Conocimiento y libertad para la supervivencia humana

  • Juan Martín López Calva
Una educación sin conocimiento está condenando a las nuevas generaciones a la esclavitud

… El conocimiento es algo que exige una libertad y que no se puede desarrollar a espaldas de la libertad; está destinado…a mejorar las condiciones de la vida humana y esto es lo más importante. Privado de conocimiento, el ser humano no puede vivir: nos matan las enfermedades, las incidencias climáticas, los animales… El ser humano está obligado a desarrollar constantemente sus posibilidades de conocimiento para no morir. El conocimiento es lo único que asegura nuestra supervivencia en un mundo saturado de adversidades.
Jesús G. Maestro. El conocimiento es lo único que asegura nuestra supervivencia. Entrevista de Dalia Alonso. Ethic. 10 de marzo de 2025.

El artículo de hoy aborda un tema pasado de moda, algo que puede sonar totalmente superado e incluso ser profundamente impopular. Como muchos otros temas sobre los que trato de llamar la atención en este espacio desde una visión que apunta a lo que Morin llama la regeneración del humanismo. Lo que se planteará en las siguientes líneas no es nada práctico desde la visión utilitarista del contexto actual y sin embargo por eso mismo, resulta profundamente práctico dado que se trata de un asunto fundamental para nuestra supervivencia como especie, amenazada de muerte hoy más que nunca.

Se trata del tema del conocimiento, al que el autor del epígrafe de hoy caracteriza como “una ofensa en tiempos de barbarie”, puesto que en la Babel de nuestros días, caracterizada por su profundo anti intelectualismo y su falsa rebeldía contra todo lo que suene a ciencia, investigación y teoría por considerarlo inútil desde el punto de vista del sistema economicista del mercado global o colonialista e impuesta por una especie de complot internacional según los sectores que se autodenominan progresistas, cancela hoy cualquier expresión que llame a la revaloración del conocer como algo central en la naturaleza humana.

En el ámbito de las redes sociales y su griteríos polarizantes donde se imponen las narrativas que tienen mayor atractivo aunque sean evidentemente falsas, donde la post verdad ha sustituido a la búsqueda genuina de lo verdadero y en la que las teorías de la conspiración ganan adeptos para los grupos terraplanistas, antivacunas, propagandistas de ideologías cerradas y excluyentes, de racismos y clasismos, de propuestas pseudo espirituales sin ninguna base de realidad, es posible constatar que el conocimiento es realmente una ofensa intolerable para quienes se benefician del crecimiento de hordas de creyentes en la barbarie.

Sin embargo, como dice Maestro, el conocimiento es lo que realmente permite generar las condiciones para mejorar la vida humana. Sin el avance del conocimiento en la medicina sería imposible curar hoy enfermedades -y el resultado de los movimientos anti vaxxers ha traído como resultado el retorno de padecimientos que ya se habían erradicado-, sin el avance del conocimiento en la ingeniería no se podría contar con la infraestructura necesaria para todos los campos de la vida humana.

En otros campos, sin el desarrollo del conocimiento en las humanidades no podríamos haber llegado a comprendernos como especie y a desarrollar la consciencia indispensable para llegar a acuerdos cuando menos en lo declarativo, respecto a la prioridad del respeto a los derechos humanos, a la equidad de género, a la necesidad de superar el racismo, el machismo, el clasismo y todo tipo de exclusión e incluso sin el avance del conocimiento teológico no se habría podido avanzar en el diálogo interreligioso y el respeto a la libertad de creencias -o increencia- de toda persona o grupo.

Es por ello que resulta indispensable emprender una batalla por la reivindicación y la revaloración del conocimiento y tratar de dejar atrás los nuevos oscurantismos que nos han traído la nueva inquisición de los grupos radicales tanto de derecha como de izquierda que hoy pelean en la arena virtual por la hegemonía de lo que consideran el pensamiento único -de uno u otro extremo- y el lado correcto de la historia, también según el cristal muy limitado y deformado con el que desde sus cegueras ideológicas miran al mundo.

Mi libro Educación humanista (.) incluye una sección que parte de la afirmación de que la educación produce la sociedad que la produce, es decir, que el modelo y la dinámica social imperante en un espacio y tiempo van presionando a los sistemas educativos para moldear a las nuevas generaciones según el estatus quo, de manera que la educación formal o informal va reproduciendo estos modelos sociales.

Por ello podemos ver hoy que la educación está de muchas maneras siendo instrumento para el abandono del conocimiento y la reproducción de estas visiones anti intelectualistas y anti científicas. En los sistemas educativos tecnocráticos que responden al llamado modelo neoliberal puede apreciarse este desprecio al conocimiento y su desplazamiento hacia una visión de capacitación técnica de alto nivel para generar, como dice Nussbaum una especie de robots muy capaces, pero también muy obedientes.

Del lado de los sistemas educativos que se construyen desde las llamadas perspectivas decoloniales vemos también un desplazamiento e incluso una descalificación del conocimiento científico por considerarlo una herencia colonialista impuesta desde el norte, por lo que se busca recuperar los llamados saberes tradicionales equiparando muchas veces los conocimientos rituales propios de las culturas ancestrales con los conocimientos sitemáticos de la ciencia o la filosofía.

La escuela está hoy también, mucho más preocupada por el desarrollo socioemocional, la inclusión, la inserción comunitaria, el uso de la tecnología y la IA que por el desarrollo de las capacidades de los estudiantes como sujetos capaces de comprender el conocimiento heredado y de construir nuevo conocimiento riguroso en los distintos campos de la vida humana. Las visiones distorsionadas del humanismo y la equidad educativa llevan muchas veces al extremo de otorgar títulos universitarios a jóvenes que no tienen los conocimientos básicos y bien cimentados para ejercer una profesión con eficacia y con visión de compromiso social.

Pero si la educación produce la sociedad que la produce, es posible también mirar la posibilidad real de regeneración de las distorsiones sociales que tienen los procesos educativos formales o informales. Desde el punto de vista de la educación formal, las escuelas y universidades están sujetas a muchas presiones para reproducir esta sociedad de la barbarie en la que el conocimiento es una ofensa pero también tienen la posibilidad, si se toman en serio su misión, de contribuir a regenerar a esta sociedad en riesgo de autodestrucción para reencauzarla hacia el cultivo del conocimiento que es, como dice el epígrafe de hoy, “…lo único que asegura nuestra supervivencia en un mundo saturado de adversidades…”

Esta revaloración del conocimiento requiere como también dice Maestro de una libertad que hoy también está en riesgo y por la que también hay que luchar. Porque una educación sin conocimiento está condenando a las nuevas generaciones a la esclavitud bajo los poderes fácticos dominantes de cualquier extremo ideológico y una educación sin libertad está condenada a no comunicar ni desarrollar el conocimiento indispensable para la supervivencia humana.

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).