La campaña de alfabetización
- José Alarcón Hernández
En México, existen 39.5 millones de personas en condición de rezago educativo.
Hay 5.4 millones de mexicanos que no saben ni leer ni escribir.
La condición de analfabetas es una tragedia que debiera escandalizar a la mayor parte de la comunidad nacional. Ocuparse de este grupo de la sociedad para liberarlos del estado de indignidad e injusticia es un imperativo.
Ahora se inicia la tercera gran campaña para contribuir de manera sustantiva a rescatar a estas mexicanas y mexicanos de la ignominia en que la sociedad misma los tiene postrados.
La primera campaña se inició en 1920, durante el gobierno de Álvaro Obregón y el secretario de educación José Vasconcelos.
El maestro Lauro Gutiérrez Caloca, ex secretario de gobierno en el estado de Puebla por indicaciones de Álvaro Obregón, en el gobierno de Manuel P. Montes, es uno de los apóstoles que participaron en esa campaña con ideas y acciones.
En 1921, durante el gobierno del Presidente Álvaro Obregón, Lauro crea el programa educativo post revolucionario más innovador: “Las Escuelas Rurales”, para lo cual cuenta con el celoso apoyo del Secretario de Educación Pública José Vasconcelos.
Para la elaboración de tan magno proyecto, Caloca fue auxiliado por los maestros Enrique Corona, Rafael Ramírez e Ignacio Ramírez, los cuales señalaron con una precisión progresiva las tareas sociales que habrían de realizar las escuelas rurales.
Caloca era un hombre talentoso y un político connotado. Logró ser diputado federal, dos o tres veces, senador de la república en dos oportunidades y ocupar cargos directivos en la secretaría de educación pública.
Por cierto, el maestro Antonio Barbosa Heldt, en los funerales del profesor Lauro Gutiérrez Caloca, un zacatecano insigne, en su oración fúnebre señaló: “Fue un hombre dinámico, autodidacta experimentado y pionero del movimiento social y educativo, sin ser propiamente un maestro en la acepción específica de la palabra, pero lo fue, y de verdad, en la práctica de la profesión y en el señalamiento de los derroteros de la escuela rural”.
La segunda gran cruzada contra el analfabetismo se ejecutó durante el gobierno del presidente poblano Manuel Ávila Camacho junto con un extraordinario secretario de educación, Jaime Torres Bodet.
Ahora el presidente Enrique Peña Nieto, ordena ejecutar un ambicioso programa para combatir el rezago educativo, pero fundamentalmente para que 5.4 millones de mexicanos sepan leer y escribir y 10.1 millones completen su primaria.
El rezago educativo comprende a los 16.4 millones de personas que no concluyeron la secundaria.
El esfuerzo que se emprende es para titanes, esto es, para personas de buena voluntad que quieran enseñar al que no sabe.
Gobierno y organizaciones de la sociedad civil están obligados a enfrentar y resolver esta situación crítica, trágica que vive este gran número de mexicanos.
Urge resolver en los tiempos planeados el rezago educativo que envuelve al país.
Los mexicanos que tienen secundaria completa, educación media superior o superior, tenemos que convencernos que enseñar al que no sabe es una obligación moral, política y de justicia.
Cuando he afirmado que estar en situación de no lectura ni escritura ni entenderle a las matemáticas, independientemente de ser un reclamo a la sociedad, sólo hay que imaginar los siguiente: existir en esa situación, condena a la persona a vivir angustiada, a sentirse excluida de su grupo social, a recibir escasísimos ingresos, a no tener para comprar lo indispensable para lo cotidiano y menos para medicinas o cualquier otra necesidad primordial.
Ahí no acaba el asunto, las personas adultas en esa condición viven la experiencia de no poderle dar escuela a sus propios hijos, entonces el sufrimiento familiar crece hasta los lamentos y las lágrimas en no pocos casos.
El programa entonces, que encabeza el secretario de educación pública, Emilio Chuayffet, por el diagnóstico de la situación, tiene que ser de todos los factores de la sociedad.
La radiografía o la tomografía de la enfermedad ahí está: entre 19 países de América Latina, incluido México, ocho por ciento de las personas de 15 años o más, confesaron ser incapaces de leer y escribir un recado.
Si no se atiende como se ha planteado este programa, entonces en la década próxima, el número de personas en rezago escolar, será de 34.3 millones.
¿Con quién va a hacer la tarea el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos? Con sus propios recursos que son escasos y fundamentalmente con un millón de voluntarios que hay que organizar, integrar, hacerles sentir que se trata de una hazaña extraordinaria y así lograr la meta de 2.2 millones de jóvenes y adultos que concluyan su primaria y 3.1 millones logren obtener su certificado de secundaria.
El 2018 parece estar lejano, lo cual es una percepción no calculada correctamente.
Hay que poner, como afirmaba don Blas Chumacero Sánchez: “Ahora manos a la obra”.
No hay de otra, a los gobernantes, a los dirigentes, a la sociedad civil, a las iglesias, a los empresarios, a los medios de comunicación, a los que tienen dinero, a todos los que pueden los convoca esta nación para resolver un problema de vida o muerte. Eso, sino se atiende se agrava y entonces surgirán reclamos organizados que podrán derivar en luchas fratricidas.
Los desheredados, los excluidos, son como el cerebro y el cuerpo humanos, son sabios, ante las carencias se manifiestan, se rebelan.
Marco Aurelio escribió: “El tiempo es como un río. Tan pronto como vemos una cosa, es arrasada por él y otra ocupa su lugar, a su vez no tarda en desaparecer”.
Baltasar Gracián, en relación con la premura del tiempo escribió: “Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo: incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso”.
Esta frase de Benjamín Franklin, espero nos haga reflexionar en relación con el tiempo y la urgencia: “El tiempo perdido no se recupera nunca y cuando decimos que tenemos tiempo de sobra descubrimos siempre que nos falta el tiempo”.
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Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.
