Memoria y memorismo en el aula
- Juan Martín López Calva
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales…
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón»…
Antonio Machado. Recuerdo infantil.
Puedo vivir sin héroes que me salven
sin perros que me ladren
con poco más que nada
que algunos litros de aire
Pero no puedo vivir sin memoria
sin memoria de cada paso que anduvimos
sin memoria, sin memoria
de tantas cosas que he vivido.
Víctor Manuel. Sin memoria.
Muchas tardes o muchas mañanas pardas y frías o multicolores y calurosas podemos recordar de nuestra experiencia como estudiantes quienes hoy somos adultos e incluso tenemos la osadía o la necedad de dedicarnos a educar a las nuevas generaciones de este país y este mundo que parecen no tener remedio.
Tal vez incluso nosotros, nosotras, quienes buscamos generar aprendizajes para la vida que involucren no solamente contenidos sino también significados, reflexión crítica, valores y aplicaciones prácticas que aterricen en proyectos de vida con sentido, en compromiso ciudadano proactivo y democrático, en solidaridad y fraternidad con todos los seres humanos que habitan esta tierra-patria, sin pretenderlo y sin darnos cuenta le hemos propinado a nuestros estudiantes un buen número de mañanas pardas y frías o coloridas y calurosas en las que se miraba monotonía de lluvia o de sol tras los cristales.
Es posible que todavía en estos tiempos de avance tecnológico, discursos innovadores, inteligencia artificial y pedagogías revolucionarias siga habiendo maestros que truenan con timbre sonoro y hueco en sus aulas -viejos o jóvenes, mal o bien vestidos, enjutos y secos o frescos y rozagantes- con un libro en la mano, haciendo que sus alumnos repitan a coro los temas para memorizarlos y luego repetirlos en el examen, al más puro estilo de la que Freire llamó acertadamente educación bancaria.
Por eso tiene tan mala fama la memoria, por eso el término mismo de memoria o el verbo memorizar están hoy tan mal vistos y han sido prácticamente proscritos de los discursos pedagógicos y de las conversaciones entre docentes en servicio o en las aulas de los programas creados para formar a los futuros educadores y educadoras o para actualizar a quienes ya están ejerciendo la docencia. Oh, la memoria: cosa tan mala.
La educación tradicionalista -insisto, no la tradicional de la buena sino su deformación y distorsión- es rechazada con justa razón por dos elementos que se asocian directamente con sus formas inadecuadas de pretender enseñar: el autoritarismo y la memorización. Realmente fue un avance el surgimiento de las pedagogías libertarias y antiautoritarias que cuestionaron la educación centrada en la imposición arbitraria de la voluntad de docentes todopoderosos e incuestionables con una visión de disciplinamiento y ajusticiamiento en lugar de una perspectiva de sana disciplina y ajuste de lo desajustado para buscar la verdadera justicia para todos los educandos.
También fueron grandes aportaciones las de los teóricos del aprendizaje que plantearon que una enseñanza basada en la mera repetición mecánica de conceptos que no se habían entendido y una evaluación centrada en exámenes de corte memorístico donde el estudiante simplemente vaciara el contenido de sus apuntes o de los libros de texto o del discurso de los docentes, no promovía aprendizajes significativos ni una formación real de las personas para la vida.
Pero los resultados no han sido los esperados, sin duda porque estas aportaciones no fueron realmente aprehendidas, asimiladas y puestas en práctica por los educadores debido a carencias formativas o a inadecuadas interpretaciones de los planteamientos de estas pedagogías. Hoy tenemos estudiantes que en términos de aprendizajes no saben cosas elementales como multiplicar sin calculadora, los nombres de los continentes y su ubicación en un mapa, los nombres de los héroes o personajes más relevantes de la historia y de la cultura universal y nacional o escribir un texto con una sintaxis correcta y sin faltas de ortografía.
Porque así como la crítica al autoritarismo no implica la desaparición de la autoridad genuina, la crítica al memorismo no implica la desaparición de la memoria de los escenarios de aprendizaje. Para construir una sana visión del aprendizaje que resulte realmente significativo habría que enfatizar la distinción entre memoria y memorismo.
En el proceso de aprendizaje resulta indispensable la memoria. Martínez Covarrubias nos dice al respecto: “…aprendizaje es un término más amplio que memoria, pero ambos están unidos de modo que no existe uno sin el otro. De hecho, la memoria es el “sitio” en donde se plasma un aprendizaje… de manera que sin la memoria resulta imposible el aprendizaje porque la memoria, según esta autora, es el sistema de procesamiento de la información.
“Sin memorización no existe aprendizaje, ni cabe utilizar posteriormente conocimientos, información o experiencias anteriores. Vivir es recordar y se vive y se sabe cuanto se recuerda…” afirma por su parte Lavilla Cerdán en un artículo en el que plantea también la controversia que ha habido en la educación respecto de la memoria debida, según apunta, a que durante mucho tiempo existió un culto a la memoria sin que importara la comprensión o la reflexión crítica y la aplicación de los conocimientos adquiridos.
El problema no es entonces la memoria, porque resulta central para el aprendizaje, sino como ya apunté líneas arriba el memorismo, que es este culto ciego a la memorización repetitiva, sin comprensión y sin sentido. El problema del memorismo es que en la educación tradicionalista -la distorsión de la educación tradicional- memorizar es el medio rutinario y la meta única del aprendizaje sin importar la comprensión inteligente, la reflexión crítica, la deliberación ética y la aplicación práctica de lo que se memoriza.
Para dar su justo lugar a la memoria y romper con esta satanización que parece haber en muchos ambientes pedagógicos hasta el día de hoy, resulta indispensable promover el aprendizaje sabiendo que la memorización no es la meta sino el resultado del proceso -y el sistema de procesamiento de información que hay en el camino- puesto que un aprendizaje realmente significativo es algo que se graba en la memoria -no sólo cognitiva sino afectiva- de la persona y le dura prácticamente toda la vida.
Porque no podemos vivir sin memoria puesto que a nivel individual la memoria nos otorga identidad: saber quiénes hemos sido, quiénes somos y quiénes estamos proyectando llegar a ser y una persona que no tiene memoria pierde su noción de sí misma y del mundo que le rodea.
A nivel colectivo, la memoria es la que nos hace aprender de nuestro pasado y comprender de manera inteligente, crítica y responsable nuestro devenir como sociedad, como país y como humanidad evitando repetir los errores de quienes no conocen o no recuerdan su historia.
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Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
