¿Quién va a ganar en 2018?
- José Alarcón Hernández
O superbe, quid superest
tuae superbiae?
¡Ay, soberbio!, ¿Qué queda
de tu soberbia?
Esta fue la pregunta que le hice al expresidente del INE, y me contestó: “El que tenga más votos”, y en efecto, así será.
Lo que yo quiero asegurar es que habrá elección, tomará posesión el presidente electo, pero está en duda si podrá terminar su sexenio.
Esto ocurrirá porque la situación económica y política del país es agobiante para gran parte de la población. Hay disgusto, descontento, enojo colectivos por el estado de cosas.
Para la elección se habrá olvidado seguramente el gasolinazo, pero no habrá pasado el coraje que muchos, la mayoría, tienen hacia el gobierno federal, los gobiernos estatales y municipales.
Los electores están hartos de los principales partidos; la mayoría no votará por ellos, ahora no se tragará los cuentos del nuevo paraíso que cada sexenio se describe, se ofrece y se jura que habrá de producirse.
Entonces, ¿la situación seguirá igual, habrá elección, tomará posesión el presidente y todo arreglado?
No, así no será el asunto, va a haber elección y, como he dicho, tomará posesión el presidente, las Cámaras de Diputados y de Senadores no tendrá mayoría absoluta, y las nuevas alianzas, como se ha venido haciendo tampoco se podrán concretar como hasta ahora. Habrá otras alianzas distintas.
La gente está harta, hay que entenderlo bien, debe buscarse la estrategia a través de la cual se logre convencer de que las cosas van a cambiar.
En otra hipótesis, posible, realizable, es que, efectuadas las elecciones, el presidente o la presidenta tome posesión, pero muy probablemente no termine su periodo, porque las revueltas sociales podrán alterar el estatus prevaleciente.
También puede ser que una vez hecha la elección, el descontento sea mayúsculo por el fraude cometido. Ahora la gente ya no va a aceptar que se sigan alterando los resultados como en casi toda la historia de este país.
Son tiempos de cambio, hay que entenderlo, ya no hay que hacer las mismas trapacerías.
Es fundamental tener presente que Porfirio Díaz logró reelegirse en 1910, pero ya no pudo tomar posesión del cargo. Fue necesario que huyera en el Ypiranga, con destino a Francia, con los gastos pagados.
No hay que olvidar que tuvimos otro caso en el que recién había terminado el proceso violento de la revolución mexicana, Álvaro Obregón que ya había sido presidente, quiso volver a contender después del gobierno de Plutarco Elías Calles. Y Obregón no pudo volver a disfrutar la silla presidencial porque fue asesinado por José de León Toral.
Por cierto, ese asesinato ¿fue por iniciativa propia o quién lo mandó?
La crisis política por ese homicidio fue escalofriante, estremeció al país, produjo en ese periodo presidencial el que el país tuviera tres mandatarios.
Alguna crónica refiere que la gente preguntaba: “¿Quién mató a Obregón?” y la respuesta frecuente era “cállese la boca”.
Una tercera visión que puede presentarse es que el presidente que tome protesta no termine su periodo por la rebelión colectiva que será alimentada por el incumplimiento de la oferta que se haya hecho durante la campaña.
Es interesante advertir que independientemente de la lucha política electoral, desde hoy se han venido presentando ya descontentos, que dibujan rebeliones, que juntas podrán convertirse en revueltas, y desembocar en una verdadera revolución.
Ojalá y esto no ocurra, como decían nuestras abuelitas: “Ni Dios lo quiera”.
Bueno, urgen cambios económicos, sociales y políticos, que tendrá que llevar acabo el que gane, si no lo hace, tendrá que dar fin a su mandato, por las razones que hemos citado.
Esto que he escrito, no tiene ningún chiste, ni es ninguna teoría extravagante o resultado de una imaginación inadecuada o impropia, simplemente gran parte del electorado ya está hasta la madre.
La elección tendrá que ser legal, no habrá de otra, pero estoy cierto, seguro, como ha pasado desde 1917, será ilegitima, porque se volverán a las mismas trampas, cochupos, veredas de comprar conciencias, con recursos públicos o privados de las grandes empresas, violando la ley electoral.
¡Cuidado, estoy seguro que caeremos en una elección ilegal e ilegítima!
Hay que acordarse de las crónicas que escribieron dos o tres de la última elección de Benito Juárez, de todas las de Porfirio Díaz y de casi todas las del siglo XX, incluidas las que van del siglo XXI.
A alguien se le habrá ocurrido argumentar que este “modelo democrático” funciona bien porque ya lo traemos en el ADN.
No hay regímenes eternos, bueno habrá que acordarse de lo que en la Edad Media ocurrió en las elecciones de algunos papas. Varios conclaves se hicieron de manera fraudulenta, ilegítima e incluso si no recuerdo mal, algunos fueron asesinados y arrastrados por las calles de Roma, por esa causa.
Esto y muchas cosas más, son explicables pero no comprensibles, aunque sabemos que la lucha por el poder todo lo admite, con tal de ganar. Maquiavelo por eso es vigente, aconsejaba portarse bien pero si era necesario habría que acabar con el enemigo de manera violenta.
Y ahora el enemigo es el que viole la ley, el que luche por obtener el cargo de manera ilegítima, el que haga uso de los recursos públicos.
En otra entrega le platicaré con detalle cómo han hecho los partidos para ganar. No es secreto, todo mundo sabe, no hay que demostrarlo.
Mis correos: [email protected] / [email protected]
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Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.
