Comunicar con ternura, una necesidad para mejorar
- Elena Zárate
Podría parecer extraño al mismo tiempo de ternura, debido a que este último concepto, de manera cotidiana, se asocia con una expresión melosa o con un adjetivo para calificar algo sentimental, es decir, algo o alguien que a grandes rasgos nos hace experimentar una gran emotividad.
A mí misma me pasa, veo un cachorrito y lo primero que pienso es “qué tierno”, refiriéndome a que despierta en mí una gran simpatía por la inocencia que transmite. Sin embargo, esta visión de la ternura es un tanto reduccionista, pues si bien sí es un sentimiento de cariño entrañable al pensar en una persona, un ser, una cosa, un momento o una experiencia; la ternura es principalmente la capacidad innata para conectar con el otro desde el afecto y la compasión.
Aunado a ello, la ternura es una necesidad: necesitamos recibirla, pero también darla; por tanto, puede ser considerada como básica, ya que se relaciona con necesidades de confianza, pertenencia, autonomía y autorrealización. Un bebé necesita recibir la ternura de su madre y es necesidad de la madre otorgarla, lo cual implica el abrazo, la caricia, el arrullo, el beso, así como el calor que brinda la tranquilidad de saberse cobijado y dar cobijo a quien se ha estado unido desde el vientre.
En este sentido es que la ternura se vuelve la gran maestra del ser humano desde los primeros minutos de vida, ya que el amor no se aprende por instrucciones, sino por la ternura recibida. Ahí está la gran diferencia con el sentimentalismo, el cual se focaliza en las sensaciones que el otro provoca y por tanto nos mantiene centrados en nosotros mismos. Por el contrario, la verdadera ternura transmite libertad, confianza, capacidad, es un acto responsable y comprometido en favor de los demás.
Leonardo Boff, teólogo y filósofo brasileño, dijo: “La ternura irrumpe cuando la persona se descentra de sí misma, sale en dirección al otro, siente al otro como otro, participa de su existencia, se deja tocar por su historia de vida, [...] no por las sensaciones que nos produce, sino por amor, por el aprecio a su persona y por la valoración de su vida y de su lucha.”
La ternura nos permite reconocer la vulnerabilidad propia y ajena, y responder a ella con cuidado, protección, desde el afecto y la compasión. Por tanto, la ternura construye puentes entre las personas, ya sea con un abrazo, una mirada, el tono de la voz, una palabra.
Lo anterior nos permite ver que la verdadera comunicación, aquella que construye puentes y nos acerca en entendimiento a la otredad de otra persona, va envuelta en ternura, la cual requiere presencia real y emocional. En una comunicación con ternura quieres penetrar en los sentidos del otro y quieres que el otro también lo haga, porque sólo así se habrá tenido un verdadero encuentro, una conexión interpersonal.
De acuerdo a la Guía de Facilitación de la Escuela de Ternura para todos, realizada por World Vision LACRO (2018) hay algunas claves de la comunicación constructiva o consciente y éstas son: 1) Escucharse, chequearse y prepararse para entablar la comunicación, 2) Mirar a los ojos, hablar con nuestro cuerpo y 3) Escuchar de manera activa y atenta, dentro de lo que debe existir la responsabilidad de hablar en primera persona.
Estos sencillos consejos me parecen fundamentales y más en el contexto actual que vivimos, en donde parece que cada día se levantan más barreras que nos separan unos de otros. Desafortunadamente, los conflictos derivados de estos obstáculos no sólo se presentan entre potencias o grupos antagónicos; lo preocupante es que permean con mayor ahínco en los contextos más íntimos y que, por tanto, deberían ser los más cercanos, como son la propia familia.
Pequeños problemas se vuelven grandes conflictos y ello acarrea separaciones y rupturas, lo cual no se queda sólo dentro de casa, al final lo que pasa en las familias se proyecta en la propia sociedad.
Por ello, la propuesta de esta columna y de su servidora es construir una comunicación impregnada de ternura desde diferentes ámbitos, empezando por escuchar activamente al prójimo, ya sea éste un hijo/a, pareja, compañero/a, vecino/a o un desconocido/a.
En un segundo momento, expresar lo que tengamos que decir con ternura, lo cual desde el ámbito relacional significa construir relaciones de amor y confianza, también activar el mecanismo empático. Asimismo, animar la acción de reparación del dolor causado al otro y la acción reconciliadora que permite el restablecimiento del vínculo; principalmente, hacer posible la comunión de unos con otros, lo cual se proyecta en una convivencia solidaria y ética.
No cabe duda que hay mucho que hacer, pero lo bueno es que como dijo alguien las personas no somos árboles y nos podemos mover, podemos cambiar y por tanto ser mejores. Empecemos a cuidar mucho más nuestra comunicación y a ponerle el ingrediente de la ternura. Ya lo enunció John Kazebic: “Imagina que todo el mundo fuese algo más tierno, algo más amable, algo más cariñoso. Con ese esfuerzo cambiaríamos el mundo de un día para otro”.
¿Tienes algún comentario o pregunta? Mándame un mail a [email protected] o sígueme en X (antes Twitter) @AneleZa
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Especialista en Comunicación Estratégica y Familiar con más de veinte años de experiencia. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, maestra en Comunicación Estratégica y maestra en Ciencias de la Familia, así como doctorante en Comunicación y Mercadotecnia Estratégica. Encabeza la iniciativa COMFAM Comunicación Familiar.
