Entre el futbol y el nacionalismo
Debo confesar que desde hace muchos años dejé de ser el fanático futbolero que dejaba de lado lo más importante de la vida con tal de no faltar a un solo partido del Puebla FC, fuese televisado o en vivo, y mejor esto último ya que resultaba pretexto para echarse unas "frías" con los cuates sea para celebrar un triunfo o para darnos a la crítica en las derrotas, cosa que resultaba lo más frecuente.
Como todo mexicano en su momento me creí el cuento de Televisa, en los años de la selección de los "ratones verdes", de que solo bastaría la presencia de nuestros jugadores en las canchas argentinas para que los equipos rivales entraran en pánico y cedieran ante la magia mexicana reconociendo que sin duda seriamos los indiscutibles ganadores de la copa del mundo.
También por aquellos años el torneo de la CONCACAF resultaba ser pan comido para nuestros seleccionados; entonces los tristes gringos no sabían ni para que servía el balón, si acaso el equipo más temible resultaba ser el de Costa Rica a quien... ¡horror!... le sucedería el de Haití con sus prácticas de "vudú" que resultaron ser ciertas en aquello de paralizar de miedo a los contrincantes mexicanos... ¿será?
Con el paso del tiempo y después de una terapia de desintoxicación que empezó por apagar la televisión y dejar de hacer caso a los jilgueros de Televisa, me entregué a mejores prácticas de entretenimiento alejando de mis conversaciones el tema del futbol lo que me trajo salud mental sin las frustraciones que provoca el deporte más popular de nuestro país.
Años después, cuando accidentalmente me encuentro con un partido televisado, nunca más pagaré por hacerlo, puedo soportar verlo unos minutos y lejos de poner atención al desempeño de los jugadores sobre la cancha me dedico a escuchar la serie de sandeces de los comentaristas deportivos, quienes se dan a la tarea de narrar un partido diferente al que se encuentran transmitiendo, lleno de elogios a las torpezas, errores, falta de capacidad y lentitud de los futbolistas nacionales.
Todos estos elogios alcanzan niveles insospechados cuando se trata de la mal llamada selección mexicana, en realidad la de Televisa, relacionándola con el sentimiento patrio, la identidad nacional, el nacionalismo a ultranza, haciendo ver que si resulta derrotada la tragedia debe compararse con una derrota de las huestes nacionales, pero si sale airosa entonces habrá que festejarla como si en esto nos lleváramos la vida misma.
Que lamentable situación nos espera si el resultado frente a Nueva Zelanda nos resulta adverso, ya que en esto perderemos el honor nacional, pero también que risible resultará si el resultado nos favorece ya que debemos prepararnos para recibir con todos los honores a nuestros nuevos héroes que han salvado el honor patrio.
Lo peor de todo es que mientras esto sucede la verdadera Patria se desangra, empobrece y se pone en venta al mejor postor nacional o extranjero.
Pobre de México con este nacionalismo desechable producto Televisa, mejor me quedo con los héroes de mi niñez y que me fueron motivo de conmemorar en aquellos lunes de la escuela primaria.
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