Capital humano, capital financiero
- Víctor Reynoso
La misma semana en que se hacían públicos datos sobre los bajos niveles en comprensión lectora y acceso a internet de los estudiantes mexicanos la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación realizó un paro nacional de tres días, que implicó bloqueos de avenidas en donde se encuentran oficinas de las Afores en la Ciudad de México.
Una protesta simbólica contra una de las formas de generación de riqueza, el capital financiero. La protesta de los maestros alude necesariamente a otro tipo de capital, el capital humano. Ninguna sociedad moderna es próspera sin un buen desarrollo de ambos tipos de capitales.
El capital se puede definir como riqueza que genera más riqueza. Si nos centramos en el capital humano la idea es clara: una sociedad con una población con buenos niveles de educación (no me refiero a títulos académicos, sino a las muy diversas competencias que se cultivan mediante la educación) es una sociedad rica.
“Ni litio ni petróleo: educación”, escribió acertadamente el Nanoprofe. Las sociedades más prósperas (y más felices, según el reciente informe de la Universidad de Oxford) tienen altos niveles educativos.
Preocupan los dos datos hechos públicos la semana pasada por la UNESCO: el bajo nivel de comprensión lectora y el escaso acceso a internet de las escuelas primarias en México.
Se entiende la preocupación de los miembros de la CNTE que los llevaron al paro de la semana pasada: la necesidad de contar con jubilaciones dignas. Se entiende que el problema no depende del gobierno, pues los recursos no alcanzan para cubrir esas jubilaciones.
Y no alcanzarán si la economía del país sigue estancada. Son muchos los factores de este estancamiento, pero uno de ellos es probable que sea la pobreza de nuestro capital humano.
Y este tema, la educación, el desarrollo de competencias en las personas como una riqueza necesaria para crear más riqueza, ha estado fuera de la agenda del país en los últimos años. ¿Cuándo volverá a estar en el centro de esta?
Hay rezagos educativos de décadas. Parece que se han acentuado en los últimos años. Y no parece ser una preocupación prioritaria en nuestro país hoy. Pero, como siempre, el futuro del país se juega en la educación. Si la descuidamos, estamos descuidando nuestro futuro.
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Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.
