Elecciones 5 de junio
- Víctor Reynoso
El próximo domingo habrá elecciones de gobernador en seis estados. Las encuestas indican que Morena será el gran ganador: llevarse cinco de las gubernaturas.
La explicación está dos factores relacionados: la marca Morena sigue vendiendo bien. Y la oposición está desdibujada.
El efecto del tsunami electoral que inició en 2018 sigue presente. Estos datos reflejan también la aprobación al Presidente. Las críticas a su gobierno se han limitado al círculo rojo (los escritores y lectores de artículos de opinión). No parecen haber trascendido a los electores.
Ni a los partidos de oposición. Es difícil ver y oír a los partidos que antes de 2018 dominaban el espacio político nacional: PRI, PAN y PRD. Los pobres resultados del gobierno actual les dan una oportunidad excepcional para criticar. No hay logros en los problemas que ese mismo agendó: combate a la pobreza, a la corrupción, a la inseguridad, y aceleración del crecimiento económico.
Pero esos tres partidos han sido muy discretos. Puede ser que sus dirigentes estén en una situación similar a la de Alejandro Moreno, el presidente nacional del PRI: el gobierno tiene información muy comprometedora sobre ellos. Están bajo una amenaza, explícita o tácita, y prefieren irse tranquilos y por la sombrita.
O puede ser que les falte creatividad y espíritu crítico. Si hubiera un López Obrador en la oposición la situación sería muy distinta: alguien con la capacidad de señalar los errores del gobierno. Pero no hay nada cercano a la actitud que el actual Presidente tuvo cuando fue oposición.
Otra cuestión: ¿hay diferencias notables entre un candidato a gobernador de Morena y uno de la oposición? Para responder habría que usar la lupa, o el microscopio. Y aún así, la respuesta sería decepcionante. Las diferencias no parecen ser claras. Dependen más de los estilos personales y de la circunstancia de cada entidad que del partido al que se pertenece.
Como se ha dicho, los partidos anteriores fueron productos de cocimiento lento y en cocina abierta. Era más o menos claro de qué se trataba el PRI, el PAN y el PRD. Con las notables diferencias internas, había una identidad distintiva.
Morena fue de cocimiento rápido. Sus dirigentes y militantes no alcanzaron a tener una identidad distintiva. Además del “mestizaje partidario”, nuestros políticos pasan de un partido a otro con facilidad. Queda pues la pregunta abierta.
Opinion para Interiores:
Otras Opiniones
-
Fernando Vázquez RigadaGobernabilidad rota -
Abel Pérez RojasPoesía y barrio: la geografía íntima del saber -
Cintia Fernández Vázquez¿El algoritmo nos robó el futbol? -
Román Sánchez ZamoraMinuto 50 -
David Córdova TelloLa izquierda: entre el desgaste y la crisis de credibilidad -
Carlos Anaya MorenoLa paradoja del hambre en la era de la abundancia
Anteriores
Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.
