The Lancet

  • Rafael Alfaro Izarraraz
El golpe fue letal a los opositores a la Sputnik V y al modelo de ciencia anti salud

El monopolio de la autoridad científica mundial funcionó. Los poderes que se mueven detrás de los soldados tipo Lilly Téllez, que criticaron el convenio ruso-mexicano en favor de la vacuna Sputnik V, quedaron sin aliento cuando la revista The Lancet (la lanceta, en español), publicaron los resultados que le dan validez y legitimidad a la vacuna producida por laboratorios rusos. Se quedaron sin reacción, momificados porque lo que ellos demandaban (pruebas) fueron avaladas ni más ni menos por una revista que sin que esto signifique un menosprecio a su valor y al valor científico de lo que publica, forman parte de esa cadena de control de la ciencia en el mundo.

El golpe fue letal a los opositores a la Sputnik V, como corriente afín al modelo de ciencia anti salud y de la ganancia que impera en el mundo. Esa ciencia tiene atada a la sociedad a viejos y antiguos criterios que incrementan las desigualdades en materia de salud, favoreciendo a los verdaderos capitanes del dinero en el mundo y sus beneficiarios en México. No pudieron argumentar contra el peso de la ciencia oficial imperial y de sus modelos de control de la manera de hacer ciencia, de validarla y de difundir sus resultados y darle validez a su manera de operar porque han vivido a su amparo.

No crean ustedes mis estimados lectores que la ciencia es un mundo en donde opera la pureza del sentimiento en pro de lo que se llama humano. La ciencia está muy lejos de ser una actividad idealmente humana tal y como se nos ha presentado. Ese campo es un campo en donde operan los poderes más inimaginables, tan cercanos a nosotros que a veces ni siquiera nos damos cuenta, nada más para darle un dato: los principales laboratorios promotores de las actuales vacunas están vinculados a los “Fondos Buitres”, como opera el actual sistema financiero mundial e internacional en la actualidad en todo el mundo.

Estos sistemas mundiales asociados también a las principales empresas multinacionales que dominan el mundo, también son las que destinan fondos a las principales instituciones educativas a nivel mundial que dominan cómo se debe crear el conocimiento. Por supuesto que se trata de una manera de concebir el conocimiento como un poder. La ciencia no se encuentra alejada de todo ello. Si las multinacionales destinan fondos a las principales universidades por ejemplo de los Estados Unidos, pues ni modo que lo hagan para que el conocimiento que ahí se produce contradiga sus prácticas funestas en el mundo.

A nivel mundial, estas universidades son las que marcan la pauta acerca de cuáles son los campos de conocimiento a los que se les debe dar prioridad. Así como en el pasado la Aritmética, la Geometría, las Matemáticas y el Cosmos, era muy importante porque de ello dependía cómo saber las rutas de conquista y medir la tierra y los bienes de los que se apropiaban. En la actualidad, han impuesto un tipo de saber ya no a través de los que eran considerados sus sacerdotes o sabios como ocurrió en el renacimiento. Ahora se impone a través de las universidades, sus redes de difusión del conocimiento, como las revistas científicas. Cuál es el campo que mejores dividendos deja: la medicina.

Se trata de un entramado de saber/poder que se gestiona sin que la sociedad a veces tome conciencia de lo que ocurre porque prevalece una narrativa en la que se le ha hecho creer a la población que la ciencia no tiene color político sino objetivos humanos que se han transformado en demasiado humanos, excesivamente humanos, que lo humano ha sido tan humano que ha rebasado sus propios límites. Y se trata en el mundo de grandes corporaciones que controlan la difusión de la ciencia, qué tipo de ciencia, qué métodos debe de seguir, qué se debe publicar y qué no, en qué idioma se difunde. Los países y sus universidades modeladas por el ideal de ciencia y progreso, poco o nada figuran.

La clave en el control de las élites de la ciencia son los rankings, de revistas. Dice Fernanda Biegel (En: las relaciones de poder en la ciencia mundial. Un anti-ranking para conocer la ciencia producida en la periferia: en: https://blog.scielo.org/es/2018/09/05/las-relaciones-de-poder-en-la-ciencia-mundial-un-anti-ranking-para-conocer-la-ciencia-producida-en-la-periferia/#.YCBsJ4ZKhdg).

“Este nudo es particularmente caro en los rankings universitarios, porque son construidos con indicadores que priorizan la medición de resultados de investigación pero recopilan información exclusivamente en las bases de datos de corriente principal (WoS – Clarivate y Scopus). Rankings como THE, ARWU-Shangai, Webometrics, THE-QS o Scimago Institutions Rankings, se crearon principalmente para intervenir en los flujos internacionales de estudiantes que eligen sus instituciones de destino sobre la base de estos informes. Pero se convirtieron progresivamente en una fuente directa para reforzar el prestigio de un pequeño grupo de universidades, de las principales revistas y las editoriales oligopólicas…”.

Esta misma autora añade que:

“Hay un relativo consenso, a estas alturas, acerca de que la idea de ranking, en sí misma, sirve más como un instrumento para la mercantilización que como una herramienta para las políticas científicas. Detrás de los rankings universitarios hay una noción de jerarquía descendente que se construye sobre la base de modelos de universidades muy concretas, como HarvardStanford o Cambridge, sin contemplar diversos estilos institucionales, culturas científicas y mucho menos, el impacto social. Infieren niveles de calidad educativa sin incluir indicadores de enseñanza ni observar la función de docencia, sino a través de las capacidades de investigación. Desde América Latina, la Conferencia Regional para la Educación Superior señaló las limitaciones de los rankings universitarios y abogó por criterios regionales para la acreditación universitaria. Afirmó el carácter de la universidad como un bien social y público, señalando los riesgos que conlleva priorizar los criterios “globales” contra los regionales/nacionales/locales”.

Pues revistas como The Lancet, Science, Nature, en inglés, forman parte de las élites científicas que a nivel mundial controlan el conocimiento (Ver Casas Guerrero, Rosalba. (2004). Ciencia, Tecnología y Poder. Élites y campos de lucha por el control de las políticas. Convergencia, núm. 35. En: https://www.redalyc.org/pdf/105/10503504.pdf). de manera particular aquel que se relaciona con la ciencia médica, asociada a las empresas multinacionales más importantes de la era actual. A Aguilar Camín no lo quedó otra salida que el ridículo, la vacuna rusa, dice: solamente sirve a los rusos…

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Rafael Alfaro Izarraraz

Doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx. Coeditor de la revista científica Symbolum, de la FTSSyP.