Entre los signos de estos tiempos

  • David Bravo Cid de León
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Estamos en un permanente cambio que nos precipita en la vorágine de los signos de estos tiempos, entre estos hay uno que está aportando señales de una configuración nueva del mundo. Este signo es la comunicación instantánea que nos ofrece acontecimientos, noticias e información en el preciso momento en que suceden. Cualquier persona diría que los sorprendentes avances de tecnología en los medios de comunicación masiva son cosa positiva, pero no es del todo cierto.

El defecto insalvable que conllevan es la unilateralidad, es decir, la ausencia de la verdadera comunicación que exige dos partes: quien emite la noticia y quien o quienes la reciben.   El receptor se ve impedido para hacer de la comunicación el dialogo que debería sustentar la acción de comunicar. La parte que dice que comunica  no toma en cuenta a la parte que la recibe;   cae en el monologo en que se encierra. Podrá haber información, transmisión, en vivo o diferida, pero no comunicación porque esta se justifica cuando las dos partes que intervienen no son solo pasivas sino que son también activas. De otra manera la {llamada} comunicación es imposición del comentario, del enfoque, de la interpretación, de la intencionalidad oculta que trata de influir en la formación de la mentalidad de la parte receptora.

Ningún radio escucha, ningún televidente, ningún lector de la prensa escrita tienen la oportunidad de establecer el dialogo que es el sustento de la comunicación, es decir, el Dialogo entre partes, además no es posible hacerlo; cuando más se llega a solicitar una aclaración al comunicador cuando este miente, deforma la información o calumnia soezmente desde su posición unilateral.    Este fenómeno genera la diferencia abismal entre lo que es la manipulación de los medios de comunicación y lo que es la verdadera  Opinión pública.

La Opinión pública es la que se forma con el discernimiento individual de las personas ante los acontecimientos, decires de los comunicadores y redactores y editores de los medios de comunicación, la reflexión es la que  se encarga de formar la opinión pública.     Aquí se presenta otro problema, el problema del aislamiento del receptor de la información de o de la comunicación [¿?]recibida. Pero la paradoja surge cuando las personas, por la necesidad de la interrelación que la convivencia demanda, sus criterios y pareceres se convierten en pluralidad compartida con quienes se platica, se comentan y se convive.

La persona receptora discierne entre lo que es la Opinión publicada que está cargada con el sentir, el decir y la subjetividad de los llamados informadores y su personal reflexión, misma, que aporta  los criterios de juicio con los que juzga lo que ve, oye, lee en los medios de comunicación y que forma la verdadera Opinión Publica, o sea entre la manipulación de los medios y la apetencia de verdad objetiva sobre las cosas. La sentencia * LA VERDAD OS HARA LIBRES * tiene vigencia INSUPERABLE PROPIA DE LA RAZON HUMANA que busca lo cierto y veraz y repudia lo mentiroso y falaz. 

Esta apetencia de Verdad nace espontáneamente, es decir, es connatural a la persona, como fruto de la recta razón, y persiste aun cuando la razón cae en la ignorancia o en la voluntaria decisión de vivir en el error.  La persona receptora descubre la intencionalidad de los publicistas, directores y editores de los programas informativos, descubre las consignas de los empresarios de los medios mass, el enfoque, la apreciación, la interpretación subjetiva o la tendencia que cabalga montando la comunicación.  Lo que debería ser crónica a secas queda ausente.   El monologo  siempre intenta imponer la Opinión Publicada como Opinión Publica. El periodismo electrónico supera este problema, no bloquea el dialogo entre partes.

Y en este orden de cosas y de ideas surge ooootro problema: La complicación entre lo que es publicidad y lo que es veracidad informativa.  Cuando los medios de TELEVISIVO electrónica y escritos no tenían tanta carga de mercantilismo era normal aceptar como válidas las expresiones: Lo leí en el periódico, lo escuche en el noticiero del radio, lo vi en  televisión, había cierto porcentaje de credibilidad que contribuía a la formación de la opinión pública.     Pero a la par de los avances de la tecnología en los medios, también ha avanzado la no credibilidad a los enfoques, interpretaciones subjetivas, tendencias sesgadas de la información, métodos subliminales de propaganda que ya no puede ser calificada como noticia o información y menos como comunicación.

La dinámica de pensamiento del que escucha, lee o ve los programas noticiosos se prende cuando- en los ratos de descanso o esparcimiento la memoria, procesa lo visto, lo escuchado, lo leído y naturalmente surge el juicio sobre las verdades a medias, sobre la publicidad disfrazada de información.  El ciudadano se ve obligado a diferenciar lo que es opinión publicada y lo que es Opinión Publica; Descubre que la subjetividad individual no tiene la calidad ni la potestad de ser verdad universal.

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