¿Una constructora para la clase política?
- Víctor Reynoso
Entre las polémicas propuestas para reformar al INFONAVIT, está la de crear una constructora manejada por la clase política. No está claro que esa creación sea necesaria, ni por qué.
La cuestión es si las empresas llamadas públicas generan bienestar público, o si se limitan a favorecer el interés privado de algunos.
Aquí cabe recordar la distinción, planteada por Fernando Escalante Gonzalbo, entre Estado y clase política. Por Estado se debe entender Estado de derecho: un conjunto de instituciones caracterizadas porque sus ocupantes están acotados por la ley. La clase política es, en contraste, un grupo de personas que ocupan el poder político pero que aplican la ley con discrecionalidad, o no la aplican.
Pueden hacerlo para resolver problemas públicos. La discrecionalidad les puede permitir mayor eficacia en la creación de bienes para la sociedad. Pero también les permite usar los recursos públicos para su beneficio privado. Lo que conocemos como corrupción.
A Jesús Silva-Herzog Flores le gustaba contar la anécdota de que el gobierno de México tuvo un cabaret, probablemente el único en el mundo que perdía dinero. La razón: era propiedad de la clase política.
Para este grupo es atractivo poseer empresas. Le permiten colocar en cargos directivos a sus integrantes. Le permiten también incrementar sus ingresos. En algunos casos generarán bienes públicos, pero en muchos otros darán lugar a corrupción: la apropiación privada del dinero de los contribuyentes.
No se trata de una cuestión metafísica u ontológica, de si la administración pública es mejor que la privada o no. La cuestión es práctica, de consecuencias. Una empresa constructora privada ineficiente y mal administrada acabará por quebrar. El mismo caso en una empresa pública acabará, hay muchos casos, subsidiada con recursos públicos.
Fue, supongo, el caso del cabaret al que hacía referencia Silva-Herzog, mientras funcionó. Fue en los años setenta, cuando “administrábamos la abundancia”. Algunos ven en esa época, antes del neoliberalismo, como una situación ideal. Nada más lejos de la realidad. Hay que aprender de aquellos errores.
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Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.
