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#Devuelvan a nuestras niñas

Es pasmoso lo que pueden lograr las relativamente nuevas formas de comunicación. En México, hace unos meses, el procurador del consumidor se vio forzado a dimitir gracias a los “arrestos” de su hija #LadyProfeco, quien decidió clausurar un restaurante donde a la nena no le asignaron mesa. Cuando la dueña del mismo se quejó vía twitter, causó tal furor en las redes sociales que no sólo logró se re-abriera su negocio, sino también hizo caer el peso de la “justicia” mediática sobre la hija, el padre y unos cuantos obedientes funcionarios.

Otro ejemplo, de mayor relevancia, fue en el lejano Egipto, donde se fraguó el movimiento de la Primavera Árabe gracias a la comunicación y convocatorias en redes sociales de los jóvenes en contra del hoy derrotado Mubarak.

Así, gracias a las redes sociales conocemos las consecuencias de una dictadura democrática (votada en las urnas) y bolivariana, que atropella estudiantes venezolanos, matando a no pocos en marchas de protesta.

Las redes sociales, sirven también para comunicar, y distraer, o al menos intentarlo. Gracias a ello y particularmente al “pajarito azul”, conocemos de Cristina Kirchner, su relación y opinión que guarda de sus vecinos, sus constantes quejas contra el imperialismo yanqui, y por qué no, también la evolución de su última cirugía.

Y como las redes no hacen distingos de clases sociales, no podemos olvidar, cómo el Rey Juan Carlos de España, probó los sinsabores del enojo mundial cuando conocimos su afición a cazar elefantes, desatándose tal desaprobación que por primera vez (desde 1975) la figura de la monarquía en España fue reprobada en las encuestas, cuestionándose su continuidad.

Al igual que nuestro vecino Obama, quién celebró la victoria en las reelecciones con su “Four more years” (cuatro años más), tweet (en su momento) con el honroso título del más retuiteado en la e-historia. Con él, aseguraba llevar a cabo, las reformas sanitaria y  migratoria; promesas efímeras, meritorias de otro artículo.

El último gran acontecimiento, saltó hace algunos días de la realidad palpable a la virtual, cuando se conoció la desgracia de unas 200 niñas nigerianas las cuales fueron secuestradas de su escuela y siguen sin aparecer. El destino probable para ellas es la esclavitud. Tan solo unas horas después de que se conociera la noticia, un abogado nigeriano Ibrahim M. Abdullahi creó la etiqueta “#Devuelvan a nuestras hijas” y en cuestión de días, más de 5 millones de personas habíamos apoyado de manera virtual dicho reclamo. Virtual. Artistas, actores, deportistas, etc. Salma Hayek en la alfombra roja de Cannes y Michelle Obama, la primera dama de Estados Unidos se unieron a la demanda mundial con unos pequeños cartelones con dicha frase.

Ha sido tal la presión que el fin de semana pasado, se reunieron en Francia los representantes de los gobiernos de: Nigeria, Francia y los países colindantes de Nigeria para declararle la guerra al guerrillero secuestrador de menores Boko Haram.

Es reconfortante saber que el poder de la ciudadanía mundial puede lograr centrar la atención en un tema. Falta saber si tendremos la fuerza suficiente para obligar a los gobiernos a tomar medidas reales y efectivas, no meramente condescendientes con la opinión pública. Pero es un buen inicio.

En el mismo sentido, se vuelve impactante que la actual política exterior de los Estados Unidos auto-proclamado “paladín de la justicia y la libertad”, empiece y termine con un tuit de su Primera Dama; dejando más interrogantes que seguridades en la comunidad internacional.

Los expertos en gobierno, política, relaciones exteriores y tecnología debaten sobre la influencia de las redes sociales. Cuestionan si en verdad logran cambiar el mundo y cuál es su verdadero poder. La verdad es que no lo sabemos. El “Homo-tecno-comunicandis” (descendiente directo del Homo-sapiens, mostrando pulgares más largos y una ligera joroba en la espalda por estar viendo siempre su celular) es impredecible ante su interés por una noticia, el tiempo que persigue una causa y la vuelve propia. Las redes sociales tan solo reflejan esa cualidad humana.

Ojalá la presión de “#Devuelvan a nuestras hijas” continúe y los gobiernos logren su liberación así como el detener el tráfico de menores. Pues sólo si en verdad las personas nos podemos unir en una causa y pugnar por ella, los gobiernos (todos) tendrán que escucharnos y recordar lo que alguna vez dijo Lincoln “Tendremos un nuevo nacimiento de la libertad, y el Gobierno de la gente por la gente y para la gente, no desaparecerá de la faz de la tierra”.

Mientras eso sucede, por las chicas nigerianas, por los estudiantes venezolanos desaparecidos, por los periodistas mexicanos asesinados, por que desaparezcan los malos gobiernos y una larga lista de desmanes:       
                  #Devuelvan a nuestras hijas.
                  #Cumplan con su trabajo gobiernos!

Opinion para Interiores: