Todo intento por sostener a un sistema obsoleto, en lugar de lograr su objetivo, lo precipita. ¿Cómo fue que la imagen triunfante del Presidente resultó arrollada por la situación que vivimos? Delincuentes que corrompen o desafían a la autoridad, ciudadanos hartos del terrible flagelo de todo tipo de delitos, un Presidente que parece incapaz de encontrar algún principio de solución y un Estado al que algunos catalogan como “fallido”. La violencia, la delincuencia, la corrupción y la impunidad han llegado a excesos que no debemos tolerar más. Por si no bastase, en la lucha por espacios y candidaturas nadie parece interesado en asumir la responsabilidad inherente al cargo, mientras el titular del Ejecutivo les hace un llamado para que cada instancia garantice la seguridad a los ciudadanos. Todos dicen “sí” pero en los hechos distan mucho de arrimar el hombro…
Escándalos de personajes del ámbito político que adquieren mansiones en circunstancias poco claras y dan explicaciones que son verdaderos insultos a la inteligencia de los demás. Borrachazos de servidores públicos que en unos minutos acaban con costosos vehículos, mientras otros apenas tuvieron para comer ese mismo día. Tráfico de influencias y moches al mayoreo…
Secuestrados, ejecutados y desaparecidos. Padres de familia y esposas buscando a sus seres queridos para tener el consuelo de saber al menos dónde quedaron tendidos o sepultados clandestinamente. Una sociedad en plena atomización policéntrica, que ya no quiere palabras sino resultados. Una autoridad que reconoce que las reformas propuestas van a tardar al menos dos años, en el mejor de los casos. Parece no haber un punto firme o un asidero del cual sujetarse, mientras los obispos hacen un llamado para que cese la oleada de violencia y muerte…
Todo parece estar a la venta y por ese camino corremos el riesgo de convertirnos en un país de cínicos, donde nada vale pero sí tiene un precio…
A quien esté preocupado por la enorme cantidad de muertos que llevamos en el sexenio en curso, le sugiero revise las cifras de abortos para que constate que tan sólo en el DF han muerto más seres humanos que en todas las tropelías de la delincuencia organizada. Lo que pasa es que, en lugar de verlos como personas, insisten en usar la tecnocrática denominación: “el producto”…
“Como hermanos gemelos…”
Si algo ha quedado demostrado es que, además de existir vínculos entre autoridades y delincuentes, la esfera política y la del crimen también se asemejan por actuar con impunidad. Lo ocurrido a los normalistas simplemente evidenció más el problema, pero en paralelo se han visto indicios de corrupción que apuntan a que se han dejado “huecos” en la legislación relativa para que los políticos no sean enjuiciados o sigan en el cargo. Eso no ha pasado inadvertido para la opinión pública, que muchas veces mira a los dos ámbitos como parte de lo mismo…
Pero no hay que engañarse. Tenemos un estado de inseguridad que no ha podido abatirse y no hay garantías de impartición de justicia, pero no son el punto de partida. En el fondo, se ha devaluado la vida humana y en el mejor de los casos forma parte de las estadísticas. No hay seguridad ni justicia que valga si no garantizamos la vida de las personas en cualquiera de sus etapas o condiciones. ¿Qué se puede esperar de los delincuentes si en la esfera política tampoco valoran la vida humana? Este fin de semana no fue la excepción y se localizaron más fosas clandestinas. Al darse a conocer la desaparición del alcalde de Cocula, por cierto de extracción priista, corrieron los rumores: que había huido temiendo ser detenido por la creciente presión social, que los narcos lo habían silenciado o que estaba en la SEIDO. Asimismo, aumentan las dudas en el caso La Ruana por los indicios de que la Gendarmería hubiese provocado o al menos participado en el enfrentamiento, para después hacerse a un lado y ambos grupos en pugna se eliminasen…
“La Cocoa” Calderón va como candidata de unidad del PAN. De lograr su propósito, sin duda tendrá por delante un reto peligroso…
“Un apocalipsis inesperado…”
En los años setenta se publicaron libros que anunciaban una especie de apocalipsis en razón del choque entre crecimiento de la población y recursos, entre la tecnología y las condiciones de la vida humana. Incluso algunos de ellos fueron llevados a la pantalla y también se publicaron informes “serios” que avalaban lo anterior con tendencias que registraban diversas gráficas…
Aunque se filmaron varias películas, se tornó emblemática la que en español llamaron “Cuando el destino nos alcance”, anticipo de un futuro en el cual la humanidad habría acabado con todos los recursos a la par de enfrentar un crecimiento poblacional desbocado. En el fondo, era una sociedad de caníbales que convertían a los muertos en una especie de galletas. Desde un ángulo científico, el Club de Roma avaló el estudio “Los límites del crecimiento” que vaticinaba un difícil destino para los hombres. Hasta en la música Jean-Michel Jarret nos impactó con su álbum “Oxígeno”…
Sin embargo, no se previó que podría darse otro tipo de apocalipsis, el que ahora estamos viviendo los mexicanos. Nos golpea el flagelo delictivo del narcotráfico, la trata de personas y la pederastia, ente otros…
Las maniobras para convertir el aborto, la eutanasia y la eugenesia en políticas públicas, tienen su propia historia. Los nazis y el comunismo soviético trataron de hacer lo mismo. Es un nuevo tipo de sacrificio ritual que nos aparece en lo cotidiano…
En la base del problema, está el desprecio y devaluación de la vida humana. Se mata con lujo de crueldad y en total impunidad. El rostro es maligno. La corrupción nos muestra otro aspecto que apunta a la dimensión ética. La crisis de México es ética y humana, y así debemos intentar resolverla…
“Los sueños del corazón…”
La capacidad de comercialización de la delincuencia organizada se basa en vender un mito: el de una vida feliz con drogas, prostitución y placeres al por mayor, siendo el resultado un verdadero infierno. De un lado están los adictos y del otro los muchos muertos y desaparecidos que han terminado en las innumerables fosas clandestinas…
La historia de la corrupción política también está plagada de “jacalitos” y tráfico de influencias. Por cada peso agenciado, han dejado a muchos sumidos en la marginación y la pobreza. Al rozar la frontera con la delincuencia, los gobernantes y funcionarios han terminado viviendo su propio infierno. Son los sueños de la razón…
No debemos perder a México, porque nos perderíamos a nosotros mismos. Tenemos que aprender a soñar con el corazón y no con la razón. Dos cinismos nos estorban: el de aquellos que roban con descaro y se asocian con delincuentes, y el de los que se conciben más blancos que la nieve. Hay que partir de nuestra condición humana, capaz de hacer el bien o el mal. Cuando le pidieron a Tomás Moro jurar en falso el Acta de Supremacía de Enrique VIII, se negó diciendo que su honor y dignidad era como agua entre sus manos. De abrir sus dedos, se perdería a sí mismo con el riesgo de no poder encontrarse jamás. Sobre los hombros de los ciudadanos descansa la decisión de responder a nuestros problemas…
Hasta entonces…
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Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos
