Lorenzo Córdova y nosotros
- Abraham Bonilla Rojas
Una de las opiniones más pulcras que he leído en torno a la llamada filtrada de la conversación entre el señor Lorenzo Córdova Vianello –Consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral (INE)- y el señor Edmundo Jacobo Molina –Secretario Ejecutivo del instituto- es la de Ricardo Raphael en El Universal el pasado jueves 21 de mayo. Desde luego hay más comentarios interesantes, pero –desde mi perspectiva- por desgracia no cuentan con la serenidad y frialdad del de Raphael, tendiendo de modo un tanto desfigurado hacia cualquiera de los dos bandos. “Esa manipulación tramposa –nos dice el columnista de El Universal- significa una doble discriminación.” Se refería a la extorsión escudada en la vulnerabilidad de los indígenas en nuestro país.
Hay –para redundar la idea de Raphael- dos elementos que, independientemente del partido que se opte tomar, son plenamente visibles. Esto, por supuesto, no significa que por ser perceptibles sean absolutos o totalmente verdaderos: de un lado, el desatino de las palabras de Córdova que, señala Raphael, llevadas a un extremo se proyectan como discriminatorias –desatino que además se conjuga con una mofa política y culturalmente incorrecta-; y, del otro lado, una clara extorsión del líder indígena, no solamente a Córdova en su calidad de presidente del instituto ni al INE mismo sino a todo el entramado institucional, administrativo y legislativo en materia electoral.
Lorenzo Córdova, por donde se observe, hizo comentarios desatinados. Me refiero estrictamente a aquellos sobre las características del secretario estatal del gobierno nacional indígena –el líder referido- Mauricio Mata Soria. Con relación al lenguaje altisonante que empleó, me limito a comentar lo siguiente: sería criticable si lo hubiera usado en algún evento con cierto grado de solemnidad o simple publicidad formal y era una conversación privada en la que podía hablar con las palabras que quisiera –hasta habló en inglés-; ese lenguaje no se relaciona con el intelecto ni con las habilidades mentales, pues si fuera así ¡cuántas grandes mentes conversarían como leyendo al público alguna obra de Shakespeare y no con las denominadas palabras altisonantes! Incluso en William Shakespeare, al menos traducido, hay de estos vocablos-; por lo tanto las críticas en este sentido me parecen sin motivo y, naturalmente, tanto pobres como vacías. Retomo el comentario con relación a la mofa que hizo el consejero. ¿Discriminó Córdova a los indígenas? Me parece que no, atendiendo al último párrafo del artículo 1º de la Constitución de nuestro país, pues en él se refiere la prohibición a la “discriminación motivada… tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”. Los derechos y libertades del señor Mauricio Mata incluso fueron ejercidos por él mismo: acudió al INE, conversó con su Consejero Presidente e incluso formuló sus peticiones. Lo que sí tenemos son comentarios sin buen tino. Lamentablemente se ha llegado al punto en que cualquier cosa –exagerando un tanto, incluso palabra por palabra- que manifiesta una persona –más si es funcionario o servidor público o alguien vinculado a ellos- puede estar siendo recibida por intenciones no precisamente loables ni plausibles. Eso es tal vez lo que hay que reprochar a Córdova: sabedor de estas condiciones, ¿para qué se arriesga? Y como él, ¿cuántos más no?
Mas como ayer en una conversación expresé: “el problema no es Lorenzo, somos todos; unos más, otros menos.” Desde luego también los indígenas discriminan; tanto a los que no somos indígenas como a ellos mismos según ciertas condiciones. Volviendo a Raphael, esto significa una doble discriminación. En otras palabras: una exclusión –se excluye de “algo” o de “algún lugar” a los indígenas- implica, inevitablemente, discriminación. Discriminar –excluir- es algo, quizá sí por desgracia, inherente al hombre: posiblemente hasta que éstos sean ángeles, como se lee en un libro de Maurice Joly. Se deben aceptar y reconocer características humanas diferentes a las nuestras –tolerarlas no, pues algo que se rechaza no se tolera y en caso contrario no se rechazaría- y respetarlas. Pero esa tarea es de todos y no nada más del señor Córdova. El presidente del INE está más expuesto por su investidura, sin embargo no por ello sus responsabilidades han de ser de mayor grado ni mayores salvo aquéllas propias para y a las que su encargo le faculta y obliga. Es una labor que no debe ser hecha ni pensada en momentos de moda como esta semana lo ha sido sino permanentemente y por los motivos que se deseen considerar: bien puede ser la condición humana, bien la civil, la legal o la social. Claramente no se logrará inmediatamente ni aun en el mediano plazo. Puede ser que, haciendo eco de la frase común, ni siquiera alcance la vida para ello; nuevamente: hasta que los hombres sean ángeles.
El fin de semana se publicó que el líder indígena perdonaba a Córdova pero solicitaba que renunciara. En primer lugar, es un buen gesto de su parte disculpar al señor consejero, lo cual es válido e incluso prudente por cualquier razón, sea la naturaleza del caso, sea la condición étnica, sea la humana misma; el segundo punto, pedir la renuncia, es inaceptable y un contrasentido. Inaceptable porque carece sustento civil y jurídico alguno; contrasentido, porque para transformar y secundar el sentido que se le ha dado a lo expresado por el presidente del INE como discriminatorio –en un extremo- la ley sí vale, pero para atenderla en cuanto a las comunidades indígenas –cuyo máximo ordenamiento es el artículo 2º de la Constitución de nuestro país- y en materia electoral –plasmada en el artículo 41 constitucional, principalmente de su fracción III a la V- entonces lo que cuenta no es la ley sino la voluntad del líder y de su comunidad o de cualquier otra persona y/o comunidad.
Tenemos, finalmente, a un consejero que en general actúo adecuadamente. De manera adecuada aunque no del todo correcta, como se ha visto. Ya he manifestado por lo que considero incorrectas algunas de sus expresiones.
Para concluir expongo el por qué de lo adecuado en su proceder: el señor preside un instituto establecido en la Constitución, con sus leyes y reglamentos, cuyo cometido –hablando en general y sin considerar las varias elecciones locales, este 2015- es la renovación de los 500 lugares en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, con sus suplencias incluidas; lugares que están establecidos también en la Constitución; y que para aspirar a uno de ellos -sea de los 300 de representación popular, sea de los 200 de representación proporcional-, la propia Constitución señala las condiciones que hay que cumplir. Córdova no cedió y eso es central en la conversación; al no ceder actuó, esta vez, ejemplarmente. Su tarea queda limitada, en parte, por el artículo 2º constitucional y es, hasta cierto punto, obligación suya no transgredir esas disposiciones, nada más; puede, como en su momento el señor José Woldenberg, fungir como intermediario y hacer propuestas, y es en este punto, probablemente, donde se han depositado expectativas de más en Lorenzo Córdova y en el INE.
Twitter: @JAbrahamRojas
