No se equivoque de enemigos, presidente

Por Agustín Basave / Proceso
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Por Agustín Basave

El presidente Andrés Manuel López Obrador asume que sus únicos adversarios son los detentadores de privilegios afectados por “la cuarta transformación”. Afilia a un “bloque conservador” prácticamente a todos los que cuestionan o se oponen a la 4T: los cataloga como políticos y empresarios corruptos o activistas, periodistas e intelectuales que se pliegan a sus designios. Apenas existe una rendija en esa concepción maniquea por donde se puede colar un puñado de mexicanos que por convicción, sin fueros ilegítimos que defender, discrepa parcial o totalmente del proyecto lopezobradorista. Pero la minoría que admite como excepción a la regla es tan pequeña que a sus ojos suele tornarse invisible. Aun en la vertiente política del análisis, al margen de posturas clasistas, mujeres y hombres progresistas preocupados por los rasgos autoritarios de su gobierno son objeto de sospecha o de franca inquina.

La obstinación de AMLO brota de la prisa y la envergadura de su misión y desemboca en la ausencia de matices. Si la pugna es titánica y se da sólo entre dos bandos –el pueblo, que él encabeza en aras del renacimiento de México, y las élites, que articulan una poderosa urdimbre de intereses reaccionarios y obstáculos inerciales con el fin de conservar el statu quo– no hay sutilezas ni titubeos que valgan. Ceder, incluso recapacitar y enmendar un error, es flaquear y perder tiempo. La duda engendra vulnerabilidad. Rectificar es un lujo que no se pueden dar quienes cargan una nación sobre sus hombros hacia una nueva era. No caben debates ni tonalidades; el rumbo está trazado y urge avanzar contra viento y marea.

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