La actitud conservadora en Estados Unidos
- Luis Ochoa Bilbao
Michael Oakeshott (1901-1990) fue un renombrado filósofo británico que trabajó en Cambridge, Oxford y la London School of Economics. De él se publicó en 2007, a manera de ensayo con un estudio preliminar de Jesús Silva-Herzog Márquez, la que fuera una conferencia dictada en 1956 ante el público de la Universidad de Swansea, en Gales. En esa conferencia, Oakeshott describió y justifico el espíritu de la actitud conservadora.
A partir de ese ejercicio, se pueden delinear las actitudes conservadoras en Estados Unidos que sostienen al gobierno de Trump y que se han radicalizado en los últimos meses. Oakeshott defendía que el conservadurismo era una disposición moral, intelectual y práctica ante la vida y el cambio social. Lo que se puede ver en Estados Unidos es que ese conjunto de valores conservadores, también se han polarizado al extremo de generar postulados nacionalistas basados en teorías de la conspiración y sustentados en el uso sistemático de la mentira política.
En Estados Unidos, según la encuesta GALLUP de 2024, el 36% de la población se consideraba conservadora y el 35% moderada. Los liberales o progresistas alcanzaron un 26%. Estos datos ayudan a entender el fenómeno Trump.
¿Qué es la "actitud conservadora" según Oakeshott? El filósofo responde que ser conservador no significa solamente estar a favor del statu quo o del lado de la autoridad y los “poderosos”, sino por una apreciación prudente de lo que se sabe que funciona bien. Es una forma de pensar y actuar basada en la preferencia por lo conocido, lo probado, lo efectivo, lo tradicional y lo moderado.
En efecto, la actitud conservadora tiene una profunda desconfianza hacia los cambios radicales. El conservador cree que los cambios sociales deben ser lentos, graduales y cuidadosos. Su espíritu tradicionalista lo lleva a desconfiar de las grandes “soluciones racionalistas” y de los proyectos utópicos. Por eso, los conservadores en Estados Unidos son escépticos a los ideales de convivencia social, cooperación internacional, multiculturalismo, cosmopolitismo y globalismo de las posturas liberales y progresistas en su país.
El conservador, dice Oakeshott, es alguien que prefiere lo familiar a lo desconocido, lo probado a lo posible, lo limitado a lo ilimitado. Por estas razones, los movimientos feministas y las reivindicaciones socio culturales sobre la diversidad sexual, son rechazadas por los conservadores. Sencillamente no aceptan la diversidad porque su universo simbólico se basa en dicotomías tan básicas como blanco y negro, día y noche, hombre y mujer, fe y perdición.
El conservador aprecia las instituciones culturales existentes como la iglesia, el ejército y la familia, no porque sean perfectas, sino porque han demostrado funcionar en el tiempo. Son instituciones persistentes a lo largo de la historia, por lo tanto, para el pensamiento conservador eso significan que han pasado la prueba de los siglos. Esas son las instituciones que los estadounidenses reivindican en la era de la diversidad sexual, de la libertad de credo, de los matrimonios interraciales y del poliamor o de las operaciones de cambio de sexo.
El buen gobierno, según la actitud conservadora descrita por Oakeshott, no es ingeniería social para crear “nuevas cosas”, sino el arte de gestionar lo existente con inteligencia práctica. Y también hay en la sociedad estadounidense un ideal por el gobierno pequeño que no interfiera en las libertades de las personas. Esto se debe a que un gobierno grande y fuerte es un proyecto que consideran socialista o comunista.
La actitud conservadora no implica ser reaccionario ni aferrarse al pasado por nostalgia. No es una oposición ciega al cambio, sino una forma de preguntarse: “¿Vale la pena el riesgo de provocar un cambio? ¿No será más peligroso el cambio que la estabilidad?” Esto pasa con la actitud conservadora: ante lo nuevo y lo diferente la reacción es refugiarse en los valores del pasado, de sus abuelos y de sus padres. Por eso, los conservadores de hoy, se hubieran opuesto a terminar con la esclavitud o a promover el derecho al voto de las mujeres o de las minorías étnicas en Estados Unidos.
Paradójicamente, lo que Trump le propone al mundo es un cambio radical. Pero no hacia un nuevo orden internacional que ponga en juego otros esquemas políticos, comerciales o diplomáticos. Busca regresar el orden internacional de la era de los imperios, el orden económico aislacionista, revivir la era de las fábricas las industrias y los obreros en Estados Unidos; busca el regreso a los valores del cristianismo anglosajón en el ámbito cultural y al del poderío económico y militar en el ámbito internacional. Esta búsqueda terminará enfrentándose a la dura realidad de que el mundo ha cambiado, de manera profunda y radicalmente, a pesar de la resistencia de la actitud conservadora.
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Internacionalista y sociólogo. Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP. Se especializa en temas de política exterior, cultura política y sociología de las relaciones internacionales.
