Dos reflexiones sobre Frankenstein
- Ivanhoe García Islas
Sirva de pretexte el estreno de la última película de Guillermo del Toro, para presentar un par de reflexiones respecto a la obra más famosa de la escritora Mary Wollstonecraft Godwin (1797-1851), mejor conocida como Mary Shelley, cónyuge del poeta Percy Shelley (1792-1822) a quien debe el nombre por el que es conocida, y quien fue una influencia en la escritora.
La novela, más allá de su belleza literaria, captura todo el espíritu del romanticismo en términos estéticos y filosóficos; es una obra rica en metáforas y simbolismos que capta la esencia del pensamiento intelectual occidental de esa época y es pionera del género conocido como "Ciencia Ficción". Fue escrita cuando Mary Shelley contaba con tan sólo 19 años.
Está por demás decir que es una obra tremendamente conocida (aunque muy distorsionada por causa del cine y de la televisión), por lo que en poco se puede contribuir a su análisis en términos literarios, sin embargo, resulta interesante por lo que se puede escudriñar y hallar en ella en relación con el eco que puede tener en lo personal.
La objetivación del dolor
La vida de Mary Shelley estuvo marcada por la pérdida y la orfandad. Su madre murió apenas unos días después de su nacimiento y ella perdió a su vez a tres hijos. Estos hechos son muy importantes para una lectura contextualizada de su obra. No sólo el pensamiento filosófico en la temporalidad y geografía específica en que fue escrita la novela es relevante, también la vida personal de la autora con sus conflictos y contradicciones están reflejados en ella, y conocer este aspecto da mucha luz sobre la sustancia de la misma.
Mary Shelley escribió Frankenstein entre los años de 1816 y 1817. Un año antes, en 1815 había muerto, con sólo seis semanas de edad, su primer hija, y en 1816 se suicidó su hermanastra Fanny Imlay (1794-1816), con quien la autora compartió gran parte de su niñez y adolescencia. La muerte rodeó siempre la vida de la escritora, pero de manera especialmente dramática los años en los que escribió su obra principal. Indudablemente los rasgos de esa fatalidad se hallan a lo largo de toda la novela, Mary Shelley escribe Frankenstein como una forma de purificación a través de la objetivación de su dolor en la obra. "El sentimiento se rompe en la forma de la representación en general, a través de ella se saca fuera, se obtiene objetividad." [1]
De tal manera que esta obra es un testimonio creativo de la angustia y el shock en el que se encontraba la autora, y es a la vez un documento liberador y de gran trascendencia humana, en cuanto nos sitúa de forma ejemplarmente didáctica en lugares comunes a todos los hombres: la orfandad, la soledad, la muerte, y para algunos más afortunados, la libertad de elegir la propia forma de autodestrucción.
La obra
No es tarea fácil realizar un acercamiento a una obra de la magnitud y trascendencia de Frankenstein, menos aún sin ser filósofo, por lo que estas reflexiones se limitarán a señalar de manera aislada algunos aspectos, con los que el que escribe, se ha identificado de manera especial.
En la novela de Mary Shelley, Víctor Frankenstein, después de vivir una bella infancia en Ginebra, parte a la universidad de Ingolstadt en donde estudia Medicina y Ciencias. Con estos conocimientos, sumados a su talento natural y a su creatividad, se da a la tarea de crear a un ser sin nombre, al cual, horrorizado ante su creación, abandona a su suerte, y por causa de esto sufre las consecuencias de lo que su conocimiento ha creado. Este ser destruye a su hermano, a su esposa y a su mejor amigo. Finalmente, Víctor Frankenstein muere preso de la locura y el ser creado devenido en monstruo huye con el suicidio como destino.
Si bien los protagonistas de la novela son dos: Víctor Frankenstein y su creación, lo más inquietante de la historia sucede en el mundo interior de la criatura, en sus reflexiones internas y en su sensibilidad, donde se puede encontrar un dolor y desolación aún mayor a la que sus crímenes dejan a lo largo de la historia.
Primera reflexión (a imagen y semejanza)
Es imposible leer la novela sin remitirse al pasaje bíblico del Génesis 1:26 "Y dijo Dios 'Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; (…)". [2] Víctor Frankenstein se convierte a sí mismo en Dios; él mismo tiene ese deseo que se convierte en obsesión.
"La vida y la muerte me parecían barreras ideales que yo sería el primero en romper, derramando un torrente de luz sobre nuestro mundo de tinieblas. Una nueva especie me bendeciría como su origen y creador; muchas naturalezas excelentes y dichosas me deberían su ser. Ningún padre podría reclamar la gratitud de sus hijos con tanto derecho como yo merecería la de ellos." [3]
Cumpliendo esta obsesión da vida a un ser, específicamente a una criatura, en tanto que es obra de su creación. Frankenstein no se limita a ser un observador de la naturaleza, él a través de su creación se convierte en Dios. Hegel habla en ese sentido del artista creador, del que ya no se limita a imitar a la naturaleza. "Sin embargo, cabe decir de inmediato que imitar a la naturaleza es un deleite muy limitado; el hombre debe encontrar mayor deleite si produce algo suyo, inventado por él: instrumentos técnicos, una obra escrita, o especialmente algo científico, que le corresponda completamente en propiedad." [4]
Frankenstein es un científico, pero su motivación y su búsqueda son similares a las de un artista, al fin y al cabo Frankenstein es un personaje que existe en la mente de uno (Mary Shelley). Así, Frankenstein, como un artista convertido en Dios contempla su creación. "Ha de estar orgulloso de tal invención, que le es original, que él no ha imitado". [5]
Sin embargo, él no está orgulloso, ni su creación es original. Al crear a un ser viviente sigue imitando a la naturaleza. Si bien se ha convertido en Dios, mira a su creación horrorizado. Así, como Prometeo, Víctor Frankenstein pagará las consecuencias de robar aquello que sólo pertenece a los Dioses. "¡Oh éter divino, y vientos de alas rápidas, y fuentes de los ríos, y sonrisa innumerable de las olas marinas, y Tierra madre universal, y círculo omnividente del Sol; yo os invoco: ved lo que, siendo dios, sufro de los dioses!" [6]
Dios (según el Génesis) ha creado al hombre a su imagen y semejanza, sin embargo, la criatura de Frankenstein está hecha de restos de cadáveres. Surgen con esto interrogantes inquietantes. Si la criatura es hecha a imagen y semejanza de su creador, ¿qué es entonces lo que somos los hombres? "El hombre puede mostrar mejor su habilidad en producciones que conciernen al espíritu como tal." [7] Entonces, ¿qué hay en el espíritu del hombre? Víctor Frankenstein ha creado por medio de la ciencia a una criatura a partir de cadáveres.
Mary Shelley nos expone en su novela una serie de interrogantes, las muestra pero no las responde; en ellas van impresos el dolor por la pérdida de su hija y el anhelo individual (y universal) de volver a los muertos a la vida. Pero de manera más profunda, va en estas interrogantes la esencia de una época que está recién conociendo la energía eléctrica y sus posibilidades, y que sin saberlo, está ya dentro del peligroso túnel de la Revolución Industrial, con todas las contradicciones y los peligros que supondrá la industrialización y el consumo desmedido e irracional para la supervivencia del hombre. El reflejo del ser humano, su creación a imagen y semejanza es la muerte.
Segunda reflexión (La ciencia del bien y del mal)
La novela Frankenstein expone un conflicto de carácter moral sobre el quehacer científico en la época moderna. Esto remite a otro pasaje bíblico, el del Génesis 2:17 "Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás." Esto no puede leerse literalmente, es una alegoría sobre el uso práctico de la ciencia y de sus implicaciones morales, o de la pérdida del estado natural del hombre a través del conocimiento y la abstracción práctica. Dicho de otra manera por Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) en su Discurso Sobre el Origen y Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres "(…) casi me atrevo a asegurar que el estado de reflexión es un estado contra natura, y que el hombre que medita es un animal depravado." [8]
Volviendo al Génesis, el versículo bíblico no hace referencia a que el árbol fuese malo, ni a que el fruto estuviera envenenado de maldad, o que el hombre al comerlo obtendría conocimiento o sabiduría. A lo que hace referencia es a la rebeldía en el acto de comer ese fruto, al acto de tomar algo con la esencia de Dios y querer a través de ese acto igualársele. El hombre por lo tanto a través de su esencia creadora puede actuar en contra de sí mismo, tal como Víctor Frankenstein lo hace.
Es, sin pretenderlo, la novela de Mary Shelley una crítica temprana al capitalismo, entendido éste como un sistema que depreda de tal forma a la naturaleza que pone en peligro la propia existencia de la humanidad. La ciencia y la técnica pueden salvar vidas, mejorar la calidad de vida de los hombres, dar soluciones a problemas que aquejan a las sociedades humanas, pero también puede expoliar y destruir.
La ciencia es en Frankenstein la criatura misma, pues "fabricar" a un ser humano y abandonarlo es correr el riesgo terrible de hacer de él no sólo una cosa sino también un monstruo. Al realizar este acto abominable el hombre se convierte también en aquello que ha creado; Roger Whitney Shattuck (1923-2005) lo dice de la siguiente forma: "El monstruo usurpa el papel del doliente Prometeo al hombre que lo creó. No es de extrañar, pues, que en el mito resultante, y en el habla popular, el nombre de Frankenstein suele transferirse del creador a la criatura." [9]
Final
La novela de Mary Shelley no es optimista ni por asomo. Más allá de su riqueza literaria, expone una serie de inquietudes y consideraciones sobre la ciencia en relación con sus implicaciones morales. Exhibe al hombre en su empeño de controlar las fuerzas de la naturaleza y las consecuencias catastróficas que esto ha tenido. Es un documento que muestra de forma cruda los prejuicios y la crueldad de los seres humanos. La criatura al tener el aspecto de un monstruo es tratada como tal pese a su intención inicial de ser bueno; Víctor Frankenstein es un monstruo que juega a ser Dios y por su aspecto y condición es tratado de manera benevolente y comprensiva por todos.
Quizá, lo más relevante de la novela, es que es un testimonio del uso de la libertad en su sentido más amplio y radical. Es en todo momento la libertad el concepto que impregna el desarrollo y clímax de la novela. Lo que une a los personajes aparte de la vida (pues uno le da la vida al otro), es la muerte (ambos están condenados a morir de manera trágica), pero sobre la vida y la muerte se encuentra la libertad.
Víctor Frankenstein al ejercer plenamente y sin frenos morales su libertad creadora, se condena a sí mismo al dolor y a su propia destrucción. La criatura no tiene elección, es producto del capricho de otro, se convierte en esclava de sus resentimientos, de su odio, y de su deseo de venganza. Su única libertad es la de elegir su propia muerte, en ella encuentra redención. En ese acto de destrucción encuentra también su libertad plena, en el fondo de su miseria encuentra su grandeza. "Levantaré triunfal mi pira funeraria, y las llamas que consuman mi cuerpo concederán la alegría y la paz a mi espíritu." [10]
Referencias
[1] Hegel, G.W.F. Filosofía del Arte o Estética (verano de 1826). Abada, España, 2006, p. 73
[2] Santa Biblia. Versión Reyna Valera, 1909.
[3] Shelley, Mary. Frankenstein. Nórdica Libros, Madrid, 2015, p. 94.
[4], [5], [7] Hegel, G.W.F. Filosofía del Arte o Estética (verano de 1826). Abada, España, 2006, p. 65.
[6] Esquilo. Prometeo Encadenado. Disponible
[8] Rousseau, Jean-Jacques. Discurso Sobre el Origen y Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres, en Del Contrato Social, Discurso Sobre las Ciencias y las Artes, Discurso Sobre el Origen y Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres. Alianza, Madrid, 1996, p. 215.
[9] Shattuck, Roger Whitney. Conocimiento Prohibido. Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, 2007, p. 48.
[10] Shelley, Mary. Frankenstein. Nórdica Libros, Madrid, 2015, p. 281.
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Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.
