Crónica de un crimen ambiental II
- Ivanhoe García Islas
El relleno sanitario de Chiltepeque lleva treinta años recibiendo la basura de Puebla, situado en terrenos aledaños a comunidades originarias ubicadas al sur de la ciudad (comunidades que existen antes que la ciudad misma), sin que ninguna autoridad haya considerado relevante documentar cómo afecta a estas lo que ahí se deposita ni a dónde va lo que el relleno produce.
Los lixiviados que viajan kilómetros contaminado el agua, los perros semiferales que transitan entre residuos biológico-infecciosos y tierras de cultivo, las aves migratorias que se alimentan y bañan sus plumas y patas en aguas contaminadas y regresan al norte del continente llevando consigo lo que ahí recogieron.
Perros y garzas
En los alrededores del relleno hay una población de perros semiferales que se alimentan de los residuos, incluidos los biológico-infecciosos que Darinel Keller Ceballos, activista ambiental y fundador del colectivo “Yo seré su voz por los animales y el medio ambiente”, documentó en su denuncia ante PROFEPA presentada en enero de 2026.
Estos animales transitan entre el tiradero, los asentamientos humanos de Santo Tomás Chautla, San Francisco Totimehuacán y San Pedro Zacachimalpa y las tierras de cultivo circundantes. Transportan en su cuerpo, patas y pelaje los microorganismos que recogen entre los residuos y los distribuyen en el entorno. Ningún estudio de impacto ambiental oficial los menciona.
El problema no termina en los límites de la zona metropolitana de Puebla, Keller traza en su denuncia una ruta que va de Chautla hasta Canadá, los lixiviados desembocan en la presa Manuel Ávila Camacho, conocida como Valsequillo, declarada sitio Ramsar número 2027 el 2 de febrero de 2012, “un punto vital en la ruta de aves migratorias provenientes del norte del continente.” [1]
El 30 por ciento de sus más de 240 especies de aves son migratorias, “provenientes principalmente de Estados Unidos y Canadá”, [2] que llegan entre octubre y marzo buscando descanso y alimentación, entre ellas se han documentado garzas tigre mexicanas, patos arcoíris, ibis blanco, rayador americano y pelícanos; las que se alimentan en aguas contaminadas con metales pesados cancerígenos, que regresan al norte del continente llevando consigo lo que absorbieron.
La basura como negocio neoliberal
Chiltepeque abrió en 1995, el mismo año en que el modelo que Carlos Salinas había institucionalizado con la firma del TLCAN en 1994 estaba convirtiendo los servicios públicos en concesiones privadas. La privatización del servicio de limpia en Puebla había comenzado.
La Organización Panamericana de la Salud documentó que estos procesos en América Latina “no son aislados, sino una consecuencia de la globalización de la economía y de los modelos neoliberales de desarrollo que la mayoría de países de la región está adoptando.” [3] Lo que en el discurso oficial se presentó como modernización fue la transferencia de una responsabilidad pública a manos privadas con supervisión mínima y fortunas garantizadas para empresarios rapaces gracias al dinero público y al tráfico de influencias.
RESA obtuvo así la concesión exclusiva para la disposición final de residuos del municipio de Puebla, el modelo tiene una lógica interna de lo más funcional, entre más basura, más negocio, entre menos supervisión, menos costo operativo. La clausura del basurero de Cholula en marzo de 2024 por resistencia de pueblos originarios no resolvió el problema de la disposición final de ocho municipios, lo trasladó a Chiltepeque sin modificar el título de concesión ni realizar ningún estudio de impacto ambiental actualizado.
Las autoridades de ocho municipios encontraron en el relleno ya existente una solución que les evitaba el costo político y económico de construir infraestructura nueva. RESA encontró en esa misma decisión un incremento sustancial de ingresos. Las comunidades de Santo Tomás Chautla, San Francisco Totimehuacán y San Pedro Zacachimalpa no fueron consultadas.
Los costos de la vida
El modelo de negocio de RESA no incluye en sus costos la degradación de los jagüeyes de Santo Tomás Chautla, la contaminación de los mantos acuíferos subterráneos, el deterioro del humedal de Valsequillo, ni los efectos en la salud de las comunidades circundantes. Estos costos los paga la población circundante con su salud y las generaciones futuras ven comprometido su derecho a una vida digna y plena, eso sin contar que una cantidad aún no contabilizada de hectáreas de cultivo para consumo humano es regada con agua contaminada sin conocerse los mercados de destino.
La empresa privatiza las ganancias y socializa los daños
El neoliberalismo produjo en México una generación de concesionarios de servicios públicos cuyo modelo de negocio depende de la debilidad regulatoria del Estado. No es que RESA haya encontrado vacíos legales por accidente, es que el modelo de concesión diseñado en los años noventa transfirió la responsabilidad de supervisión a unidades de verificación privadas cuyos dictámenes son los únicos que los jueces y autoridades están dispuestos a revisar.
La persistencia de esta situación durante treinta años plantea interrogantes que van más allá de la negligencia técnica, el poder que concentra una empresa con concesión exclusiva sobre un servicio que ningún municipio puede dejar de necesitar convierte la impunidad en un componente estructural del negocio.
Continuara….
Referencias
[1] [2] Paz, Aline. “Presa de Valsequillo, un tesoro hídrico de Puebla”. Revista Única, 23 de julio de 2025. Disponible en: https://revistaunica.com.mx/presa-de-valsequillo-un-tesoro-hidrico-de-puebla/
[3] Organización Panamericana de la Salud. “Modelos de privatización del manejo de residuos sólidos urbanos en América Latina”. Washington D.C.: OPS. Disponible en: https://iris.paho.org/handle/10665.2/55451
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Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.
