2025: Año de la Mujer Indígena en México
- Ivanhoe García Islas
El 23 de diciembre de 2024, el Gobierno de México anunció que 2025 sería el "Año de la Mujer Indígena". Esta designación, promovida por la administración de la primera presidenta del país, Claudia Sheinbaum Pardo, continúa la línea discursiva del "llegamos todas", eslogan que pretende proyectar inclusión y pluralidad. Este reconocimiento simbólico se materializa en un emblema que reúne a cuatro figuras femeninas históricas: Tecuichpo-Ixcaxochitzin (mexica), Tz'ak-b'u Aha (maya), Señora 6 Mono (mixteca) y Xiuhtzatzin (tolteca). Las cuatro mujeres, pertenecientes a culturas prehispánicas, son presentadas en conjunto como símbolo para un año conmemorativo que busca visibilizar el papel de las mujeres indígenas en la historia y el presente de México.

La selección iconográfica del emblema oficial reproduce el patrón histórico que ha caracterizado la relación del Estado mexicano con los pueblos originarios: la exaltación del "indio muerto" frente a la marginación del "indio vivo" actual. El indio muerto y el pasado prehispánico sirven para la exaltación nacionalista y la construcción de una identidad ficticia, mientras el indio vivo sigue en los hechos siendo invisibilizado. Este mecanismo no es nuevo, se ha sofisticado bajo la fachada de un discurso oficialista aparentemente progresista, para muestra el nombre del partido oficial. La celebración simbólica de figuras indígenas históricas forma parte de una tradición de manipulación de la memoria indígena para fines políticos, sin cuestionar las estructuras que perpetúan la desigualdad.
El carácter colonial de la celebración
El Año de la Mujer Indígena ejemplifica cómo el Estado se apropia de luchas históricas para vaciarlas de contenido y blanquearlas. El Estado mexicano ha perfeccionado la estrategia de apropiarse de los símbolos y demandas de los pueblos originarios para desactivar su potencial transformador. Esta práctica consiste en incorporar al discurso oficial aquellas reivindicaciones que han costado sufrimiento y esfuerzo, para neutralizarlas y presentarlas como concesiones benévolas del poder. Así, conceptos como autonomía, territorio o derechos colectivos son despojados de su carga política y convertidos en retórica inofensiva para el sistema.
Mientras las imágenes prehispánicas adornan la conmemoración oficial, la realidad de las mujeres indígenas contemporáneas permanece invisibilizada. Según el informe del CONEVAL: "El 79.2% de la población indígena vive en condiciones de pobreza, cifra que aumenta al 83.7% entre las mujeres indígenas. El 45.3% de ellas no tiene acceso a servicios de salud, el 32.7% presenta rezago educativo y el 89.4% carece de seguridad social." [1]
La mujer indígena es valorada como imagen folclórica, como atractivo turístico o como símbolo de la mexicanidad, pero raramente como un ser humano con plenos derechos. Sus saberes son patrimonializados mientras sus cuerpos son marginados. Esta folclorización opera como una forma sofisticada de racismo que exalta lo indígena como patrimonio mientras desvaloriza a los indígenas como seres políticos.
Asistencialismo sin transformación estructural
Transcurridos cuatro meses desde la declaración oficial del Año de la Mujer Indígena, ningún cambio sustancial se observa en las comunidades. Los programas asistenciales dirigidos a comunidades indígenas, si bien representan una ayuda inmediata, no modifican las relaciones de poder ni transforman las causas estructurales de la pobreza. Las cifras de salud materna ilustran la brecha entre discurso y realidad. La Secretaría de Salud reporta: "Las tasas de mortalidad materna en regiones predominantemente indígenas alcanzan 62.3 por cada 100,000 nacimientos, cifra que duplica la media nacional de 31.2. Esta disparidad refleja las barreras lingüísticas, geográficas y culturales que enfrentan las mujeres indígenas para acceder a servicios de salud de calidad." [2] La "transformación" parece limitarse a logotipos y ceremonias oficiales.
Mientras tanto, la gentrificación desplaza a comunidades enteras de sus territorios ancestrales. La mercantilización de “lo indígena” como experiencia turística genera procesos que expulsan a los propios indígenas de sus territorios, convirtiendo sus espacios de vida en paisajes para el consumo exterior, un ejemplo cercano se aprecia en las tres Cholulas en donde las comunidades originarias se enfrentan al desplazamiento y a la expoliación de sus recursos, entre ellos el más importante, el agua.
La vigencia de Mariátegui
La verdadera reivindicación de los derechos de las mujeres indígenas exige medidas estructurales, no conmemoraciones simbólicas. La historia de México está repleta de celebraciones que en el discurso afirman lo que en la práctica niegan. El verdadero reconocimiento a las mujeres indígenas no está en los emblemas oficiales, sino en el respeto efectivo a sus derechos territoriales, en garantizar su participación política real y en transformar las relaciones de poder que sostienen su exclusión.
Estas transformaciones son imposibles dentro del actual modelo económico. José Carlos Mariátegui (1894-1930) identificó esta contradicción hace casi un siglo: "El problema del indio es el problema de la tierra. La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Sin resolver este problema, cualquier intento de solucionar la situación del indígena resulta superficial o declarativo." [3] Su análisis mantiene plena vigencia cuando observamos cómo las reivindicaciones de los pueblos originarios enfrentan un modelo que prioriza la acumulación de capital sobre la vida, y en concordancia, la 4T se queda en lo superficial o declarativo.
El Estado busca deslegitimizar las luchas de las comunidades, cooptarlas, neutralizarlas simbólicamente y administrar la miseria que padecen a través del asistencialismo. La solución para los pueblos originarios es transformar de raíz un sistema incompatible con la vida misma. El verdadero reconocimiento sólo puede emerger de un modelo construido desde abajo y desde otras formas de gobierno.
Alternativas de resistencia y cambio
El 2025 como Año de la Mujer Indígena representa una nueva manifestación de la apropiación simbólica que caracteriza la relación del Estado mexicano con los pueblos originarios. La distancia entre la celebración oficial y la realidad material de las mujeres indígenas revela el carácter superficial de este reconocimiento, y así, mientras el Estado celebra retóricamente el Año de la Mujer Indígena, son ellas quienes construyen alternativas concretas.
Las mujeres indígenas han desarrollado respuestas colectivas frente a la violencia estructural, creando proyectos económicos alternativos, sistemas propios de justicia, medios de comunicación comunitarios y espacios autónomos de formación política. Estas experiencias constituyen propuestas contrahegemónicas que cuestionan no sólo la relación del Estado con los pueblos originarios, sino también las relaciones dentro y fuera de sus comunidades, las mujeres indígenas demuestran la viabilidad de formas de organización basadas en principios de reciprocidad, cuidado colectivo y armonía con la naturaleza.
Sólo un modelo que emerja desde las comunidades, respete su autonomía territorial, detenga el extractivismo y garantice derechos colectivos e individuales podrá representar un cambio real. Las conmemoraciones vacías que no modifican condiciones estructurales terminan funcionando como mecanismos de legitimación que permiten la continuidad de políticas que marginan a aquellos que dicen celebrar.
[1] Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), "Pobreza y población indígena en México: actualización estadística 2023-2024", Informe especial, México, 2024, p. 45.
[2] Secretaría de Salud, "Panorama de la salud materna en comunidades indígenas", Boletín Epidemiológico, Vol. 42, No. 3, México, abril 2025, p. 14.
[3] Mariátegui, José Carlos, "El problema del indio", en Siete ensayos de interpretación dela realidad peruana, Editorial Minerva, Lima, 1928, p. 41.
Referencias
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), "Pobreza y población indígena en México: actualización estadística 2023-2024", Informe especial, México, 2024.
Mariátegui, José Carlos, "El problema del indio", en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Editorial Minerva, Lima, 1928.
Observatorio de Políticas Sociales, "Análisis de programas sociales dirigidos a pueblos indígenas 2021-2024", CIESAS, México, 2024.
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Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.
