Roberto Moya, el hombre que financió el fraude en Puebla
Ernesto Villanueva/Proceso
Es notorio que a la única persona que apoyé a una gubernatura fue a Martha Erika Alonso, de quien he tenido una gran impresión desde que la conocí como mi alumna en la Maestría. Mi simpatía fue por sus prendas profesionales y su talento personal. Dejé claro, empero, en su oportunidad que no tuve ni tengo relación económica alguna o de ningún tipo que me generara un conflicto de interés para opinar con independencia de criterio.
En esas oportunidades expresé lo que creí. El peso específico de Martha Erika, empero, fue reduciéndose conforme avanzó su campaña. Su equipo personal se vio de pronto subordinado a los impresentables de siempre en el gobierno poblano, teniendo como jefe entre sombras al operador financiero de Moreno Valle, Roberto Moya Clemente, autor además de la enorme deuda que heredó el exgobernador a Puebla bajo un nombre distinto, pero con los mismos resultados alevosos para los poblanos.
Los medios se han ido con la finta con funcionarios menores que poco hubieran hecho sin la cartera abierta de Moya destinada a mantener la gubernatura a cualquier costo. Los Marcelo García, Eukid Castañón y Maximiliano Cortázar poco, muy poco, hubieran podido hacer sin el apoyo ilegal de Moya Clemente, cuya esposa sin experiencia alguna, Alejandra Maupomé, es notaría pública, sin cumplir- evidentemente- los requisitos de ley, como lo apunté en su oportunidad en estas páginas.
Lo que pudo ser una campaña distinta no lo fue. Martha Erika optó por ser una buena alumna y seguir a la letra el guion preparado por el gobierno del estado y por los operadores de Rafael Moreno Valle, con Moya Clemente a la cabeza, un hombre, como es lógico, de una gran fortuna improvisada por la corrupción de la que es un experto en ejercerla.
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