Cholula: El pueblo mágico que expulsa a su gente

  • Ivanhoe García Islas
El racismo estructural como "modernización" detrás de la denominación de “pueblo mágico”

En San Matías Cocoyotla, un barrio de San Pedro Cholula, Puebla, se despliega con particular crudeza uno de los fenómenos más violentos del capitalismo contemporáneo: la gentrificación disfrazada de inclusión cultural.

Una conversación con Samantha Tepoxtecatl, psicóloga y activista local que conocí en este barrio, me motivó a escribir sobre estas problemáticas que atraviesan no sólo la cuestión cultural y racial, sino también el acceso a recursos básicos como el agua y la tierra.

Lo que a primera vista podría parecer un proceso de "modernización" del tradicional "pueblo mágico", revela en realidad un mecanismo sistemático que utiliza la propia identidad cholulteca como arma contra sus habitantes originarios. El testimonio de Samantha expone con dramatismo esta contradicción que se extiende por toda Cholula, a través de su experiencia en el bar Zuntra Pop Club, supuestamente el único espacio LGBT en San Pedro Cholula.

"Hace como dos semanas fui con otras amistades al Suntra", relata. "Éramos todas personas maricas, todas personas morenas, había personas trans, y cuando llegamos nos dijeron que debíamos que tener reservación, lo cual sabemos que no es cierto porque no había un evento, era temprano. Nos fuimos a un lado y vimos cómo va llegando gente extranjera, gente güera que se ve que tiene dinero, y ahí sí les dejaron pasar y no les pedían reservación." Esta experiencia condensa la lógica profunda de la gentrificación que opera en todo el territorio cholulteca, donde espacios que se apropian de discursos de inclusión ejercen exclusión sistemática basada en criterios raciales y de clase.

Apartheid urbano disfrazado de desarrollo

La transformación de Cholula en "pueblo mágico" es una operación calculada de mercantilización cultural que convierte la identidad originaria en producto de consumo mientras excluye a sus portadores legítimos. Como señala Samantha: "Está muy presente la cuestión cultural como una mercancía, quitando el peso real de lo que significa, y como una estrategia también de control de la población".

Esta apropiación se materializa en la transformación del espacio urbano a lo largo de toda Cholula. Los pequeños negocios locales son sistemáticamente reemplazados por "restaurantes, bares que están en inglés, que están en francés". El resultado es un paisaje que, mientras proclama celebrar la cultura local, expulsa a quienes lo crearon y mantuvieron durante generaciones. Este desplazamiento no es accidental, es el objetivo central. Convertir el territorio en mercancía turística requiere la expulsión de la población originaria.

El incidente en el Suntra revela cómo la gentrificación opera a través de múltiples vectores de opresión que se intersectan y refuerzan mutuamente. Esta interseccionalidad no es casual; el proceso busca la construcción de sujetos "indeseables" que justifiquen su expulsión. La población originaria, especialmente aquella que no se ajusta a los estándares normativos de blanquitud y consumo, se convierte en obstáculo para la transformación del territorio.

Este patrón de exclusión no se limita al ámbito comercial, sino que refleja una lógica más profunda de reconfiguración territorial. Los establecimientos que emergen en el nuevo paisaje urbano operan como filtros sociales que determinan quién pertenece al nuevo Cholula y quién debe ser desplazado.

La hipocresía se vuelve evidente cuando el mismo espacio que excluye a la diversidad sexual local se promociona como inclusivo. Esta contradicción, que se replica en establecimientos similares a lo largo de Cholula, revela que la "inclusión" funciona como marca comercial dirigida a un turismo internacional, no como compromiso real con la población local. Se trata de lo que podríamos denominar un "apartheid urbano" que utiliza códigos aparentemente neutrales —"necesitas reservación"— para encubrir criterios explícitamente discriminatorios.

La experiencia en el Suntra y la transformación general de Cholula deben entenderse como manifestaciones locales de un proceso global que utiliza la cultura como vector de apropiación territorial. No se trata simplemente de cambios en el uso del suelo urbano, sino de una operación integral que busca redefinir quién tiene derecho a habitar y usufructuar el territorio.

La gentrificación opera mediante la construcción de un relato que presenta la exclusión como inclusión, el despojo como desarrollo, y el racismo como modernización. Desenmascarar estas operaciones ideológicas es fundamental para comprender que detrás de la aparente celebración de la diversidad se esconde un proyecto de homogeneización.

La violencia de este proceso no se ejerce únicamente a través de mecanismos económicos abstractos, sino que se encarna en experiencias cotidianas de humillación que buscan quebrar la dignidad y la resistencia de las comunidades. El testimonio de Samantha constituye un recordatorio de que detrás de cada proceso de "desarrollo urbano" hay personas reales cuyas vidas y territorios están siendo disputados.

De la resistencia a la oposición

El caso de Cholula demuestra que enfrentar la gentrificación requiere más que demandas por vivienda accesible o espacios públicos; exige cuestionar los fundamentos raciales y coloniales sobre los que se construye la exclusión urbana contemporánea. La experiencia de quienes resisten en San Matías Cocoyotla muestra que es posible confrontar estos procesos cuando se comprende su naturaleza sistémica y se construyen alternativas desde la organización comunitaria.

En una próxima entrega expondré cómo esta misma lógica de despojo opera en el acceso al agua potable en San Matías Cocoyotla, donde la comunidad ha desarrollado estrategias de oposición ante la privatización y mercantilización de este recurso vital, y cómo estos conflictos se inscriben en dinámicas más amplias de contrainsurgencia y control territorial que buscan quebrar la organización comunitaria y facilitar el despojo.

 

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Ivanhoe García Islas

Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.