Se mueven las piezas para la minigubernatura de 2016
Como ya se ha citado, la elección de 2016, en donde los poblanos elegirán a un gobernador para un período de un año ocho meses, es vista con cierto desprecio para los políticos de peso completo en el estado.
Partiendo de las circunstancias que imperarán para la elección del minigobernador, todo hace pensar que será un morenovallista el que logre imponerse en 2016 en la que será una minielección de Estado.
¿Imagínense quién —que no sea apadrinado por el Señor de los Cerros— va a estar dispuesto a derrochar millones y millones para ser gobernador por menos de dos años?
Las condiciones únicas de esta elección le darán condiciones de ventaja para cualquiera que sea el candidato del gobernador.
No sería extraño que se vuelva a dar una alianza multicolor, entre el PAN y los partidos que han sido cómplices del morenovallismo en las últimas dos elecciones locales.
De ahí que exista cuando menos un quinteto de suspirantes a la minigubernatura, la cual cumplirá con la función de caja chica del proyecto presidencial.
Para ese fin ya hay nombres apuntados en la baraja del gobernador. Entre ellos no se debe perder de vista a Luis Maldonado como un hombre cercano y confiable que le garantice lealtad absoluta al hoy gobernador.
Otros que se mueven son algunos panistas como Rafael Micalco y Pablito Rodríguez, aunque difícilmente le cederán la posición a un hombre ajeno a la burbuja.
Otros que suspiran son Mario Rincón, quien suele perder fácilmente el piso, como cuando intentó brincar a la Secretaría de Gobernación, intentando derrocar a su exjefe Fernando Manzanilla.
Aunque parezca descabellado, también tiene boleto Patricia Leal, quien además de ser una de las ganadoras del 7 de julio cuenta con una amistad a prueba de todo con Moreno Valle, lo cual es un mérito mayor.
Sin embargo, pese a todos los que quieren, me parece que quien terminará siendo el candidato a mini gobernador es Jorge Aguilar Chedraui, aunque sus apetencias estén enfocadas en la gubernatura mayor.
Difícilmente el gobernador va a encontrar una mejor carta que Aguilar Chedraui, porque si algo necesita es desaparecer al fantasma de la traición.
Y para ese entonces, en pleno ocaso del poder sexenal, las traiciones estarán a la orden del día.
Es ley de vida.
Un Congreso anacrónico
Si el Congreso del estado actual ha funcionado como una oficina alterna a Casa Puebla, no quiero ni imaginar lo que veremos en la próxima Legislatura.
Muchos de los reporteros que vivieron los excesos legislativos en tiempos de Bartlett y Marín seguramente confirmarán que son juego de niños comparado con lo que hoy sucede en el Congreso.
Si en algo era un experto Manuel Bartlett era en el cuidado de las formas, para que el fondo le favoreciera a sus mandatos.
Hoy no se cuida ni el fondo y mucho menos la forma.
Y prometen que “lo mejor está por venir”.
Pa’lamadre.
