La Mixteca y Sierra Negra, territorios en el olvido
En una reciente entrega hacía mención de las dos Pueblas que nos tocó vivir: la Puebla de los pasos a desnivel, el teleférico y la ruedota de la fortuna; y la Puebla de las carencias y la marginación, en la que desafortunadamente vive la inmensa mayoría de los poblanos.
En días pasados, este columnista tuvo la oportunidad de recorrer varios municipios de la Sierra Norte y platicar con al menos con una docena de personas, coincidiendo todos en el abandono morenovallista al campo poblano.
Sin excepción, igual en la Mixteca y Sierra Negra, el sentir de la gente es en el sentido de la inexistencia de proyectos productivos para apoyar a quienes buscan hacer de la industria agrícola y ganadera su medio de vida.
En tres años, el gobernador se limitó a entregar los famosos mototractores, los cuales resultan inservibles para las condiciones del campo, particularmente en terrenos tan desiguales —quebrados— como los que abundan en la Sierra Norte poblana.
Sin duda, la única esperanza que hoy tiene la gente del campo es recibir el respaldo y el apoyo de las delegaciones federales de Sagarpa y Sedatu, para tener acceso a los programas de estas dependencias.
Y quedó confirmando aquel dicho que reza: “Dios aprieta pero no ahorca”; los poblanos tuvieron la suerte de que a Puebla regresara Alberto Jiménez Merino, quien además de conocer los problemas del sector campesino y ganadero es un apasionado impulsor de los proyectos productivos.
Esperemos que si el gobierno del estado no ayuda, cuando menos no estorbe a personajes como el delegado de Sagarpa, quien puede retomar el camino perdido en estos casi tres años de abandono al campo.
No es casual el retroceso en materia de pobreza extrema que, según el Coneval, sufrió Puebla en los últimos dos años. El derroche millonario en obras como la de Los Fuertes, los pasos a desnivel, el teleférico y la megarueda no reducen en nada los parámetros de pobreza, ni mejoran la calidad de vida de los poblanos.
De ahí que las ocurrencias morenovallistas tengan como consecuencia la estrepitosa caída de Puebla, aportando más pobres que ningún otro estado en lo que va de la administración estatal.
Aquí nada es casual, y los lujos del gobernador nos han costado muy caros.
Las carreteras, otro olvido
A propósito de la Puebla olvidada, debo decir que al recorrer el estado por carretera uno se encuentra con infinidad de caminos casi deshechos. Y no estoy hablando de vías secundarias, sino de caminos que enlazan a las cabeceras municipales de esa región.
Obviamente, para quien viaja cómodamente en un lujoso helicóptero le resulta imposible conocer las condiciones en las que se encuentran estas vías de comunicación, las cuales literalmente se están desmoronando.
Tristemente, tengo claro que ese abandono en el que se encuentran esas carreteras no cambiará, por una simple y sencilla razón: que esas obras de mantenimiento no tienen el impacto mediático de los puentes de la ciudad.
Para nadie es un secreto que el sello de las obras del Señor de los Cerros es el relumbrón, y que aquellas que no lo lleven implícito no entrarán jamás en sus planes.
En los próximos días, Intolerancia presentará un reportaje gráfico de esas carreteras, lo que demuestra el olvido en el que las tiene el gobierno.
