Las señales de una nueva guerra mundial

  • Luis Ochoa Bilbao
Cukier plantea señales históricas y estructurales que recuerdan periodos previos a las dos guerras

El escenario internacional presenta fenómenos preocupantes que han encendido la alerta global por las tensiones que podrían desencadenar una tercera guerra mundial. En estricto sentido, la Guerra Fría podría considerarse como la Tercera Guerra Mundial, pero la conflagración entre potencias no fue directa, algo que podría ocurrir en este siglo.

El politólogo brasileño y profesor de la Universidad de Paraná, Heni Ozi Cukier, plantea que, aunque no puede afirmarse que el mundo se dirija inevitablemente hacia una Tercera Guerra Mundial, existen señales históricas y estructurales que recuerdan los periodos previos a las dos guerras mundiales anteriores. Lo hace a partir del método comparativo, destacando los acontecimientos presentes que recrean los conflictos previos a las dos primeras guerras mundiales.

Para ello, organiza su análisis en cuatro dimensiones (social, económica, política y militar) y compara tres momentos históricos: los años anteriores a 1914, los previos a 1939 y la situación contemporánea. Su objetivo es identificar si las dinámicas actuales repiten, o al menos “riman”, con las condiciones que desencadenaron los grandes conflictos globales del siglo XX.

En la dimensión social, Cukier destaca que las revoluciones tecnológicas, tanto en el pasado como en el presente, han generado ansiedad, desarraigo e incertidumbre. Antes de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Revolución Industrial transformó el trabajo y la vida urbana, debilitando las estructuras tradicionales; antes de la Segunda, los medios de masas y la propaganda totalitaria manipularon el descontento.

Hoy, la revolución digital y la inteligencia artificial provocan fenómenos similares: pérdida de privacidad, desempleo tecnológico, polarización y difusión acelerada de la desinformación. Estos procesos, afirma, pueden desestabilizar las sociedades y facilitar la emergencia de ideologías extremas. Además, se están viviendo reacciones virulentas contra la globalización, lo que despierta sentimientos nacionalistas parecidos a los de la década de los treinta del siglo pasado.

Desde la dimensión económica, el pensador brasileño recuerda que la prosperidad o la interdependencia nunca garantizan la paz. En 1914, Alemania buscaba desafiar el dominio comercial británico; en 1939, Alemania y Japón buscaron autosuficiencia frente a sus rivales. Actualmente, la relación entre Estados Unidos y China reproduce tensiones semejantes: interdependencia acompañada de rivalidad estratégica. La pandemia y la guerra en Ucrania reforzaron el nacionalismo económico y la búsqueda de soberanía productiva, recordando la lógica de bloques económicos previa a la Segunda Guerra Mundial. La guerra arancelaria de Trump contra el mundo es un claro indicio de las tensiones económicas de la globalización.

En el terreno político, Cukier advierte sobre la creciente polarización y la erosión institucional en las democracias contemporáneas. Al igual que las fracturas internas que precedieron los conflictos europeos del siglo XX —como el nacionalismo en los Balcanes o la descomposición de la República de Weimar—, hoy se observan manifestaciones de radicalización política, pérdida de confianza en los gobiernos y violencia ideológica, desde el asalto al Capitolio en Estados Unidos hasta el auge de la extrema derecha en Europa. Cuando las democracias se debilitan, señala, aumenta la tentación de los líderes autoritarios y el riesgo de conflictos internacionales. Pasó con la República de Weimar, de su proyecto democrático y pluralista. Sus contradicciones dieron pie al ascenso de los nazis en una Alemania profundamente polarizada.

La dimensión militar y de alianzas revela los mecanismos mediante los cuales guerras locales pueden escalar a conflictos globales. Cukier recuerda que la Primera Guerra Mundial surgió de un incidente regional en los Balcanes y que la segunda unió varios frentes regionales.

En la actualidad, identifica tres focos de riesgo: Ucrania, Oriente Medio y el Indo-Pacífico. Además, alerta sobre un “Eje de las Dictaduras” (China, Rusia, Irán, Corea del Norte) que actúa con creciente coordinación frente a unas democracias divididas, lo que podría reproducir el patrón de alianzas agresivas y respuestas defensivas del pasado. Trump y su debilidad autoritaria no necesariamente sería ajeno a ese eje de dictaduras.

Finalmente, Cukier concluye que la historia no se repite, pero “rima”. Los paralelismos entre las crisis actuales y las de comienzos del siglo XX (transformaciones tecnológicas aceleradas, tensiones económicas, polarización política y rivalidades militares) deben entenderse como advertencias. El futuro no está determinado, pero ignorar estas señales podría conducir a una nueva catástrofe global. Su mensaje final es un llamado a la prudencia, la cooperación internacional y el fortalecimiento de las instituciones democráticas para evitar que el siglo XXI repita las tragedias del siglo pasado.

 

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Luis Ochoa Bilbao

Internacionalista y sociólogo. Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP. Se especializa en temas de política exterior, cultura política y sociología de las relaciones internacionales.