Los rojos y la macroeconomía
Les consta que, por un lado, no he dejado de advertir los éxitos de la actual administración federal; y, por otro lado, he sido un crítico de las políticas panistas del anterior sexenio. No lo niego, mi postura política es de centro – derecha; y, precisamente por ello, procuro ver primero la paja en el ojo propio que en el ajeno. Por ello, fui el primero en manifestar mi reconocimiento al tema de la aprehensión de la señora Elba Esther; ni Fox, ni Calderón, quisieron, pudieron o supieron, realizar un movimiento político de ese nivel. Sigo aplaudiendo a Peña por haberlo hecho, no obstante lo que se diga de la suerte jurídica de ese asunto. Empero, hoy emitiré una crítica dura a la política fiscal que el gobierno federal intenta implementar durante el año entrante. Vamos así, como suelo decirlo, a peinar el agravio correspondiente:
Recordarán mis contadas lectoras y lectores que, en varias columnas de un servidor, he venido comentando 2 temas: el primero, que algo está pasando con la economía nacional; el segundo, que la reforma fiscal es muy criticable, porque, como siempre, dejó de atender el aspecto clave de ese tópico: el aumentar la base gravable de contribuyentes.
Hoy, tristemente advierto, que a esos 2 temas se suma otro: la intención de suscribir más deuda pública. Es triste, porque todos aquellos que nacimientos a principios de la década de los 70s, recordamos que nuestra infancia y juventud, se caracterizó por una: devaluación generada por la imposibilidad de pagar nuestra deuda pública.
La trama inicial de la novela prometía mucho –creo que eso fue un error- y, luego, capítulo a capítulo se fue desmoronando. Hoy, tenemos un dictamen aprobado por una de las cámaras que dista mucho, pero mucho, de ser una reforma fiscal. Más de lo mismo. Una miscelánea parchada. Pero lo más grave es que, ese desmoronamiento, generó que el gobierno federal pretenda cubrir el déficit que va a tener –por la falta de una verdadera reforma fiscal- con algo que hace mucho, pero mucho tiempo, no teníamos: alta deuda pública.
No es cosa menor; en el periódico “Reforma” del lunes 21 de los corrientes, el periodista Sergio Sarmiento escribe –y sabe de lo que escribe- que: “… para compensar este impacto recesivo el gobierno busca tener un déficit público de 4.1. por ciento del PIB o 721 mil millones de pesos. Esto permitirá al gasto gubernamental alcanzar un record histórico de 4 billones 450 mil millones, pero, 16.2. por ciento no tendrá respaldo en ingresos, lo que significa que tendrá que ser financiado con nueva deuda pública. El gobierno de Peña Nieto va a incurrir en el mayor aumento de deuda, en un solo año, desde la década de 1980.”
Esto es muy serio y lamentable. Como sea, con todos los problemas que ahora tenemos, hace mucho tiempo que dejamos de asistir al lamentable cabaret de la devaluación por impago de deuda; ello, porque estamos conscientes que en ese lugar, siempre nos toca bailar el tango más triste.
Hoy tenemos un México diferente, muchos jóvenes apenas comprenderán de los que históricamente les estoy platicando; no lo vivieron, no lo sintieron y, por lo mismo, no lo conocen en carne propia; pero, muchos de nosotros sí nos acordamos de lo que ello significa; recordamos que se siente ver que el valor de tu dinero disminuye, fuertemente, en cuestión de días y horas. No queremos regresar a esa situación.
Explicado lo anterior, no puedo dejar de preguntarme lo siguiente: ¿si los priistas, los “rojos”, son tan hábiles para ciertos temas políticos y sociales, por qué, por qué siempre tienen que acabar metiendo mano al complicado reloj de la macroeconomía; por qué, desde el primer año de sus administraciones, alteran esos mecanismos que, les guste o no, los “azules” respetaron en beneficio de todos? ¿Por qué?
* Maestro en Derecho. Abogado postulante y asesor jurídico.
Correo electrónico: [email protected]
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