Sinceridad extrema

  • Alejandra Fonseca
El encuentro. Gloria. La Mary. La niña. La plática. El dato. El consejo. La chispa.

La Mary estaba embarazada. Hace algunos meses nació su bebé. Fue niña. En una ocasión, en la calle, se encontraron ella y Gloria, que son buenas amigas y Gloria le preguntó cómo estaba la bebé.

La Mary en son de confidencia le dijo: “Está bien, ves que mi niña tiene síndrome.”

Gloria condescendiente, expresó: “Tienes que conformarte Mary, ya ves que esos niños son especiales y son unos angelitos, dan puro amor a la gente. Además son pura sonrisa para quien se les acerca. Tenerlos en casa es una bendición. Confórmate y quiérela mucho. Como niña siempre va a estar contigo y ya verás que según como vaya creciendo, te llena de amor la vida.”

La Mary le desahogó: “Mi hermana Lupita me regaña. Me dice que no debo platicar eso, que no dé a saber a la gente que mi niña tiene síndrome”.

Gloria, amablemente, opinó: “Pues sí, ya ni lo digas, no enteres a la gente. Tú dedícate a la niña que requiere de toda tu atención y verás que poco a poco la vas conociendo. Eso ya ni lo cuentes a nadie, ¡pa’ qué!!

Y la Mary con la chispa de extrema sinceridad que la caracteriza, remató: “¡¿Pero cómo le hago, si soy re-chismosa?!”

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Alejandra Fonseca
Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes