La definición del candidato
Aunque a usted le cueste creerlo, en la dirigencia nacional del PRI prevén un proceso de selección de candidato a 'mini' gobernador de lo más terso.
Es decir, allá en la oficina de Manlio Fabio Beltrones confían en que no habrá manifestaciones de inconformidad, exabruptos ni manotazos en la mesa entre los priistas poblanos una vez que, a finales de este mes, se dé a conocer de manera extraoficial el nombre del abanderado (o abanderada) que competirá con la camiseta tricolor en los comicios de 2016.
Podría usted extrañarse ante tales expectativas.
En una situación normal eso sucedería.
Pero no lo haga.
La sucesión del próximo año no corresponderá, de ninguna manera, a una "situación normal".
Parece que en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI tienen razón en pronosticar una contienda interna de perfil bajo.
Según los jerarcas del tricolor, el reducido periodo de gobierno que se disputará en 2016, de apenas un año y ocho meses, sumado a la proximidad de la siguiente elección, que se realizará en 2018, le han quitado interés a la contienda en curso.
¿Qué han concluido en el priismo?
Que salvo casos muy contados, como el de Enrique Doger Guerrero y Alberto Jiménez Merino, los presuntos aspirantes son solo eso: "presuntos".
¿Por qué lo piensan así?
Porque se han dado cuenta que la mayoría de ellos salen, levantan la mano, se reúnen en grupos para tomarse la foto y dicen que quieren convertirse en el candidato a gobernador, pero lo que en realidad buscan es participar hasta el 2018.
El mejor ejemplo de ello es Blanca Alcalá Ruiz, que aun siendo la mejor posicionada de los priistas, o justamente por eso, hasta hace unos meses prefería ser ignorada por completo en la lucha por la 'mini' gubernatura.
Juan Carlos Lastiri Quirós es uno más de esos ejemplos.
Otros aspirantes declarados solo buscan anotarse en la puja para ver qué beneficio obtienen más adelante, cuando llegue la hora de cerrar la acostumbrada negociación política.
Frente a ese escenario, lo que esperan en el PRI es que no haya resistencias de relevancia a la hora del dedazo, o destape, como prefiera llamarle.
La inmediata disputa preelectoral que generará la sucesión de gobernador de 2018 servirá de anzuelo para los "perdedores" del 2016.
De alguna manera, eso representa un alivio para los encargados de conducir la definición de candidato que habrá de concretarse en las próximas semanas.
No es poca cosa.
Que los priistas no enfrenten un riesgo de ruptura como en 2010 ya es ganancia para sus metas y objetivos.
Los "perdedores" podrían no sumarse en los hechos al ungido, solo hacerlo de palabra y tomarse la foto.
Pero del "no hago nada por ti" al "opero en tu contra y en favor del enemigo (PAN)" hay una enorme diferencia.
Por eso es que pronostican un final feliz.
Solo en la fase de selección del candidato.
Lo que venga después, el resultado de la contienda electoral, será una historia aparte.
@jorgerdzc
