El dolor crónico y las células de soporte: la glía
- José Ramón Eguibar Cuenca
La sensación de dolor es inherente a todos los seres vivos, y es un mecanismo de defensa fundamental cuando sufrimos algún tipo de daño como puede ser una cortada, picarnos con un objeto agudo, o torcernos alguna articulación. El dolor que sufrimos es agudo y evoluciona rápidamente a un dolor que abarca un área alrededor del daño, se retrae la extremidad lesionada o se protege el área afectada para evitar ser tocada y se tienen respuestas emocionales de tristeza. Esto es la respuesta de dolor, es mediada por las células nerviosas específicas (neuronas) especializadas en transmitir esta sensación a todo el sistema nervioso incluyendo la médula espinal y el cerebro. El tratamiento consiste en aplicar hielo en la zona afectada, tomar algún analgésico no esteroidal como aspirina o ibuprofeno y curar el área lesionada para evitar un proceso infeccioso.
Sin embargo, existe un segundo tipo de dolor, el crónico que persiste por varias semanas y en el que la sensación dolorosa es diferente ya que se siente que quema, que tiene una localización profunda, sensación de descarga eléctrica entre otras sensaciones. En este tipo de dolor participan además de las neuronas, las células de soporte de sistema nervioso: la glía que son más numerosas que las propias neuronas en una proporción de 10 células de la glía por cada neurona. De tal forma que las células de la glía y sus productos son ahora un blanco potencial para la elaboración de nuevos medicamentos. Vale la pena saber que el tratamiento del dolor crónico es mayor en costo que el del cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes juntas.
Poner por ejemplo que hay enfermedades que cursan con dolor crónico como la artritis y que causa discapacidad laboral y altos costos tanto de tratamiento como para la familia y la sociedad porque ya no trabaja el enfermo.
Esperemos que estas investigaciones ofrezcan alivio de aquellos sujetos que padecen algún tipo de dolor crónico.
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Médico de profesión, maestro en Ciencias Fisiológicas por la BUAP y doctor en Neurociencias por el CINVESTAV del IPN. Es miembro del SNI y de la Academia Nacional de Medicina. Actualmente es director General de Internacionalización de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
