Respeto japonés
“La tolerancia se convierte en crimen cuando permite lo malo”.
Anónimo
El Mundial de Fútbol nos ha traído muchas sorpresas.
Una de ellas, el más que justificado enojo de muchos habitantes del país tanto anfitrión como más futbolero, quienes cuestionan las inverosímiles cantidades erogadas en la construcción de Estadios y no en otros proyectos de urgente necesidad para la población.
Otras, más futbolísticas (por no decir fútiles…) como los campeones hechos jugo de naranja, o los charrúas bailando el Tico-Tico!
Y la fiesta, recién comienza. El Mundial ofrecerá momentos inolvidables, de entrega, coraje y pasión, tanto de los jugadores como del público. Momentos emotivos como el oír a nuestros connacionales corear “Cielito Lindo” al unísono y a tales decibeles, que parecía un partido jugado en el Azteca y no en tierras brasileiras; como el vibrar con Ochoa cual hombre araña despejándolas todas.
Pero tal vez, valdría el destacar y ponderar tres situaciones de este Mundial que nos hacen recordar el honor con el cual debemos conducirnos por la vida; lecciones regaladas por el equipo nipón, su afición y por un árbitro también del Sol Naciente.
Al finalizar el encuentro de la escuadra nipona contra su similar de Costa de Marfil, los jugadores pidieron una disculpa a su afición por su derrota y por no haber sabido ganar. Para ellos fue vergonzoso que tanto sus compatriotas que viajaron miles de kilómetros, como los miles de nipo-brasileños (mayor colonia japonesa fuera del archipiélago) quienes les vitorearon todo el partido, resultaran desilusionados y testigos de un mal espectáculo.
Y a esa acción de disculpa, de saber perder y no buscar subterfugios para ocultar un descalabro; se sumó una mayor, cuando al finalizar dicho partido la misma afición japonesa, se dedicó a limpiar las gradas donde habían estado coreando a su equipo. Sólo a ellos se les ha visto recoger sus desperdicios (propios de todo partido y afición), dejando sus lugares limpios. No culparon a nadie de que todo estuviera sucio, se hicieron responsables de su chiquero y se pusieron manos a la obra para dejarlo limpio. Ejemplo de ciudadanía y cuidado del planeta (habrá que informarles que se pueden comportar igual y dejar de cazar ballenas!)
Por último, pero no por ello menos importante, tenemos al árbitro Yuichi Nishimura, quien pitó el partido inaugural de Brasil contra Croacia. Sus fallos abrieron la puerta a la polémica y también a la posibilidad de otro resultado en dicho partido. Puntualmente, tres fallos se le reclaman, siendo el más importante (…y famoso!) el que se desarrolló en el minuto 71, cuando el carioca Fred fuerza una jugada en el área croata y vilmente se deja caer. En realidad, sólo le tocaron el hombro levemente, producto de un roce normal en el juego. Fred fingió recibir un golpe que lo candidateó al Óscar, actuación que el japonés se tragó completa y que derivo en el cobró un penalti inexistente y el devenir de la derrota para Croacia.
Algunas horas después de dicho partido, y gracias a la tecnología desarrollada también por japoneses, el desafortunado árbitro pudo comprobar su “mundial” error. Ante ello, pidió disculpas públicas, que si bien no sirvieron de nada a Croacia, nos dejan una lección. Nishimura pidió perdón por “tolerar una mala acción” y reprochó a Fred (el cual, obvio tampoco le hizo caso) el haberse comportado sin decencia y haber fingido una falta que no existió. Se sorprendió de la falta de honor del jugador brasileño y reiteró su enojo a los árbitros auxiliares que le acompañaron y quienes con su silencio, le permitieron “ser tolerante a la mentira”.
Lo negro del arbitraje al final mostró una arista luminosa de lo que el fútbol debe ser y pregonar. Un juego limpio, el “jogo bonito” (presumido por los brasileiros), donde los errores no se ocultan, se asumen y corrigen; donde la verdad y el esfuerzo colectivo reflejan el honor de representar los colores nacionales.
Sin ser ajenos a la realidad del mundo del fútbol donde son muchos los millones de dólares en juego, hoy sólo quedémonos con las emociones dentro de la cancha y en la tribuna, donde los participantes japoneses en esta gran justa mundialista han dado lecciones que superan el ámbito de los estadios. Tal vez ese espíritu y conducción moral en el actuar, hicieron que Japón en la cancha de la historia, lograra levantarse como lo hizo después de la II Guerra Mundial, y una vez más y en tan sólo 3 años después del no tan lejano en el tiempo, terremoto/tsunami que azotó sus costas.
Por ello, hacemos una pausa en nuestra euforia por el buen y bien jugar de nuestros seleccionados, y ante la derrota japonesa en la cancha de juego nos atrevemos a decirles “Ganbaru Nihon” (ánimo Japón).
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