La simulación, las deslealtades y la venta de candidaturas al mejor postor, tiene a los priistas poblanos, -aquellos que tienen bien puesta la camiseta-, sumidos en un profundo mar de desencanto, incertidumbre y confusión, en espera de cobrar facturas a sus falsos dirigentes y deshonestos políticos que los han olvidado y traicionado.
El inicio del proceso electoral para renovar a diputados al Congreso de la Unión está a la vuelta de la esquina y vemos a los priistas poblanos totalmente divididos y abatidos por el engaño, con estructuras maltrechas y con marcada ausencia de liderazgos que pudieran restañar las profundas heridas que han dejado los fracasos de luchas electorales pasadas, que fueron aderezadas por incontrolables ambiciones de políticos priistas, que ahora se presentan como salvadores y predicadores de la verdad,
Triste y lamentablemente, ahora que es inminente el relevo de Pablo Fernández del Campo, se escuchan voces de priistas, que buscan la presidencia del CDE del PRI, decir que están listos para rescatar al priismo y llevarlo nuevamente a la senda del triunfo. La mayoría de ellos, en los diferentes cargos que han desempeñado, han tenido la oportunidad de servir y lejos de cumplir con su cometido, se han servido del puesto que lo ven como un botín. Que pena.
Los aspirantes a la presidencia del CDE del PRI, que hasta el momento se mencionan, son verdaderos dinosaurios, que siempre han prometido y no han cumplido nada. O más bien, hablan de honestidad, trabajo y espíritu de servicio, cuando en realidad su estilo es la mentira, verdades a medias y el interés personal.
Para el relevo de Pablo Fernández del Campo, -sostenido con alfileres en el cargo-, se han apuntado Alberto González, con un trabajo muy cuestionado como ex dirigente sindical de la Sección XXII del SNTE y como ex diputado federal; el diputado federal José Luis Márquez, con un pasado nada recomendable; Rocío García Olmedo experta en el engaño, -promete y no cumple-; el marinista Guillermo Deloya, quien camina por el difícil sendero de la política bajo la sombra de su señor padre y Jorge Morales Alducín, aquel camaleón que critica todo y lanza dardos venenosos, para después aderezarlos con miel y rosas.
Todos ellos buscan el poder por el poder, con un cargamento de ambiciones personales. Ellos hablan de rescatar al maltrecho priismo poblano y atender las demandas sociales, pero no dicen como. Atrás han quedado las jornadas de servicio social para las bases priistas que ya no creen en políticos y dirigentes mentirosos.
Hablan de su interés por representar “dignamente” a su partido, el PRI, sin detenerse a reflexionar que efectivamente el tricolor está totalmente partido. La poca militancia está perdida y desorganizada. SALUCITA DE LA BUENA.
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