Gabinete estatal: cambiar, ¿para qué?
- Ociel Mora
El gobernador ha instrumentado una serie de cambios en su gabinete. Cerca de veinte. Los más relevantes parecen ser los relativos a las titularidades de las secretarías de Planeación, Finanzas y Administración, y de Arte y Cultura.
El primero importa porque es ahí donde se toman las grandes decisiones financieras. Se trata de una dependencia eminentemente técnica —o, en todo caso, debería serlo—: es de suponerse que planifica, monitorea avances y evalúa resultados. El resto de los cambios pueden considerarse ordinarios, pero no por ello menos vitales para la adecuada entrega de servicios públicos.
En el caso de Arte y Cultura, las razones del relevo son bien conocidas. Si el cambio no obedece directamente al clamor popular de la comunidad cultural, de todos modos es saludable “pensar” que se trata de un gobierno sensible, que toma decisiones en función del interés de la población y no —como se murmura afuera— por otros motivos.
El Poder Legislativo ha dejado de ser la caja de resonancia de las complejidades y anhelos de la entidad para devenir en una figura distante y, acaso, ¿prescindible? ¿Se ha escuchado algo de sus miembros que amerite volver la mirada hacia ellos? Veintiséis regiones enmudecidas, melladas en su derecho de ejercer la soberanía en la máxima tribuna popular.
Reconozcámoslo: los incentivos actuales desalientan la labor de los señores diputados. Hay que plegarse con quien todo lo da y todo lo quita. Al grado de que un funcionario de segundo nivel —sin mandato alguno, más allá de una designación a dedo—, y sin rubor, salió a la palestra a recordarles que… “señores diputados, son libres”… para ejecutar sus acciones. La división de poderes ha quedado como una pieza de museo, digna de lucir montada a la entrada de los recintos oficiales.
Años atrás, una diputada federal, en pleno ejercicio de sus prerrogativas, fue descubierta bebiendo a la medianoche en la plaza de Garibaldi, en la Ciudad de México. Cuestionada al respecto, declaró sin pudor alguno: “Carajo, entonces, ¿para qué es el fuero?”. En eso de rasparle a la representación legislativa, nadie supera a Salgado Macedonio. Autoproclamado “Toro sin cercas”, más que de raza vacuna se asemeja a la clase de los garañones. Pero ese no es el tema de aquí.
El problema de fondo no son los cambios, aunque deberían serlo, pues generan inestabilidad en los procesos de planeación y ejecución de programas. La piedra de toque son los criterios que se siguen para relevar a unos y mantener a otros en sus cargos. ¿Dónde y en qué fallaron?, al grado de ser acusados de haberle perdido “el amor a Puebla”, acusados de apóstatas. En términos estrictos, habrían abjurado de la filosofía del amor que anima al gobierno.
Saber sobre el desempeño de los gobernantes —méritos y cualidades— es a lo menos que se puede aspirar. Amén de que el derecho de los de a pie a saber está escrito en la ley. El gobernador ha repetido la máxima publicitaria de que “gobernar es comunicar”, sin reparar en el carácter efímero de lo efímero: los hechos perduran, las declaraciones se evaporan.
El recién llegado al puesto parte de cero. Es la ceremonia de afirmación en el cargo. “Darle continuidad” a los programas es una consigna para el salón de clases. En las burocracias tercermundistas se habla sin reparo de “arcos de aprendizaje”, a costa —faltaba más— de los anhelos de progreso de la gente.
A mi ver, el problema no son sólo los cambios, sino las razones que los motivan y, en segundo lugar, los criterios que se siguen para la elección-designación de los nuevos responsables.
La permanencia en los cargos es determinante para alcanzar metas y objetivos. Los cambios continuos producen inestabilidad, rompen la continuidad de los programas y modifican el ritmo de prioridades que suele imprimir cada titular en turno.
Si nos ponemos en plan de profesores universitarios: la consistencia es la principal garantía para la entrega de bienes y servicios públicos en los plazos convenidos, además de maximizar la eficiencia e incrementar el impacto. Temas que, me temo, no forman parte del vocabulario cotidiano, como tampoco lo son las metas comprometidas en el Plan Estatal de Desarrollo (PED). Dura lex, sed lex: artículos 25 y 26 de la CPEUM, y 107 de la CPELSP.
Antonio Ortiz Mena dirigió la Secretaría de Hacienda durante dos sexenios consecutivos: los de Adolfo López Mateos (1958-1964) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970). Ese periodo de doce años es conocido como el Milagro Mexicano. El PIB creció a una tasa anual de entre 6 y 7 %; la inflación se mantuvo entre 2.2 y 2.5 %, niveles comparables a los de economías desarrolladas; y el dólar conservó la paridad de 12.50 pesos por unidad.
Es la gran época de oro de la economía mexicana. ¿Qué hizo posible esos indicadores de crecimiento y eficiencia de gestión? La estabilidad de la dependencia y un equipo competente encabezado por tu titular.
El gobernador es un hombre impetuoso, a veces arrebatado; obstinado con las cifras y los datos duros. Temo que lleva la cuenta del día a día. Sobresaltado, quizá, mira cómo se le escurren las horas y los días entre los dedos. Como todo político en posición de gobierno, anda en pos del reconocimiento y la gloria.
Sin embargo, entreveo a un hombre atrapado entre la lealtad a viejos amigos y camaradas, y la eficacia del servicio público y el compromiso contraído con la población. En campaña generó muchas expectativas, muchas de ellas difíciles de cumplir, no por falta de voluntad, sino porque se trata de problemas estructurales.
Se atribuye al psicoanalista Santiago Ramírez (1921-1988) una máxima muy referida por políticos para entrever horizontes: la infancia es destino. La experiencia temprana determina la vida adulta. Trece meses y contando.
Chayo News
Finalmente, hay un nuevo secretario de Arte y Cultura, en la persona de Fritz Glockner. ¿Qué peros encontrarle al recién nombrado? Guste o no, hay que decir que es un hombre del gremio: sabe por dónde marcha el mundillo de artistas y escritores, conoce sus lenguajes y, seguramente, a muchos de sus protagonistas. Es autor de varios libros sobre las guerrillas de los años setenta y ha incursionado en el mundo editorial.
En el sexenio pasado dirigió la red de librerías EDUCAL, la cual, al parecer, desapareció o está a punto de hacerlo. Su nombramiento se está vendiendo con el cliché que es un hombre de izquierda. Eso en materia de cultura es un disparate, su desnaturalización: la cultura es por excelencia un acto de libertad. Quien no lo entienda así no ha entendido nada.
Habrá que ver hasta dónde actúa como interlocutor frente a un gremio que demanda políticas de pares; no se trata de que llegue a tirar línea. Sin embargo, ya hay quienes lo ven no como promotor cultural, sino como comisario de la cultura, alineado con los postulados de los sectores duros de Morena.
Por lo pronto, más que desearle suerte, habría que desearle fuerza de aguante, en un entorno que me temo no es el que supone.
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Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.
