los pasajeros del reciente avión derribado, todavía los mexicanos le podríamos deber a Maduro un loco e “inhabilitado” favor.

Opinion para Interiores: