Evo aquí, la controversia

  • Xavier Gutiérrez
El asilo tiene un fin humanitario. De no haber ocurrido, el personaje hoy estaría preso o muerto

La controversia se llama Evo Morales. Y el personaje ha provocado tal conmoción en Bolivia casi como en México. Muchas caras tiene el asunto, como hoy en día todo lo que tocan con cercanía e intensidad los medios.

El asilo tiene un fin humanitario. De no haber ocurrido, el personaje hoy estaría preso o probablemente muerto. A eso apuntaba la rabia de sus opositores cupulares, la ultraderecha, los militares y el alto clero. Todos, ejecutando la partitura preparada por los Estados Unidos.

La operación se ha repetido tantas veces en América que es un guion muy predecible. Sin ir lejos, en México conocemos en propia carne ese modus operandi. El ejecutante fue Victoriano Huerta, la víctima don Francisco Madero.

La mano extendida a Evo es parte de una tradición muy honrosa de nuestro país.

La versión reciente del exilio ha tenido dos componentes, entre varios. Por un lado, un tanto exagerada. Rebasó la actitud obsequiosa la diligencia con la que le otorgaron el título de “Visitante Distinguido”, por parte de la gobernadora de la Ciudad de México.

 No era para tanto. La generosidad y solidaridad humanas son más que evidentes. Olvidan la sabiduría popular: “el exceso de incienso, tizna al ídolo”. Evo no lo requería.

Su origen y trayectoria lo pintan de cuerpo entero más allá de cortejos. Fue ladrillero, panadero, pastor de llamas y trompetista. Una vida digna y de lucha. Luego, producto de una férrea tenacidad y superando cuestas superlativas, el primer presidente indígena de su país.

Bolivia es una nación con 55% de población indígena.

Este punto y su imagen, me parece, es lo que ha hecho brotar aquí en México los rasgos más brutales de esos dos componentes que nutren lo más oscuro de ciertas clases de nuestro país: el racismo y el clasismo.

Esta es la otra cara del escándalo en torno al exilio.

Ciertas capas de la población mexicana no lo dicen, o acaso en voz baja. Pero sí brota en los memes, caricaturas y notas periodísticas esa característica. Y no sólo en las capas altas de la burguesía, sino lo que es peor, tal despreciable complejo anida y sale de la población mestiza.

Tiene expresiones mayoritariamente anónimas. Todas hirientes, despectivas, agresivas por igual para el presidente López Obrador cuanto para el exiliado sudamericano.

La crítica franca, documentada, abierta hacia el presidente depuesto sería perfectamente bienvenida. Su caso es el de aquellos hombres a quienes el poder obnubila. No leen o no quieren leer, los signos de la natural y reiterada molestia y rechazo que expresan los pueblos cuando un gobernante intenta eternizarse.

Escuché alguna vez una frase que describe a la perfección ese status de confort del poder que deriva en vicio y muchas veces en dictadura: “El poder es como una antorcha, cuando se la sostiene por largo tiempo, termina por quemar…”

Aquí en México hemos tenidos expresiones y ejemplos de esa gula de poder, que son parte de las páginas más nefastas, oscuras y dolorosas de la historia. Porfirio Díaz es el ejemplo clásico.

Más cerca, muy cerca, vimos un intento semejante, toda proporción guardada: el de Moreno Valle y sucesores. Fue una fallida dinastía de huarache.

Y en el análisis crítico hacia los casi 14 años de Evo en el poder, había que incluir cómo llevó a su país a un crecimiento de casi el 5% durante su periodo, el mayor en países de América Latina; la reducción de la pobreza extrema de 36% a 16%, y otros aspectos relevantes y positivos en favor de un pueblo eternamente con bajos índices de pobreza, a veces cercanos a la esclavitud.

Y entre sus errores graves, también, esa suerte de racismo al revés, la exclusión de la población blanca en su gobierno, las pocas oportunidades de ascenso social a las clases medias preparadas en los centros educativos privados; las reducidas oportunidades en su administración a los no indígenas.

Los errores, los sesgos radicales, el uso de las oportunidades como reparto discrecional de privilegios, en el ejercicio del poder, son fantasmas que siempre aparecen.

Los intentos de perpetuación mediante ajustes jurídicos o constitucionales, armados y operados desde el poder, siempre, invariablemente, tiene un costo.

En otro orden de ideas lo vemos en el caso chileno: la Constitución Política nacional armada por Pinochet está, indefectiblemente, en el fondo del hartazgo y la inusitada rebelión popular que vive esa nación andina. No hay nada nuevo bajo el sol.

En la mesa del análisis de Evo y el golpe militar que lo desplaza del poder, también hay que colocar el litio, una materia prima fundamental en la telefonía mundial, en las pilas de autos y naves espaciales y submarinos.

 Este factor, no escapa a la geopolítica y   estrategia de poder de los grandes monopolios y empresas de la guerra de los países más poderosos del mundo, con Estados Unidos a la cabeza, pero no lejos Rusia y China.

Y para el caso, Evo era un obstáculo, o por lo menos un personaje incómodo en esa parte del mundo.

Regresando a la escena doméstica, varios diarios, noticiarios y comentaristas mexicanos exhibieron en estos días una mezquindad francamente abominable, al presentar y comentar como vulgares cuentachiles el gasto que el gobierno mexicano hace en el exiliado.

Que si elementos del antiguo estado mayor, que si una casa de lujo; que el “departamento de lujo” que Evo tenía en Bolivia. La avaricia y ruindad en todas sus modalidades.

Todos sabemos que muchos elementos del estado mayor siguen trabajando en diversas áreas, y qué bien, luego de desarticular el famoso “ejército imperial” (así llamado incluso por algunos generales mexicanos descontentos con tal corporación privilegiada); que la famosa “residencia” del expresidente en su país era incluso muy modesta,  comparada con cualquiera de un dirigente sindical o mediano burgués mexicano, en fin.

En verdad, qué pobreza y tacañería en la forma y el fondo de muchos “analistas” de medios y de café de este país nuestro de cada día.

Pero, el juicio más valioso es el de usted.

xgt49@yahoo.com.mx

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Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.