Ajalpan, el desprecio por lo humano

Israel Velázquez G / El Popular
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Hay quienes se encuentran bien hasta en la desgracia…, y más si la ocasionan. Cientos de perso­nas se detienen a mirar el asesina­to de dos encuestadores, como si de un espec­táculo se tratara. Hay un video en el que se les ve cruzados de brazos, dispuestos a disfrutar, cómplices irracionalmente pasivos.

Están, sólo están, sin el menor asomo de piedad ni respeto por algo garantizado en la Constitución: el derecho a la vida. Se ve tam­bién a una mujer aplaudir la violencia que se ejerce contra los hermanos José Abraham y Rey David Copado Molina, de 25 y 35 años edad…, otra vez: celebremos que sufra el de enfrente.

No importa que no haya argumentos que comprueben su supuesta culpabilidad.

No importa que los maten, que los macheteen, que los quemen vivos.

Nada importa.

El desprecio por el semejante, por lo huma­no, llevado a sus últimas consecuencias en Ajal­pan, Puebla.

Entre los mirones están también aquellos que debieran garantizar la seguridad: policías que se limitaron a ver y, cuando se sintieron en peligro, se escondieron. ¿Su responsabilidad?, ¿saben que la tienen?

El presidente municipal tiene claro lo que pasó: solicitó apoyo estatal, y éste llegó tres horas des­pués, pero nunca con la orden de intervenir para defender a las víctimas, ni de frenar el saqueo de la presidencia municipal.

Nada. Los mandaron a ver, sólo a ver…, y obe­decieron.

Autoridades estatales y municipales, enton­ces, permitieron el linchamiento y todo lo que vino después. No actúen, sólo vean. Estén, que no digan que no respondimos al llamado. La vida supeditada a una orden.

¿Dónde estaba Jesús Rodríguez Almeida?, cuando él no está a cargo, ¿quién asume la responsabilidad?

¿Basta con pedir el Mando Único que no ha tenido resultados en estados como Veracruz o Guanajuato? ¿Se tiene idea de que gobernar implica cuidar de la gente, darle las garantías de que sus derechos humanos estarán intactos?

Otra vez. Ni policías municipales.

Ni habitantes.

Ni policías estatales.

Nadie se atrevió a defender la vida.

Y sí, por ejemplo, alguno se animó a tomar­se una selfie.

No es su tragedia, pero se encuentran cómo­dos en ella. Viéndola, filmándola. Creen, en su supina insensibilidad, encontrar alivio a su des­confianza, a su desesperanza: la justicia está en sus manos, porque nadie los gobierna. Y cuando nadie tiene responsabilidad, nadie tiene culpa ni se compromete demasiado.

Las reacciones, risibles por insensatas, rayan en lo ofensivo: el gobernador asegura que la Cons­titución Política de los Estados Unidos Mexica­nos establece claramente las facultades y obliga­ciones de cada orden de gobierno. No se actúa, no se mueve nada si no lo dicta la ley…, así esté en riesgo una vida.

Imposible no sentirse afectado ante el impac­to que la desgracia de Ajalpan significa. ¿Basta pronunciarse desde el sofá, desalentados, sobre un espectáculo impresentable?

Todos: linchadores y autoridades de primer y segundo nivel son hombres producto de su tiem­po, como hay tantos: disciplinados, aplicados en el cumplimiento de órdenes y lo que dicta la Constitu­ción. Personas, ellas todas, terrible y temiblemen­te normales, personas que renunciaron a pensar.

¿Qué viene ahora? Un festín de descalificaciones. ¿Alguien se siente seguro?

* Periodista. Coordinador editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla. @velazquezisrael

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