Los M & M (maestros y millonarios….)
“Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acabará su influencia”
(H.B. Adams)
El regreso a clases en nuestro país se ha ensombrecido ante las continuas manifestaciones de quienes dicen llamarse maestros de la CNTE (comisión nacional de trabajadores de la educación), y que un día sí y otro también, protestan enérgicamente su disentir de la última reforma educativa.
Es cierto que todo el mundo tiene derecho a manifestarse, pero también, recordando a Juárez “Entre los individuos como entre las naciones, el derecho al respeto ajeno es la paz”. Y esta máxima pareciera que los manifestantes la han olvidado o que tal vez nunca la aprendieron, pues han robado y destruido propiedad pública y privada a su paso por la capital de nuestro país. Reprobados en civismo, y con mención especial.
Tendrán sus “razones” para manifestarse, si queremos apelar al derecho de la libre expresión; pero podrían hacerlo en su lugar de origen, sin violentar los derechos de los demás, y sin enloquecer completamente a una de por sí ya caótica y neurótica ciudad y las carreteras que nos llevan a ella. Derecho a la educación de nuestros menores que no reciben clase; al libre tránsito de todos quienes se ven afectados con el cierre de vialidades; el derecho a trabajar, que es truncado por vándalos que impiden la llegada a nuestras fuentes de trabajo; el derecho de ser representados por nuestros legisladores que con su silencio y sumisión coartan a su vez nuestro derecho de expresión, de libertad y de decisión.
¿Y el costo, Apá? Sus manifestaciones resultan por demás onerosas a toda la población; con costos alarmantes.
Gerardo Gutiérrez Candiani, Presidente del Consejo Coordinador Empresarial calculaba que al menos 16,000 comercios en la ciudad de México se habían visto afectados por las marchas de los susodichos. Mientras que los comercios en el centro de la otrora Ciudad de los Palacios, contabilizaban hasta el 26 de agosto, pérdidas por más de 400 millones de pesos, que aumentan a 1,400 millones si consideramos toda la ciudad.
Pero bueno, austera fue la renta del Centro Banamex, utilizado como sede alterna para las sesiones de diputados y senadores, cuyo costo fue mucho menor, sólo de…. 4 millones de pesos. Sin mencionar el costo económico (y anímico para los fans) de posponer el partido a celebrarse en el estadio olímpico de Ciudad Universitaria, con un cupo de 63,186 almas a repartirse entre Pumas y Águilas. Tal vez, el CNTE envidie no tener un equipo de primera y jugar el clásico contra su homónimo y huérfano de maestra.
Y así, hay más costos que se acumulan día a día y que no se han cuantificado; como el traslado de policías que ya no sabe uno a quienes protegen; la manutención de los maestros en el Zócalo y en otros puntos, incluyendo sus tiendas de campaña, nuevas e importadas; las millonarias pérdidas sufridas por el aeropuerto, viajeros y aerolíneas, con el bloqueo a vialidades; y también el costo de automóviles robados, calles destrozadas y otros actos de barbarie de posgrado.
¿Y los costos incuantificables que los ciudadanos, pagamos de contado y a crédito por muchos años?
- los 2.5 millones de niños perdiendo clases día con día, sin quién defienda su derecho a la educación.
- el tiempo perdido por miles de automovilistas para llegar o no llegar a su empleo o a su casa en la ciudad de México
- las horas que un padre no estará con sus hijos, a cambio del estacionamiento gratuito en un periférico bloqueado.
- el susto e incertidumbre de un niño cuando su madre no le pudo recoger a tiempo en su escuela.
- los 90 minutos negados de fantasía y emoción para muchos mexicanos que esperaban el Clásico, mientras otros tantos perdían su noche de venta-subsistencia.
- el desprestigio para muchos otros miles de maestros que si trabajan y forman día a día con sus conocimientos a sus alumnos, sin tener nada que ver con los que hoy se manifiestan.
- la imagen del México que proyectamos ante connacionales y extranjeros, donde maratones y vuelos lecheros, nacionales y transoceánicos deben modificarse o cancelarse para “respetar” el derecho de unos cuantos invasores con título.
- Y tal vez el peor: la enseñanza a millones de estudiantes, quienes aprenden con el ejemplo de una máxima tan rijosa como verdadera: “si no estás de acuerdo con algo, destrózalo, manifiéstate sin mesura, y no realices tu trabajo, nadie te lo impedirá y hasta saldrás en la tele…”.
Los costos y pérdidas son exorbitantes en dinero, valores, en tiempo y oportunidades perdidas, en lo cuantificable y en lo intangible. Y esto, nos lleva a pensar, que los “maestros” que se manifiestan, no sólo gozan de una gran educación incendiaria y mitotera, sino que al amparo de sus millonarios líderes, dispendian en conjunto y sin mesura el dinero de todos nosotros. Pasémosles la factura de algunos de los costos mencionados, exigiéndoles que paguen todo los costos antes mencionados, y que a la par, limpien el prestigio y valor del título magisterial que presumen; sólo entonces, recuperarán su derecho a manifestarse.
