El PRD, sirviente fiel del poder corrupto
- Xavier Gutiérrez
En Puebla, igual que en el resto del país, el Partido de la Revolución Democrática es un modelo perfecto de la adulteración del quehacer político.
Este partido surgió como una alternativa frente al agotamiento de los demás partidos, con grandes expectativas. Y en sus albores, las satisfizo plenamente.
Figuras hubo con brillo y prestigio propio que fueron los cimientos de una organización que marcó pautas importantes en el México contemporáneo. La historia reciente registra hechos notables lo mismo en el parlamento que en la calle.
Supo aglutinar bases y liderazgos plurales, comprometidos, intelectualmente respetables y con un desempeño notable en las cámaras de senadores, diputados y en los congresos locales.
Pero el ejercicio del poder envicia y envilece. O tal vez no, más bien muestra a sus protagonistas tal como son realmente, sin máscara ni disfraz.
El PRD, organización de hombres finalmente, pervirtió bien pronto en el camino su origen y razón de ser. Sus bases, como las demás organizaciones partidarias, fueron abandonadas o usadas impúdicamente como trampolín para los desvergonzados liderazgos.
Los dirigentes devinieron en sirvientes del poderoso por encima de ellos y fueron uno más de los partidos que conforman el paisaje de la mediocridad política de México.
Fueron y son. Aquí, allá y acullá.
Sus formas, posturas, vicios, componendas, postulaciones, prevaricaciones, tráfico de influencias, uso y abuso del poder, en nada los diferencian de los demás partidos.
Acaso su responsabilidad es mayor, porque surgieron como oposición y condena radical a todo esto, levantaron las banderas de la honestidad y la limpieza, el cambio y una moral distinta. Manipularon a tantos, engañaron a multitudes.
Personajes notables de esta organización constituyen la excepción propia del caso.
El resto sucumbieron fácilmente al mercado del poder y transitaron y están en el mar de la corrupción y el trafique.
Su papel más despreciable se ha dado en los últimos años. Son vulgares piezas que el poder real acomoda donde le hacen falta, peones fieles de la complicidad y el acomodo, tapaderas de letrinas inmundas, y judas altamente cotizados que engrosan las filas doradas de la burocracia traidora de sus bases y votantes.
Muchos de ellos, desde diversos escalones del poder, se volvieron cresos y piezas corruptas de la casta dorada que tiene secuestrado al país.
En todo el país, y Puebla no es la excepción, las siglas de esta organización amparan y catapultan candidatos y funcionarios de la peor ralea. Pero eso sí, siguen con un cinismo campechano y ruin manejando el lenguaje de la democracia, la independencia, la libertad y la limpieza.
Han creado y fertilizan pequeños feudos donde pastan mansamente cómplices y beneficiarios, parientes y trepadores, farsantes y delincuentes, todos en el mismo saco. Todos al socaire del sol azteca, que más que bandera lo emplean como antifaz utilitario para sus peores aspiraciones y vicios.
Ellos son hoy todo lo que criticaron acerbamente ayer.
Si tuvieran una pisca de vergüenza hace mucho tiempo se hubieran retirado para dar paso a las aspiraciones que despertaron en su origen. Imposible, están enchufados en la podredumbre y son parte fundamental del engranaje del statu quo.
Véalos, ahí están, son los mismos de ayer, los de siempre.
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Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.
